Todo empezó con el pucherazo de las últimas presidenciales norteamericanas. ¿Qué ingenuo todavía no ha advertido que el pequeño karateka -de nombre Putin- amañó las elecciones para derrocar a los demócratas estadounidenses? Sinceramente, queridos compañeros/as de este periódico en que se nos deja escribir con absoluta libertad: voy a comentar aquí desde mi escritura gremial lo que es mi verdad -existen tantas verdades como este oxígeno que Bolsonaro, desde esa obsesión del nuevo evangelismo-militarismo-CIA, nos está precintando hasta que lancemos el grito necesario: "¡Todo viene de Judas, el apóstol pelirrojo¡”.
El Pato Donald o Donald Trump -a gusto de cada cual- ha sido el artífice de la creación del boltonismo. John Bolton es el nuevo Goebbels, esto es, el impulsor de todo un orgánico diseño para implantar el nuevo canal de la extrema derecha. Bolton es o fue -nunca sabremos si está o no todavía en la Casa Blanca- el que reavivó la resurrección de este invisible Sistema Neocapitalista allende los mares y continentes. Les recuerdo, colegas doctores, opinadores y sabios de este y otros medios de comunicación -aunque sé que lo saben y callan-, que, tras la caída de las Torres Gemelas, comenzó a diseñarse en silencio pero con mucho ruido -el ruido de la guerra de Afganistán y la de Irak por el texano George Bush y su comandita -Aznarín, Blair y los que no salieron por las televisiones- una nada original manera de reanudar el fascismo -sí, el fascismo, palabra que suena rara, pero que es el centro del epicentro de la Centralidad Global en estos tiempos modernos.
El Consejero de Seguridad Nacional del Pato Donald -pelillos y cocaína a las seis de la madrugada en que navega el Twitter para desequilibrar la geopolítica internacional- ha creado ya su personal Génesis.
El boltonismo tiene su sede en un monasterio de Italia -busquen e investiguen porque esto no es un rumor sino una noticia que taja esta realidad histórica radical que está imponiendo esta cruel ratificación del primitivismo del magma de todos los continentes: Quieren crear el mesenterio del inicio de aquella célula que edifica la Vida, nuestra Vida, la Vida como Creación impugnada por la sensualidad criminal de la Destrucción a la que estamos asistiendo-. John Bolton no es un político, sino toda una religión escrita desde Fox News para acabar en esta tercera guerra mundial económica donde el combate se escenifica en la Tuistosfera.
Créanme o no. Me da lo mismo. Pisen ustedes un popó -mierda de perro-, pero lo que narro no es rumorología, sino este vuelo del albatros que ojea mi independencia como escritor de periódico independiente. Hablaré claro para que las mentes desordenadas me entiendan:
Desde el origen de esta Cruzada que es el Boltonismo -les invito a que viajen como yo he hecho al epicentro de esta Revolución de la Extrema Derecha: las cloacas que pude ver en mi último viaje al meollo del bollo del cogollo de la cotorra-, se ha ido tapizando la Internacional Nacionalista. Bajo el cielo lluvioso de la plaza del Duomo, en Milán, les aseguro que pude ver este mosconeo del nacionalpopulismo. Ahí estaban Geert Wilders -Holanda-, Jorg Meuthen -Alemania-, Matteo Salvini -El Corleone italiano-, la hija del re mil celestinaje de Marine Le Pen -rubia veraniega en una Francia que confronta esta Ilustración combativa entre la filosofía y la ciencia-, Los Verdaderos Fineses, la Sirena Ultra danesa, la muñeca Checa, la vulgar Bulgaria, el flamenco lorquiano belga, la Sagrada Familia eslovaca, el hielo de Estonia, en definitiva, como digo, todo conversado y manipulado en las celdas del Monasterio de John Bolton.
Y es que, como escribió Cioran: “¡Perecer¡ -esta palabra que amo entre todas y que, curiosamente, no me sugiere nada irreparable”. El Sistema ha sido impreso en la conciencia colectiva de esta Aldea Global con únicamente tres palabras. Franquicia, Aniquilación y Francotiradores. He extraído estos tres vocablos que son negros como la putrefacción que avanza con tal de aprovecharse de la Historia Contemporánea falseando los datos, el Cabrón pintado por Goya y las Nuevas Tecnologías. La Neomodernidad del Boltonismo no es más que el Neardentalismo fornicando con la inteligencia artificial que nos mostró en pantalla Stanley Kubrick.
Pero no nos creamos el mensaje de esta Nueva Impresora. Recuerdo ahora a George Orwell. Estamos en el cementerio. El tiempo, así como comienza, se acaba. Da lo mismo que existieran el padre Coughlin, el muftí de Jerusalem, Pétain, W. R. Hearst, Juan March, Montagu Norman, Arnold Lunn, Lady Houston o Marinetti. “Una sociedad sin jerarquía es una casa sin escalera”, dijo bajo los efectos del opio Alphonse Daudet. Hete aquí que el fascismo comenzó con el exterminio de los dinosaurios. Así lo escribió Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. ¿Acaso vamos a seguir tragándonos, cual sorbo de cicuta, este Anatema?
Dígosle, colegas que escribís o tertuleáis en los mass media, que estamos a tiempo de releer a los bellos y dulces visionarios de la Otra Historia. Si paginamos el pensamiento contra el neofascismo tecnológico, evangélico y los incendios de la Amazonía, quizá podamos entender que para luchar contra los monstruos hay que cuidar no enseñar el abismo por las televisiones, pues todo abismo siempre se laurea dentro de uno mismo. Detrás de todo sillón siempre fuma el enemigo. Créanme: no existen fenómenos morales, sino solamente la explicación moral de los fenómenos -nietzscheanismo-. Abordemos con claridad y sensatez estas mentes originales que aún están entre nosotros para no involucionar lo que es y será. Todo lo que semeja nuevo ya fue ensayado leprosando millones de muertos.
Digo que siempre seremos monos, porque el hombre que ahora, en estos tiempos del Boltonismo y de Donald Trump, continúa rascándose los testículos como los monos acabarán arrastrándonos hacia la perenne, renovada, hitleriana patología. Por muchas barbas que se ponga el diablo en el Dante, a los que nacimos con ese sexto sentido de la feminidad hemos de cursar estudios en la Universidad de la Barbería. Cortemos la Máscara, la Tragedia de estos nuevos pintores de Viena, este franquismo petardeado por la mentira, el malvado bocado del Nuevo Adán, la hipocresía y la ausencia de la auténtica Tauromaquia Bella, pinzada por los sencillos versos del viejo Walt Whitman. La Barba dulce y sencilla. Porque -jamás lo olvidéis- lo que satisface el alma es la verdad, crecer bajo el aire abierto y comer y dormir con la tierra limpia.
Acabo ya. Expulsemos con serenidad a los trampistas, pues cuando caiga la Torre de Donald Trump -el año que viene, de ello estoy seguro- caerá toda esta Nueva Babilonia del Fascio. El mejor Gobierno es el que deja a la gente en paz. Sigamos. Leamos. Reflexionemos. Destapemos la horrible Hortensia. Porque -ustedes lo saben- la vida es lo poco que nos sobra de la muerte. Si hay algo sagrado, ése el cuerpo humano, el cuerpo del hijo, de la madre, del padre, el mío, el tuyo y el de tantos árboles que nos hablan al amanecer cuando la Economía Neoliberal y Nazi intenta arrojarnos con cal viva al Averno.
Digo, pues, con Walt Whitman: “Me celebro y me canto”. ¿Alguien más? ¿Hay alguien, algo, dos, el Universo entero ahí?