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MENÚ DE POBRE

Sánchez e Iglesias: hasta el rabo, todo es toro

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
martes 23 de julio de 2019, 20:27h

Nada debe considerarse rematado hasta que no llegue su final, nos dicen jerga y sabiduría taurina. La foto es la de la venganza: Sánchez no quiere a Iglesias porque no le apoyó cuando el final de Mariano, y ahora él lo ve como un competidor que, tal y como dijo Anson en La Sexta el pasado sábado, puede “comérselo con patatas a las finas hierbas”. La venganza no pasará, Pablo Iglesias se ha quitado a sí mismo de en medio, pero toda la legislatura estará ahí sentado, preguntándose por qué se cortó a sí mismo la cabeza, sin posible solución de continuidad para cuanto se cuece en el estrado frontal. Sánchez confiesa, por lo bajini, que puede repartir floreros, carteras ministeriales sin contenido, y ello despierta hasta la ira de Francisco Marhuenda, porque no es democrático y si quiere votos que le apoyen tiene que cortar y dar jamón, no enseñarlo desde la cocina a la barra.

El jueves se decidirá el incendio, que igual nos lleva a nuevas urnas para apagar el fuego, pero sería desastroso porque la abstinencia augurada es casi del cincuenta por ciento. El actual rifirrafe tiene mucho de comedia o vodevil: el programa, supuestamente, está pactado, ocurre el reparto de sillones (para tantos, poltronas) pero ocurre lo más grave: la discrepancia no se firma y, según Carmen Calvo, Podemos y PSOE no pueden sumar la misma políticas de Estado. Digo lo que decía: en toda Europa (Bélgica, por ejemplo) se pactan las discrepancias, en esto nos vamos a llevar mal, sí, pues vamos a dejar claro de antemano lo que pasará si la mecha prende o cualquier amenaza tumoral imprevista contagia al resto del organismo por las bravas. Cuanto menos se hable de las discrepancias, peor. El desencuentro será ruptura, cabeza y extremidades volarán por los aires, cada parte al sitio más siniestro.

La postura inicial del PSOE –asunto curioso- es verdad palmaria: no puede ser Coalición porque necesitan una tercera fuerza, los números no dan (el marbete sería Cooperación). ¿Va Podemos a dar sus votos a cambio de nada? No tiene el menor sentido. Los “illuminati” de Baviera, con orejas en todas las puertas, hablan incluso de un pacto secreto entre PP y PSOE, por primera vez en nuestra democracia, por España, alentado por el Rey, y para que la locomotora (la europea, fundamentalmente, en el mejor momento de la misma) no se pare. Con el PP, igual, porque con Ciudadanos o Vox es imposible. Me cansa mucho la voz de pito de Arrimadas todo el día con la matraca de Bildu y los “indepes” de Barna, ya lo sabemos, pero es que la matraca de hace veinte o treinta años era la del silencio absoluto y los cementerios llenos por su causa (¿Habrá que decírselo como Felipe a Carmen: Calla ya, muhé?). Muchos “indepes”, vascos o catalanes, pero: ¿Su cantidad no es residual en el Congreso? A mí me lo parece, Tardá siempre iba con un libro gordo (muchos de Mondadori) porque no le hacían caso ni los ujieres en el mingitorio.

Ay, ay, hasta el rabo todo es toro, nada puede darse por finiquitado: el rabo es justo eso, el final de la corrida. Se ve lo que se siente: odio visceral, odio africano, entre tirios y troyanos. ¿Vale de algo el jarrón pegado, antes roto, para ponerlo ahí y decir que estupendo, cojonudo, porque ya tenemos jarrón? Me parece un gusto o querencia facilona. ¿Tiene derecho alguien a romper la banca y decir que otra vez a votar, porque no puede formar Gobierno, y así nuevamente a sacar de la caja otros dos o tres millones de euros para pagar las papeletas? La política, además de una larga paciencia, como dijeron tantos, es el arte de ponerse de acuerdo, y ceder, por supuesto, sin mayoría uno está sujeto a la voluntad de sus socios, que puede o no ser la mayor condena, peor aún que si hubiera perdido, porque Rey abajo o encima todos se deben por completo a la Ciudadanía. La fórmula muy fácil es convertir los votos en escaños y éstos en ministerios, por el mismo rasero, sean dos o tres a pactar.

