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Y DIGO YO

¿Un gobierno del PSOE monocolor?

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 02 de mayo de 2019, 12:43h

“Cuando el carro se haya roto todos te dirán por qué caminos no debió pasar”. Ahora, cuando ya conocemos todos los resultados de las elecciones y es habitual en tertulias y comentarios hacer un balance de lo que ha sucedido el pasado 28-A, oímos más de lo que nos gustaría ese típico “se veía venir” o “ya lo sabía”. ¡Qué fácil es emitir un juicio una vez conocido qué ha salido bien o mal!

Vamos a ver, en lo único en que coincidían las encuestas de las que todos teníamos conocimiento es en que el PSOE ganaba las elecciones. Podíamos estar de acuerdo en que así sería, dada la ventaja que supone hacer campaña electoral con las armas que proporciona librar esta batalla desde el propio Gobierno, con medidas de última hora que pueden repercutir directamente en la toma de una decisión tan importante como es a quién votar. Pero esta es una ventaja que ha tenido siempre el Ejecutivo que optaba a la reelección. Pedro Sánchez, simplemente, ha jugado muy bien sus cartas. ¡Enhorabuena a los premiados!

En lo que no ha acertado nadie es en vaticinar el destrozo tan grande que Vox ha provocado en el PP, bien arrebatando votos bien favoreciendo la movilización del votante de izquierdas por el miedo a la derecha. A nadie se le escapa, analizado a toro pasado, que las peores previsiones para la formación de Pablo Casado han sido aún más catastróficas y que todo el poder que se atribuía a la de Santiago Abascal se ha quedado en tan solo 24 escaños. Ojo, no es poca cosa colocar a un par de docenas de diputados en el Congreso, pero las encuestas publicadas nada más cerrarse las urnas, superaban los 40.

El caso es que ahora, todos los expertos, esos tan recurridos cuando queremos dar verosimilitud a nuestra argumentación entre café y café o en un debate acalorado en el descanso del trabajo, no se atreven a emitir ningún vaticinio de lo que hará, pactará o decidirá Pedro Sánchez ni cualquier otro líder político hasta después de las elecciones del 26-M. Casi otro mes hasta que nos volvamos a ver frente al colegio electoral pensando si votaremos en la misma caja transparente que cuatro semanas antes.

Sí coinciden, yo también, que para eso leo lo que dicen, en que el Gobierno quiere que el próximo Gobierno sea monocolor, es decir, que quieren gobernar en solitario y con apoyos puntuales para aprobar medidas concretas. No les falta parte de razón porque si lo hicieron con 84 escaños, ¿qué les impide hacerlo con 123?

Y digo yo: Si la imposibilidad de aprobar hace un par de meses los Presupuestos Generales del Estado porque las peticiones de los que debían apoyarlos eran en todo punto inviables y eso provocó un adelanto electoral, ¿qué ha cambiado para que piensen que ahora sí pueden salir adelante?

Casi 40 diputados más es un buen argumento: se está más cerca del 176. Además, la caída en votos del principal socio de Sánchez pone a Pablo Iglesias en un plano inferior al que tenía antes de las elecciones y, por este motivo, en menor disposición de exigir medidas populistas, que venden muy bien en campaña, pero que son irrealizables a la hora de tener responsabilidades de Gobierno. Pese a ello, en Podemos siguen hablando de coalición e, incluso, de adjudicarse algún ministerio. Por pedir...

El problema es que entre los dos siguen sin sumar y necesitan irremediablemente a formaciones nacionalistas y separatistas. El PNV no es problema porque se soluciona con dinero. Dirán que quieren más autogobierno, pero con más financiación se olvidan de las reivindicaciones “nacionales”. Los separatistas van más de cara y ese es otro problema, porque van a pedir a Sánchez, como se dice ahora, sí o sí, que se reconozca su referéndum de autodeterminación.

Volveremos a escuchar las más increíbles y enrevesadas argucias para que, cambiando el nombre de las cosas, ampliando conceptos progresistas aunque moderados y obligados a abrir la mente a estrambóticos enfoques que defienden una cosa y la contraria a la vez, los que quieren separarse de España den, no a cambio de nada, su brazo a torcer más por el inculcado miedo a la derecha que por las justificaciones del Ejecutivo central.

O puede que no y volvamos a tener un Gobierno monocolor, pero insostenible. Otra opción es conseguir que el empresariado, convenientemente movilizado por el PSOE, presione y convenza a Ciudadanos y a Albert Rivera para que apoye la investidura de Sánchez. Parece complicado vista y escuchada la campaña electoral. Aunque, si es por la estabilidad económica de España...

En cualquier caso, todo a partir del 26-M. Hasta entonces, a ver qué nos inventamos.

Javier Cámara

Periodista

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