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ESCRITO AL RASO

Sublimes sin interrupción

David Felipe Arranz
lunes 06 de julio de 2020, 20:03h
Actualizado el: 07/07/2020 09:33h

Lo que acuña al político son los renuncios. Sánchez, Casado, Iglesias, Abascal… son apellidos que, como los fósiles, se solidifican y pierden su flexibilidad y su significado. Se hacen pequeño-burgueses con la facilidad con la que los elegimos, y vienen de un barrio o de provincias o qué sé yo a los grandes bulevares capitalinos o al chalet en urbanización fetén. Se casan, se echan amantes y se divorcian como todo hijo de vecino, y en su heráldica hay puños y rosas, gaviotas, logos de diccionarios y cosas así.

Ya hay sesenta rebrotes en quince regiones, pero el pasado sábado Sánchez, en un mitin coruñés de promoción de Gonzalo Caballero, pidió a la ciudadanía que no se dejase “atenazar por el miedo” –ni por Hacienda– y que salgamos a la calle, al terraceo y a la celebración de la pospandemia, porque la crisis “va a ser corta pero va a ser dura”. Algo así como la segunda parte del “Ha sido rápido, simple y sin dolor. El dolor viene después”, que le dijo Felipe VI cuando prometió su cargo presidencial el 8 de enero. Quién nos lo iba a decir, Sabino.

Pasan de la cresta de la ola y el aplauso a la inopia en segundos veinticuatro. De la excitación del electorado al desfase y al armario de los abrigos viejos o fuera de temporada. De hecho, si no los sacan de la tele revestidos de metáforas por sus asesores áulicos, los televidentes prefieren a Jorge Javier Vázquez chasqueando el látigo a los tertulianos a golpe de talonario. Por eso alguno prefiere que los entreviste algún genio o bufón del “cuore” que un periodista al estilo de Vicente Vallés: porque saben que se van a escapar crudos después de bailar un poco de reguetón o contarle algún chascarrillo sobre la crisis económica a las marionetas de la mesa.

Y ahora están más pendientes con las elecciones del 12-J que de otra cosa, en pos de la victoria clara y del voto de Clara y Victoria. El chute de adrenalina del sondeo preelectoral no es igualable al pacto de reconstrucción, y Urkullu y Núñez Feijoo, buenos amigos, repiten como un mantra estos días “me comprometo a…”. Me llaman mis amigos editores y propietarios de teatros y compañías, que se suben por las paredes con las escasas ayudas que el Ejecutivo ha prometido al sector cultural. Pero el político está a lo suyo, porque cuando un candidato ha llegado, en la política o en lo que sea, adonde han llegado estos, la gente se asombra y deslumbra con el rendimiento que le dan a ser tan poca cosa.

Noches estivales y presidencialistas en la Moncloa con los palmeros quemados en la llama del Poder. En esta política camastrona, lo difícil no es convencer, sino retener el poder y la admiración, presidente. La indefinición en la crisis es la “realpolitik”, frente a una oposición colegiala y chillona, una flotilla de derechas más de postureo que eficaz, con una foto de codo con codo con la bella Arrimadas. Generalmente, en las Cortes, se levanta la turbera cuando las Españas extremas se dirigen la palabra a cara de perro, pero por lo demás, entre las razones de Estado y la pragmática, se vive muy bien y sin ERTE ni ERE, como los señores feudales, que en Madrid está el rompeolas –o la melé–bonancible y sexual. Pero, ay: en España solo alguno elegido puede ser “sublime sin interrupción”, como la Preysler, Alaska o Pedro Almodóvar, porque el politicastro es de rápido consumo. El doctor Fernando Simón, por ejemplo, convertido en héroe pandémico por la prensa: ha dicho en El País Semanal que él no se peina desde los quince años y que no se plancha las camisas. “La plancha fue útil porque en un momento sirvió para matar bichos”, ha asegurado. Si lo tiene tan claro, podría habérsele ocurrido como remedio contra el coronavirus.

Igual ahí está el secreto después de todo, Mariloli: la política está tan incardinada en nuestras vidas (somos carne de urna) que incluso un director de Alertas sanitarias, si se sube a la moto de portada como Marlon Brando, Peter Fonda o Keanu Reeves, tiene más fascinación para la masa que el director médico del Gregorio Marañón. En la política sanitaria eres sublime sin interrupción hasta que tu jefe te da un puntapié en el trasero. O Jorge Javier como a sus tertulianos, que se marchan llorando sin posibilidad de continuidad de la generosa paguita de Mediaset. Cara al verano, cualquier mañana nos desayunamos con un Salvador Illa “sublime sin interrupción” a bordo de una lancha motora.

Twitter: @dfarranz

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