www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

LA RIVALIDAD MÁS LARGA

Djokovic doblega a Nadal y gana su séptimo Abierto de Australia

domingo 27 de enero de 2019, 11:52h
Actualizado el: 27 de enero de 2019, 22:59h
El mejor tenistas del mundo reivindicó tal condición en un partido tenso que supo domar, nublando el imperial torneo del español. Djokovic recuperó el sabor de la gloria tras tres sets (6-3, 6-2 y 6-3).

El deporte mundial dirigió su mirada este domingo hacia el Melbourne Park. Medían su jerarquía y punto de forma Rafael Nadal y Novak Djokovic, dos leyendas que aspiran a convertirse en el mejor tenista que haya jugado jamás. El capítulo 53 de su rivalidad -la más larga que ha visto este juego- enfrentó a los dos nombres con más brillantez y finura física y mental del panorama actual. Así lo atestiguaba el ránking ATP, que esclarecía que el serbio es el número uno y el español, el segundo del circuito masculino.

La dimensión de este tipo de envites, que ponía sobre la mesa el segundo trofeo del Grand Slam aussie para el zurdo balear o el séptimo para el nacido en Belgrado, fue resumida por 'Nole' cuando hubo certificado su billete para la final. "Los partidos contra Rafa son una experiencia única. Hay que comprar una entrada para ver esta final. Nosotros podemos prometer una cosa y es que vamos a dejarlo todo en la pista. He jugado contra él muchos partidos, encuentros épicos en esta pista. Por supuesto, aquella que duró casi seis horas en 2012", proclamó el balcánico.

Rafael, por su parte, expuso en la vigilia sabatina que "la final es una motivación y tengo que estar al cien por cien". "Novak y yo nos presionamos el uno a otro para alcanzar el límite de nuestras posibilidades tenísticas. Mañana será otro episodio", resaltó un emblema llamado a coronar un torneo apoteósico, que hasta este peldaño por el trofeo no le había contemplado ceder un set, en un ejercicio autoritario que reivindicó su resurrección tras la operación de tobillo. Su mejora en el saque terminó por reflotar la intensidad y convicción de un tenista renacido. Tanto como su némasis serbia, que ha ido de menos a más en el torneo hasta arrasar a Lucas Pouille en semis. "Este ha sido, casi con seguridad, uno de los mejores partidos que he jugado. Todo ha funcionado y ha salido como había imaginado, incluso mejor", confesó el puntero balcánico.

La sencillez con la que estos astros solventaron los cuartos y las semifinales anunciaban un combate con plenas garantías anatómicas. Por ende, se presagiaba un homenaje al tenis. El enésimo que rubricarían los enfrentamientos directos de esta dualidad. Y los encargados de seguir negando la gloria a la nueva generación de jugadores que están empujando por un hueco -los últimos diez torneos de Grand Slam cuentan con un ganador que supera los 30 años de edad- se remangarían para aplicar el rigoroso estudio mutuo. Regalando a los asistentes al recinto central del Abierto de Australia un evento único.

Pero en la pista permanecerían 'sólo' dos horas y 4 minutos. A pesar de las inercias y los antecedentes, Novak dictaría el tipo de partido de principio a fin, bloqueando los intentos de despegue de un español apocado ante la exhibición del balcánico. Dominador como casi nunca en estas batallas, controlando la suerte del servicio, el resto, los peloteos y en las subidas a la red, arrancó todoslos merecimientos para asentarse en el trono tenístico de todos los tiempos. Asolaría las opciones del español y, con ello, abriría más la brecha como puntero del circuito masculino.

Pouille ya lo advirtió hace días, tras ser vapuleado: "Djokovic es el mejor tenista del mundo cuando juega como hoy". Este resultaría el diagnóstico certero, para desgracia de un balear batallador y orgulloso pero falto de argumentos para contradecir el dominio sorprendente que plasmaría el de Belgrado en cada parámetro de una final que sólo tuvo un color. El 6-3, 6-2 y 6-3 que lució el marcador al término de la explosión estilística de 'Nole' daría cuenta de la extraordinaria diferencia de rapidez, concentración y ejecución entre los dos contendientes.

Ver esta publicación en Instagram

When you both have your eyes firmly locked on the prize 🎾🏆 #ausopen

Una publicación compartida de Australian Open (@australianopen) el

La Rod Laver Arena comprobó con celeridad que se desarrollaría un envite unidireccional. El tercer título de Grand Slam consecutivo del balcánico -después de vencer también en las últimas ediciones de Wimbledon y el US Open- se cimentaría en un saque impoluto. No cedería un break en ninguno de los parciales disputados. A partir de esa raíz a tierra haría brotar todo su potencial, esa mezcla de presión y defensa que le destaca como un trueno para aquel que quiera paparle cuando está en plena forma. Y en esta noche australiana resplandeció.

