La vida, a veces, es así. Caprichosa que diría alguno. La realidad de las cosas es, con más frecuencia de la que desearíamos, una pura contradicción. A todos se nos llena la boca con eslóganes del tipo “juntos podemos” o esto “lo paramos unidos” y lo cierto es que aquí hacemos todos piña menos el Gobierno de coalición.
Lo peor, lo grave, lo realmente doloroso es que estas guerras internas, las luchas por la cuota de poder entre las distintas facciones del Gobierno de Pedro Sánchez las estamos pagando ya los ciudadanos de a pie, los que no ostentan cargos, “la España que madruga”, que diría algún otro. ¡Y mucho más que nos va a tocar pagar!
La triste realidad de lo que se nos viene encima una vez pasemos la desgracia que estamos sufriendo todos con la pandemia del coronavirus (como siempre, unos más que otros) es que España afronta el peor momento de su Historia desde la Guerra Civil con el Gobierno peor preparado y más improvisado que nos podía tocar.
Sánchez no tiene un Gobierno para soportar nada con la más mínima eficacia. Tiene un multitudinario Consejo de Ministros porque está pensado únicamente para satisfacer los egos de socios obligados y amigos. Algún ministro en un puesto relevante hoy llegaba al cargo con la única finalidad de mediar en la negociación entre los Gobiernos de España y Cataluña y, sin embargo, se ve obligado hoy a hacer frente a una pandemia mundial. Alguna ministra aparece siempre para decir lo mismo, echar la culpa de todo a los mismos y hacer solo propaganda, sin aportar.
No están los mejores, no están los más eficientes, los más resolutivos, los más preparados. Más bien al contrario, estamos viendo que las riendas de un Gobierno que tiene que hacer frente a una de las situaciones más delicadas por las que pasará España están en manos de torpes que no saben comprar en el mercado internacional y así lo han demostrado con el vergonzoso episodio de la compra de tests para detectar el virus.
Indigna. No voy a dar una cifra de fallecidos por Covid-19 porque esto se escribe un día y 24 horas después hay 800 más, pero ¡cómo puede decir nadie que es un dato positivo que hayan muerto 20 personas menos cuando has contabilizado 812 muertos en un día! ¿Cuál es la buena noticia?
Hablamos de miles de muertos y los hay haciendo cálculos electorales. Hay que ser necio -o necia- para pensar que buscar una responsabilidad en el Gobierno por la gestión del coronavirus es estar contra el feminismo. Hay que haber perdido completamente el sentido de la razón para argumentar que una solución bolivariana es la única “para que no paguen los mismos de siempre”, frase hecha y destrozada cada vez que la pronuncia quien ha perdido el contacto con la clase a la que dice defender. Y hay que ser muy poco noble para consentirlo.
Si se sabe que los centros residenciales de personas mayores son lugares para extremar las precauciones por la vulnerabilidad extrema de los que allí residen, ¿por qué el Gobierno y su mando único para centralizar compras todavía no los ha provisto de lo necesario para que así sea?
Lo fácil es echar la culpa a China o a la UE o Isabel Díaz Ayuso, que además es del PP. ¿Y quién será el siguiente, Quim Torra, que es independentista? Pues después le toca a Emiliano García Page, ¿también va el Ejecutivo a responsabilizarle de los muertos en su comunidad?
Habrá que estar atentos a qué nuevas medidas y cuántos giros en la estrategia se saca de la manga este Gobierno sin previsión para después de la pandemia y con el objetivo de sortear la tremenda crisis económica que se nos viene encima. Veremos por cuántos años se extiende la agonía y la incertidumbre. ¡Váyanse preparando!