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TRIBUNA

Modelos de renta básica

José María Méndez
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axiologiatelefonicanet/9/9/20
miércoles 10 de julio de 2019, 21:02h

En el actual y animado debate sobre la Renta básica se han presentado muchos modelos. Cabe analizarlos según estos cuatro criterios.

Primero, individualidad. Según algunos modelos, la renta se entregaría a cada ciudadano mayor de edad. No a familias o colectivos de cualquier tipo. Me parece lo correcto, pues la persona es antes que cualquier tipo de sociedad, incluso de la familia. Otra cosa es que, al estudiar caso por caso a cada persona, se tenga en cuenta si alguien es padre o madre de familia, y las circunstancias de los hijos a su cargo.

Segundo, universalidad. Hay modelos que proponen entregar la Renta básica a todo el mundo, sin tener en cuenta si es rico o pobre. Aparte de que resulta pintoresco dar 500 euros a Amancio Ortega, esa masa de dinero, inyectada en los mercados sin contraprestación, está sujeta las mismas críticas teóricas que se hacen al salario mínimo, a los precios máximos, o a toda distorsión artificial de la realidad económica. Lo acaba pagando el PIB. En mi opinión, de lo que se trata es de que no haya pobres, personas que vivan por debajo de su dignidad como tales. Sólo ellos recibirán la Renta básica.

Tercero, incondicionalidad. Algunos modelos no ponen condición alguna a la percepción de la Renta básica. En mi opinión, la renta debe calcularse, y percibirse en su caso, en relación con los ingresos y la situación de cada persona, que incluso puede cambiar de un año para otro. Debiera estimarse para todas y cada una de las personas el saldo ingresos versus necesidades mínimas. Aunque no reciban dinero alguno, a los ricos les vendría muy bien saber con cuánto debieran contentarse para llevar una vida digna. Lo demás debieran verlo como exceso.

Cuarto, vinculación con el sistema fiscal. Algunos modelos justifican la renta igual a ricos y pobres, porque a los ricos se les impone un coeficiente tributario suficientemente alto para financiar la Renta básica para todos. En mi opinión, lo mejor sería desconectar la Renta básica de la presión fiscal. El método sería: calcular primero el importe global de la Renta básica, y después incluir esa cantidad en los Presupuestos del Estado. Estos cubrirían, entre otras cosas, ese importe global, pero sin pretender hacer Justicia social. Sin duda, es razonable que haya tablas progresivas en los coeficientes en la tributación. Pero sin vincularlos con la Renta básica. Todo lo que esperamos del Estado se agota en que no haya pobres.

Se suelen admitir estas seis necesidades básicas: alimentación, vivienda, vestido, trasporte, sanidad y enseñanza elemental.

Para mayor claridad, consideremos tres apartados: educación, sanidad y el resto.

La enseñanza obligatoria estaría cubierta con un cheque escolar a los padres o tutores, calculado para cubrir gastos de profesores, manutención de edificios. transporte escolar, libros y comida. Este apartado no concierne a toda la población, y es el más fácil de cuantificar.

La sanidad gratuita quedaría reducida a aquellas personas que no puedan pagarla de su bolsillo. No se ha protestado mucho contra esta flagrante injusticia de dar lo mismo a desiguales, como ocurre en el caso de la actual sanidad gratis para todos. El cheque sanitario -sólo para los que lo necesiten- es más difícil de cuantificar que el cheque escolar. Pero no imposible. En todo caso, habría un gran ahorro de dinero público.

Por último, el resto implicaría suprimir toda la enorme jungla de prestaciones sociales de todo tipo, que ahora administran los diversos gobiernos, estatal y autonómicos. Una oficina central integraría toda esa información en un concepto único, digamos cheque por el resto. Se trataría de una enorme simplificación administrativa, que también ahorraría a las arcas públicas mucho dinero. Los gobiernos podrían declarar el derecho a estas ayudas, pero nada más. Cada año comunicarían los datos pertinentes a esa oficina central, encargada de examinar el saldo ingresos versus necesidades mínimas persona a persona. La misma unidad política de España saldría reforzada.

Lo más serio que se ha hecho en nuestro país en cuanto a la Renta básica es el trabajo de Jordi Arcarons, Daniel Raventos y Lluis Torrens, titulado Renta básica incondicional, con un notable prólogo de David Casassas. (Ediciones del Serbal, Barcelona 2017). Ciertamente sólo trabajando en equipo puede lograrse la cuantificación de cualquier modelo de Renta básica.

El título del libro ya indica que se trata de un modelo que entregaría en principio una cantidad mensual a todos los ciudadanos por igual. Suprimiría las prestaciones monetarias no contributivas. A las personas con derecho a prestaciones contributivas superiores a la Renta básica, se les entregaría la diferencia. Y la financiación del importe global de esa Renta básica determinaría la progresividad de los diversos impuestos y tributos. Todo eso está debidamente cuantificado en este minucioso trabajo.

Al enunciar los cuatro criterios del principio hemos opuesto de algún modo el modelo cuantificado ARL -iniciales de sus autores- al modelo que me parece preferible y que llamaré MAT -modelo Agencia Tributaria-, pues este organismo es el más capacitado para ser la oficina central antes citada. Gestionaría todo el MAT.

Lo fundamental es, desde luego, estimar persona a persona y año por año, su saldo ingresos versus necesidades mínimas. Es una tarea ingente, pero dentro de las capacidades informáticas de la Agencia Tributaria española, que está considerada como una de las más serias y eficientes del mundo. En realidad ya tiene hecho casi la mitad del trabajo. Dispone de toda la información sobre el IRPF, y ha desarrollado técnicas muy avanzadas para cruzar datos.

Además se trata de profesionales, que han ingresado en sus diversos Cuerpos por oposición. Su nivel de honestidad está muy por encima del que la opinión pública atribuye hoy día a los políticos. La gestión de una parte muy importante del dinero público escaparía a las manos de los partidos políticos. La Agencia Tributaria recaudaría y distribuiría directamente el importe global de la Renta básica.

Claro es que tendría que tener bien garantizada su independencia frente a los partidos políticos. Otra cosa es que éstos tengan el suficiente sentido del bien general como para conceder y asegurar tal independencia.

El modelo MAT, como cualquier otro, está sujeto a las críticas que desde el puro análisis económico se hacen contra el concepto mismo de Renta básica. En su descargo, cabe decir que el modelo ART implica una cantidad de dinero mucho mayor que el MAT. Y por otra parte, el MAT está inspirado por el ideal de una economía humana, o subordinada a los valores éticos de Igualdad y Suficiencia. Que no haya pobres, que nadie viva por debajo de lo que pide la dignidad de la persona humana.

Por haber trabajado antes en la Agencia Tributaria, al autor de estas líneas se le ha ocurrido la idea del MAT. Pero al mismo tiempo se declara incapaz de cuantificar este modelo con el detalle y rigor logrado por los autores del modelo ARL.

Esta es tarea para los equipos económicos de los partidos políticos, que precisamente ahora debieran ofrecer algo innovador y atrayente a los ciudadanos. Es tarea para los servicios de estudios de bancos y grandes empresas. Y es tarea para un grupo de economistas, que quieran imitar el laudable ejemplo de los antes mencionados.

En resumen, cuantificar el modelo MAT es la invitación o sugerencia que desde aquí se brinda a quienes estén en condiciones de hacerlo con solvencia y seriedad.

José María Méndez

Presidente de la Asociación Estudios de Axiología

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