Alzó el telón Novak con un 3-0 esclarecedor de lo venidero (juego en blanco, rotura y juego en blanco). En el segundo juego del partido rompió el otrora consistente saque del zurdo, anunciando lo venenoso de su faceta al resto. Y Nadal buscaría rascar confianza y filtrar dudas a pesar de esa bofetada inicial. Ganó un punto fuera de lógica con 1-4 para asomar, mas sería amarrado de inmediato por el tempo impuesto por el patrón del torneo aussie. Su determinación y categoría no se resquebrajarían y la superioridad instaurada se sellaría con el 6-3 del primer set.

Y, sabedor de la resiliencia de Rafael, el serbio se empeñó con todo su ser en mantener el pulso controlador en el arranque de la segunda manga. Lo lograría, si bien se ajustaría más la reación de fuerzas y aflojaría el vendaval a las primeras de cambio. No caería en la intimidación a la que le quiso conducir Nadal y se mantuvo 3-2 por delante, aunque el español disfruara de sus dos primeros puntos al resto -hasta esta altura de enfrentamiento-. El problema para las esperanzas del número 2 constituyó una nueva rotura del servicio del manacorí, que ahondó en la confianzan de Djokovic en su estudiado plan. Desprovisto de la mejora en el saque, el emblemático nacional pelearía sin resultados y cayó en los dos sets restantes sin capacidad para interponer una enmienda.

Ni la derecha ni el revés supusieron anclas a tierra para Rafael, menos enérgico y rápido que el balcánico. Un marciano cúmulo de datos sobre el servicio del jugador de Belgrado narran lo vivido. Embocó el 72% de los primeros (por el 64% del español), y una vez que la pelota tomó la dirección buena en esa disciplina ganaría el 80% de los puntos (por el 50% de la eficación ganadora de Nadal). Ese abismo trompicó la voluntad del español y alimentó la comodidad del vencedor.

En consecuencia, compitió más agresivo y convencido el diestro. Subió a la red 18 veces (con un 89% de puntos ganados desde ahí), se haría con el 42% de las situaciones al resto (por el pírrico 19% ajeno) y la relación de golpes ganadores y errores no forzados rubrica en estadística el cuadro global. Novak encañonó 34 winners y sólo cometió 9 fallos, al tiempo que el isleño metió en pista 21 ganadores pero resbalaría en la precisión, con 28 errores. Un apartado que confluye de la exigencia continuada que padeció en sus labores defensivas. Quemado de piernas, todo lo demás se desmoronaría ante un fiscalizador de semejante pedigrí.

"Hoy no ha sido mi mejor día pero han sido dos semanas muy buenas. El año pasado pasé por un tiempo complicado y no pude jugar ningún partido profesional desde que me lesioné en el US Open hasta la primera ronda aquí. A pesar de la derrota es bueno estar de vuelta tras la lesión. Enhorabuena a Novak y a todo su equipo por ese nivel mostrado hoy. Bien hecho. Sólo puedo deciros que voy a seguir luchando para ser un mejor jugador y poder aspirar a todo lo mejor", comentó el español en la ceremonia en la que le fue entregado el trofeo de subcampeón.

Ver esta publicación en Instagram

Superlative spot to take in a Sunday night sunset, wouldn’t you agree? 😍🎾 #ausopen

Una publicación compartida de Australian Open (@australianopen) el

Por su parte, un Djokovic complacido más que exultante, ya que había sometido a uno de sus amigos más cercanos dentro del deporte, declaró esto con a copa en sus brazos: "Obviamente hoy ha sido duro para él, pero gracias por mostrarnos tanto a mí como a todos los jugadores cuál es la definición de lucha y de seguir adelante. Es difícil de describirlo, estoy intentando rememorar cómo ha sido todo en este último año. Me operé a principios del año pasado y ahora he conseguido todo esto. Ganar este Grand Slam otra vez es increíble. Quiero agradecer a mi familia su amor incondicional". La tribuna, que resulta como Roland Garros para el balear, se rendiría a sus pies.

Ya en sala de prensa, Nadal desglosó sus sensaciones: "Hoy he jugado contra un rival que ha sido mejor. A parte de que hoy no he jugado al mismo nivel que en los anteriores partidos, he necesitado un extra de velocidad de bolas para hacerle ver que sus buenos golpes tenían una respuesta. No he tenido la capacidad para buscar una solución extra a lo que me exigía el partido, que era la excelencia total de su juego. No hay táctica posible cuando uno juega como Djokovic esta noche". "Al final uno tiene que tener la capacidad para aplicar una táctica. He probado restar más delante, más detrás, ser más agresivo e intentar jugar bolas más altas, pero, al fin y al cabo, cuando uno lo hace todo bien no hay táctica que sirva", espetó, resignado.

"Este partido está en la cima de todas mis finales de Grand Slam. He hecho quince errores no forzado en dos partidos, eso es increíble. Creo en que puedo mantener este nivel. Hoy estoy muy orgulloso por las circunstancias y por hacerlo frente a Nadal. Creo que fue muy importante recuperar bien tras los restos e intentar ser agresivo para proteger la línea, así como hacerle sentir presionado por mí. Fue una clave poder realizar el 'break' y ponerme 3-0 en menos de diez minutos" analizó el serbio, relajado, antes de despedirse del foco.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios