Como el lunes pasado, MasterChef volvió a batir su récord de edición con polémica, esta vez, con una prueba inédita que terminó con la expulsión de Fidel y que muchos calificaron de injusta –entre ellos Iván, uno de los concursantes afectados por ésta– pues, en ella, los delantales blancos decidieron el destino de sus compañeros con delantal negro al cocinar por ellos durante la fase de eliminación.
La táctica funcionó y consiguió mantener al cine de Telecinco como segunda opción nocturna, pese a una leve mejora con la nueva reposición de la película Ocho apellidos vascos.
