Resulta difícil entender que Pedro Sánchez haya ganado las elecciones ampliamente. Ha sido de largo el peor presidente de la democracia en poco más de 9 meses. No ha cumplido una sola de las promesas que le dieron la victoria en la moción de censura. Ni con Franco muerto ha podido. Pese a gobernar con los presupuestos del PP, le ha dado un estacazo a la economía y a la creación de empleo. Ya podemos adelantar que con una legislatura completa por delante, la tasa de paro alcanzará cifras de récord. Y en medio año más, el Falcon termina en el desguace.
La división del centro derecha tiene buena parte de la culpa de la victoria del PSOE. Pablo Casado ha pagado muy caro los errores de Mariano Rajoy. El batacazo ha sido histórico al saquearle Vox una buena parte de su electorado. Cs ha tenido una más que notable subida, aunque no ha logrado su objetivo de superar al PP. Por los pelos. Y Vox ha entrado con estruendo en el Parlamento, pero ha descuartizado la mayoría del centro derecha, que vuelve a sus peores tiempos de división y dispersión. Al final, todos pierden, pues todos tenían como objetivo echar a Pedro Sánchez.
Resulta duro imaginar cuatro años de Pedro Sánchez en La Moncloa, con Pablo Iglesias, pese al bajonazo de Podemos, de vicepresidente, y los separatistas entrando y saliendo como por su casa. La familia Frankenstein al completo. En ese largo tiempo, gobernarán a panzadas, con unas leyes “sociales” inauditas, unas medidas económicas comunistas que devorarán el dinero de los españoles y, desde luego, los separatistas, seguirán campando a sus anchas.
Peor aún. Cuando el frente popular conquista el poder, lo primero que hace es diseñar una estrategia para perpetuarse. Gobernarán a panzadas, sí. Pero gobernarán durante una eternidad. Porque terminan ocupando y adueñándose de las instituciones como si fueran suyas. Son maestros en la propaganda y en la falta de escrúpulos. Y con una derecha troceada y despistada tenemos gobierno Frankenstein para largo. Dan ganas de salir corriendo.