Los errores en la gestión de la tragedia sanitaria y la desfachatez de este Gobierno no tienen límite. Primero, el socialista Tezanos lanza un globo sonda en su encuesta del CIS para allanar el camino al control de la información por el Gobierno, a la censura pura y dura. Y ahora, gracias a las declaraciones del general José Manuel Santiago, se ha descubierto que Sánchez y Marlaska han ordenado a la Guardia Civil participar activamente en “la filtración de las críticas al Gobierno en las redes sociales”.
El ministro del Interior miente al negar la evidencia. No se trata de un “lapsus”, como Marlaska pretende hacernos creer. El jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil lo dijo con claridad y, probablemente, con toda la intención, indignado por el papel que le ha asignado el Gobierno en esta crisis sanitaria. "Estamos trabajando con nuestros especialistas en dos direcciones: una a través de la Jefatura de Información con el objetivo de evitar el estrés social que producen toda esta serie de bulos, la otra línea de trabajo es minimizar ese clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno, todos esos bulos los tratamos de desmentir a través de nuestras redes sociales".
De acuerdo con estas palabras, el Gobierno ha encargado a la Guardia Civil, “minimizar y desmentir las críticas a la gestión del Gobierno”. Pedro Sánchez utiliza a la Benemérita para censurar los millones de comentarios que viajan por las redes sociales despotricando de la catastrófica gestión del Ejecutivo, más preocupado de engatusar a la Oposición con un pacto-trampa que de actuar con inteligencia y determinación en la batalla contra la pandemia.
El intento del Gobierno de aplastar la libertad de expresión es tan bochornoso como inconstitucional. Más aún, si para ello utiliza a la Guardia Civil, uno de los cuerpos de Seguridad más prestigiosos del mundo y de los más admirados por los españoles. La Benemérita no está para ayudar al Gobierno a perpetrar este ataque al derecho a la información y, por tanto, a la entera democracia. No está para salvar la cara a Pedro Sánchez, arrollado por su propia incompetencia.
Marlaska está considerado como uno de los mejores jueces de España por su valiente e inteligente actuación en la Audiencia Nacional en su lucha contra los terroristas de ETA y contra el narcotráfico. Pero como ministro del Interior está tirando por la borda el reconocido prestigio que se había ganado. Se ha convertido en un sumiso lacayo de las tropelías de Sánchez, en su portavoz más sectario. Y, ahora, ha cometido un grave error al ordenar a la Guardia Civil que se ocupe de censurar todo aquello que moleste al Gobierno.
No. Las declaraciones del general José Manuel Santiago no han sido un “lapsus”. En todo caso, una advertencia al Gobierno de que con la Guardia Civil no se juega.