La generosidad de Pablo Iglesias quitándose del frente (popular) le honra. ¿Pero ha sido lícita, legítima, legal? Cuidado, porque igual no. Es el líder de sus siglas, el Presidente del Gobierno tiene la obligación moral y profesional de aceptarlo, queda en la retina la inevitable pregunta: ¿Si no acepta al número uno hasta cuándo va a transigir con todos los que vienen detrás en Podemos? Estuvo bien el alarido de Iglesias, iluminado y retador, relámpago de desafío y tormenta a granizo, que “aquí tomaduras de pelo las justas”. Todo mártir, con subir un peldaño, es ya un héroe: igual los votantes que pasaron del PSOE a Podemos, 6 de cada diez en sus fuegos primeros según la cocina santanderina de José Félix Tezanos (CIS), igual ahora cambian de barco, ojito, regresan del PSOE a Podemos, eso es, porque tal cabeza cortada es un gesto de arrogancia imperdonable y la peor Izquierda: “Contigo no, porque sí”. ¡Y un jamón amigo! ¡Sin sus votantes no tienes nada que hacer y el chiringuito cierra!

En lo que refiere a las últimas horas, algodonosas y guturales, del hemiciclo, pese a la investidura fallida y el “no” de Montero, jamás abstención, el marco es ya el de plena Coalición. Alberto Garzón sacó la peor foto del PSOE: “Quieren firmar un papelito y gobernar en solitario”. Rufián lo dijo en todas las lenguas vernáculas y romances: “No se equivoque, Sánchez, usted necesita los votos de Podemos, nosotros somos insignificantes”. Adriana Lastra hizo guiños a Ángel González (palabras nuevas para la nueva historia, etc) pero vino a decir dos cosas, ambas muy buenas: uno, no hay alternativa al PSOE y, dos, el acuerdo es el futuro porque Podemos siempre ha sido “socio preferente”. Pedro Sánchez, según Baldoví, cae del caballo blanco y ya lo ve, ve la Coalición, entiende que sin podemitas ministrables no hay acuerdo y así hace un guiño a la capacidad de acuerdo político en estos cuarenta años, a los pactos de Estado con terrorismo por el medio (nacional e internacional) y otros juegos florales como la gran máxima (“Gobierno, estabilidad y legislatura”). Hasta otra versión más dulce de los “indepes” nos viste con nueva tiara, laurel por las orejas, túnica recién lavada y coturnos brillantes: “Defendemos sus derechos pero no los compartimos”.

El jueves habrá Gobierno, nuevos ministros podemitas pero también la cabeza cortada de Pablo Iglesias en las peores esquinas de la noche y su recuerdo, que sabrá galopar sola como el caballo blanco del Cid, la lanza firme y los ojos ajenos al pestañeo. Las bromitas se acabaron. Se ha producido un hecho que nadie loa: los “indepes” amigos de Arrimadas han apoyado primero y sin fisuras a Podemos que al PSOE, lo que ha desconcertado al Presidente y de ahí la caída. Las sombras son la mejor forma de mandar (que se lo digan a Pedro Arriola en el PP) y, aún más importante, de pensar sin ser interrumpido por flash alguno. Nos vemos obligados a aplaudir con las orejas y sin sonrojo: Pablo Iglesias dirigirá el cotarro desde su gabinete de intelectual, con mucho tiempo para escribir libros en la piscina y un descanso de la primera línea, falso relax, donde el partido emergerá fuerte con todas las heridas cerradas pero sangre nueva en los labios para el beso. Qué razón tenía Pablo Picasso cuando decía que lo mejor del toro eran los cojones, guisados y en cazuela como a él tanto le gustaban. Iglesias, sin cabeza pero con un par de atributos como rocas bajo el pincel y la camisa de Hipercor.

Diego Medrano

Escritor

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