2019 implica para México el V centenario del inicio de la conquista cortesiana, que culminó con la caída de Tenochtitlán en agosto de 1521. Y en ese trajín histórico de gran relevancia se inscribe la presencia de la Virgen de los Remedios, segunda advocación mariana más venerada en el país americano después de la Virgen de Guadalupe, aparecida en el Tepeyac en 1531. Arribó con las tropas de Cortés y atestiguó el inicio de la presencia española. Y ha iniciado su año jubilar alusivo.
La Virgen de los Remedios manifiesta en una talla restaurada para esta conmemoración y a la que han retirado hasta 14 capas de pintura, devolviéndole primor y grandeza; que fue nombrada “generala” como respuesta a la invasión napoleónica a España para consolarla y fue utilizada como tal ante los ejércitos insurgentes que enseñoreaban a la guadalupana, yace en su concurrida basílica menor de Naucalpan en el centro de México, la de Nuestra Señora de los Remedios –que recibe hasta 10 mil peregrinos cada domingo– tratándose de un templo elevado a tal dignidad por el papa san Juan Pablo II cumplimentando su decreto y su breve el otrora nuncio apostólico, el español Justo Mullor, en 1998.
Por su importancia en la devoción mexicana y ser testigo de la evolución histórica de México y dada su trascendencia, me acerqué a presenciar el inicio del jubileo (que correrá del 14 de febrero de 2019 al 20 de julio de 2020) portándose la Virgen en andas flanqueada por las banderas de México y España en presencia de altos dignatarios eclesiásticos y civiles. Acudieron los 2 obispos auxiliares de la diócesis de Tlalnepantla (que alberga su santuario) y el secretario particular del cardenal Carlos Aguiar Retes, arzobispo primado de México y anterior titular de tal sede diocesana, con munícipes de esa demarcación eclesiástica. Se ha prescrito para ganarlo, el atravesar la Puerta Santa del camarín basilical de la Virgen, rogando por las intenciones del Papa y cumpliendo sacramentalmente las consabidas instancias de rigor en este año santo. Y en esa tesitura para saber y opinar con acierto me acerqué agradeciendo su generosidad a don Eduardo Baltazar Martínez, investigador asiduo de esta efigie mariana, quien desde la Dirección de comunicación del recinto sagrado atendió mis preguntas, dimensionando el significado del suceso para comprender su engarce con ese otro quicentenario.
Como ferviente estudioso del tema, me expresó: “Este año jubilar que con motivo del 500 aniversario de la llegada de Nuestra Señora de los Remedios a México hemos iniciado el pasado 14 de febrero, llena de inmensa alegría a los fieles católicos mexicanos, pues esta pequeña y frágil imagen estofada en madera, representa a la Virgen María y a su hijo Jesús que lo trae en brazos, desnudo e indefenso como remedio a todas nuestras necesidades. Esta imagen además de ser hermosa en valor religioso y artístico, es también la imagen más antigua de que se tiene registro en toda América, siendo venerada antes que la Virgen de Guadalupe, desde hace 500 años ininterrumpidamente. La talla, que muy probablemente es originaria de Flandes, en Bélgica, arribó a tierras mexicanas el 14 de febrero de 1519”.
Añadió: “el año jubilar prevé entre otras celebraciones, marcar quicentenarios como el 18 de marzo, con la conmemoración de los primeros bautismos y de la primera misa que se celebró en México con participación de los naturales y que presidió la imagen de la Virgen de los Remedios. Otra fecha a agendar es la del 1 de julio, para festejar el 499 Aniversario del arribo de la imagen de la Virgen al territorio de Los Remedios (con un bosque contiguo), lugar donde hoy se encuentra la basílica en su honor, para así, en 2020 celebrar el 500 aniversario de haber llegado a ese lugar”.
