Intendencia de papeles y cambios en el Parlament con el secesionismo rampante en crisis. Torra ya no es diputado: la Junta Electoral Provincial de Barcelona ha optado por María Senserrich, de JxCAT, porque dejó las colgaduras amarillas en los edificios públicos. Son muchas cosas acumuladas en torno al amarillo: el virrey de Cataluña, Francisco Antonio de Velasco y Tovar, los prohibió en 1704, en plena Guerra de sucesión entre borbónicos y austracistas, contra Louis Joseph de Bourbon, duque de Vendôme, que tenía como emblema tres flores de lis amarillas.
Antes de que la Junta le desposeyera de su escaño, al “president” los catalanes ya le habían suspendido en una encuesta, realizada por el Centro de Estudios de Opinión de Cataluña, y publicada el pasado viernes: solo el 1,6% de los catalanes cree que resuelve el conflicto catalán. Torra ha ido perdiendo su euforia amarilla, y Pere Aragonés –que no ha mirado al hombre abatido–, Marta Vilalta, Josep Maria Jové y Roger Torrent buscan renovación, lo único que todos los huevos del liderazgo están puestos en la cesta de Esquerra Republicana. Estos asuntos vienen siempre cargados de sorpresas, y para Quim ha sido la de que sus otrora palmeros lo han dejado caer: amostazado con el presidente de la cámara catalana, le ha advertido de que van a perder el respeto de la ciudadanía. Ay, así de profundo es el fango de la política, president, que hasta los separatistas parecían separatistas y andan ahora matizando y secreteando con Sánchez a tus espaldas… Pero no te confíes.
El proyecto independentista se lleva financiando décadas y hasta los que eran ayer reticentes son hoy recalcitrantes. También la semana pasada el Grupo de Investigación Económica de la Guardia Civil remitió al juez de la Audiencia Nacional, José de la Mata, un dossier en el que se informa al magistrado de que 13 millones de euros provenían de las comisiones ilegales del 3%, canalizadas a través de la Fundación CATDem y el Fórum Barcelona hasta las finanzas de Convergència-PDCat desde los albores del siglo XXI. Es normal que el diputado Sergi Sabrià diga ahora que los “procesistas” hablan con el Estado “de tú a tú por primera vez, de sujeto político a sujeto político”. Como aquel programa de Nieves Herrero en Antena 3, pero sin Jaime de Mora y Aragón, Chumy Chúmez y Alfonso Ussía. Nunca pudimos imaginar, Carod y Artur, que una mesa de negociación daría para tanto. Ni una autodeterminación. Ni una amnistía. Ni un referéndum.
En esta mascarada de lazo amarillo, en la que el viejo pujolismo de la pela ha derivado en el pragmatismo del pulso al Gobierno central, hay postulados que están nimbados con la amenaza de cumplirse. El problema es que ni Sánchez, ni Lastra, ni Ábalos, ni Calvo nos han contado a los españoles qué se negoció a puerta cerrada y prenavideña en las naves de la Zona Franca de Sants-Montjuïc. Y parece que no fue aumentar la colección del MNAC, Amore. Porque en las gacetillas y fiestas limón-secesionista, todo viene tan lento como previsible. Incluyendo el cadáver político del “molt honorable”, apuñalado como el de César 23 veces en las escalinatas del Senado, según cuenta Suetonio. ¡Guárdate de los idus del “procesíssimo”!