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TRIBUNA

Líneas rojas

Juan José Vijuesca
miércoles 27 de mayo de 2020, 20:06h
Primero fueron palabras mudas, luego los violines abrieron sus pétalos y la música emergió de los balcones. Más tarde llegaron las grullas de paso, las cigüeñas anidaron y los conciertos resistieron a los ánimos de unos lutos inciertos. Las cifras sumaban en sacos negros, el tiempo perdía a sus fieles difuntos y las ventanas, abiertas a la deriva, aplaudían al corazón del miedo. Todos mentían como suele mentir la verdad partida por medio. Desde entonces la vida humana ha bajado de precio, ahora cotiza en cifras por debajo del desafecto. ¿Estamos en curva o en línea recta? Portavoces vocingleros nos silencian lo cierto. Nos invade el desconcierto. Nadie conoce razones y todos hablan de ello. Una pandemia nos mata, nos achica el espacio de ánimo, nos confina sin remedio. Todo son palabras vanas y las gargantas se hartan. Hay voces de lejos que buscan lo que esconden las mentiras, son agujas que acribillan a embusteros, pero éstos se esconden mientras siguen sumando los muertos.

Se marchan las grullas, vuelan sobre bóvedas de azules lejos. Son libres, sin franjas ni fases para hacerlo mientras nosotros seguimos aplaudiendo. Conozco mis deberes y no alardeo por ello, aplaudo por respeto, solo me queda eso y un puñado de vocablos que salen a mi encuentro. Somos sueño en medio de la nada, lo demás es querer volar a merced de los necios. Horas que despuntan en revuelo mientras siguen doblando campanas de cementerio. Todo se hace extraño en medio del desarreglo. Se sale del confinamiento como brama en época de celo. Miedo me da lo que estoy viendo, da igual dos metros que medio, sin ni siquiera pensar que salimos de un encierro para entrar en otro nuevo. El ciclo del progreso es y será de los oscuros gobiernos, más no temáis, vengo a deciros, llegarán vacunas como si fueran zafiros y más de uno y más de dos pelearán por ese objeto llamado deseo, mientras que para otros, los menos, será oro envuelto en negocios financieros. Mercaderes de lo turbio calmarán nuestro destino en una dosis, tal vez dos, la otra de refuerzo, y la humanidad quedará a merced de lo incierto, vacunados, eso sí, con vacuna de secretos, tantos como el origen de los hechos.

El mundo nunca será nuevo, siempre el mismo nos dará o quitará el tan ansiado sustento, más no temáis, vuelvo a deciros, quienes todo lo controlan lo tienen atado y bien sujeto. Es la fórmula magistral de los malos gobiernos. Mientras tanto, ustedes y yo buscaremos la sombra de los recuerdos, en otros será el hambre como alimento, mientras otros olvidaran este mal sueño, haciéndolo no por miedo, sino por decreto. Otras veces fue parecido, como lo fuera el 11-M que a día de hoy todo sigue misterio, todo, menos los que de ello fueron muertos. Y vengo a decir, que la franquicia de nuestros actos se acomoda a lo ilegal de la memoria, pues si lícito es vivir el justo paso del tiempo, también lo debe ser el no eximir en culpas a los causantes prefectos.

La vida sigue mientras nosotros en ella continuemos, y lecciones todas aprendemos de quienes invitan a ello, por eso es de ley agraciar en lo bueno y actuar sobre lo malo, pues la bondad viene de nacimiento mientras la maldad se adquiere en ministerios deshonestos. Ya sé que los tiempos son nuevos, tanto que lo indigno ejerce poder mientras fiamos culto al confinamiento. A espaldas de la honra se cruzan líneas rojas ¡Qué tiempos aquellos cuando la decencia guardaba luto y el dolor era cierto! ¡Qué tiempos aquellos cuando la justicia vestía de negro con sentencias de justo precio! Sí, ya sé que los tiempos son nuevos, pero, ¿Tanto como para darlo todo por bueno? ¿Acaso la Justicia no ha de ser lo mismo para nobles que plebeyos?

Confieso que nadie, ni yo ni nadie, debe obligar a un pueblo a cruzar la línea roja. Ni locos, ni cuerdos, nadie es nada ni siquiera la peor versión del odio tiene el poder de hacerlo. Todo existe bajo un mismo techo y a nadie pertenece por derecho confiscar la libertad y mucho menos cabalgar sobre corceles del engreimiento. Jinetes todos somos desde que el nacer nos convierte en iguales y de aquél que se crea general sin serlo yo le digo que fui Cabo primero de Ingenieros y estudios poseo con su correspondiente crédito, cosa que en política de altura hay quienes ni por hacer, nada veraz han hecho, salvo cruzar las líneas rojas de lo funesto.

Ahora Sanidad juega al recuento de su versión oficial, dice que son 2.000 menos los muertos como si éstos fueran mercancía al peso ¡Qué vergüenza, Dios! ¡Qué deplorable es todo esto! Un número es una medida imperfecta cuando se aplica a la condición humana. Un número es solo eso, pero jamás un solo muerto, uno solo, puede quedar huérfano de identidad y recuento. Tres meses y 90 días y entre la cuenta oficial y la real aún nada sabemos. Es el precio que tenemos, es lo que en verdad valemos. Y yo me pregunto ¡Qué hemos hecho mal para llegar a esto!

Miedo me da lo que he visto y miedo me da lo que veo, más de nuevo os vengo a decir que llegará el día de los abrazos nuevos, de los besos eternos, de las caricias de pétalos, y con ellos estaré escribiendo poesía de verdad, de la que nace entre libertad, deseos y sueños.
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