Afirma don Eduardo Baltazar: “uno de los principales puntos por los que los nativos abrazaron a María de los Remedios al encuentro con Hernán Cortés, radicó en que Ella les presentaba a su Hijo, el verdadero Dios en la figura de un niño que no exigía más que buenas acciones y amor, que en su tierna imagen parecía patalear de alegría al vernos, en contraste con los dioses sanguinarios prehispánicos. Este es también el motivo por el cual los españoles logran la evangelización de los pueblos, pues ante el hartazgo de los nativos sometidos y ante la contemplación de un dios hecho niño, los naturales deciden convertirse. Afianzando incluso, la obra de evangelización que se tuviera años más tarde con la Virgen de Guadalupe. Más adelante, cuando los conquistadores arribaron a la gran Tenochtitlan, la imagen de la Virgen fue presentada a Moctezuma y éste al encariñarse con ella, permite que le sea colocada en lo alto del Templo Mayor y él mismo, se encargaba de ofrendar flores, comida y el humo del copal. Desafortunadamente con la huida de la Noche Triste la imagen sufrió en varias ocasiones intentos de profanación, pero milagrosamente no la podían tocar ni derribar y se dice que quien lograba tocar la imagen no podía desprender sus manos de ella fácilmente, quedando incluso inmovilizados. Y no fue hasta que recogida por el soldado Juan Rodríguez de Villafuerte, llevándola consigo, ocultándola en lo alto de un cerro,Otomcapulco, debajo de un maguey por miedo a que la destruyeran los aztecas, fue que pudo resguardarse. Cuando en 1540 la Virgen fue encontrada por el cacique indígena Ce Cuautli, la llevó a su casa para su veneración, pues recién se había convertido junto con su familia al cristianismo.
Sanado por la bendita imagen, el cacique compareció ante los frailes de Tacuba que admirados, decidieron junto con el cabildo de la Ciudad de México construirle una casa, un templo digno para que la imagen gozara de la veneración de los indios, virreyes, esclavos y todos los que conformaban la Nueva España. Uno de los milagros más grandes de la Virgen es el cambio de su semblante, pues nunca mantiene el mismo. Es por ello que las réplicas que se hacen de tal nunca son exactas, pues su rostro le cambia. Esto lo atestigua una obra escrita alrededor de 1700 y que quienes hemos estado cerca de ella, hemos podido constatar. La consagración y dedicación del actual templo, llevada a cabo el 25 de marzo de 1629 por órdenes del cabildo de la Ciudad de México, implicó que las decisiones importantes que se tomaban sobre el santuario o sobre la Virgen de los Remedios las efectuaran los miembros de aquel y no otras autoridades religiosas.
La Virgen de los Remedios inspira la fe popular con asiduos peregrinos de los cinco continentes. Y lo expresa don Eduardo Baltazar con un ejemplo: “está la visita de cientos de danzantes de todas partes del país que se dan cita cada domingo siguiente al primero de septiembre, día de la fiesta titular de la Señora, para rendirle homenaje. Acuden chinelos, concheros, chichimecas, las pastorcitas, los arrieros y santiagueros, que son algunos de los diferentes tipos de danzas que engalanan la festividad de la Virgen. Todas las cuadrillas de danzantes aseguran que es una “obligación” presentarse a danzarle a la Virgen, no porque sea una carga para ellos, sino porque el santuario de los Remedios se encuentra entre los más importantes en el país junto con el de la Virgen de Guadalupe, el Señor de Chalma y el del Señor del Sacromonte. Todos ellos además son sus patronos”.
Y nos precisa: La Ciudad de México tiene 4 protectoras especialísimas y cada una custodia un punto cardinal. La Virgen de los Remedios (al poniente de la ciudad), la Virgen de Guadalupe (al norte de la urbe), la Virgen de la Bala (al oriente) y la Virgen de la Piedad (al sur)”. Así, concluye nuestro invitado: “con esta restauración se preparó la Imagen para sus festejos de 500 años y se la pudo dejar digna para su preservación a lo largo de los años, pues lejos de ser historia o fe, es patrimonio de todos los mexicanos, herencia cultural de nuestros hijos”. Sea pues que en este año tan emblemático, la historia de la Conquista de México reavive este pasaje que la acompaña, conociéndose más al detalle.