Ahí está él. El impertérrito de pelos hirsutos menos hirsutos en la fotito. Le han calado la chupa porque el jersey sumiso no pega con una motocicleta de esa cilindrada. Como hay que normalizar la nueva normalidad —menuda estupidez—, ahora hay que normalizar a nuestro héroe y modelo para todos los hombres: Súper Simón. Se ha peinado y va por Madrid con su moto contaminante y nos dice: ¡Eh!, aquí hay un hombre; el Ecce homo del XXI. De nueva masculinidad amable (tradicional pagafantas) a machote clásico.
A mí me ha defraudado, que pensaba que iba en moto eléctrica, aunando el silencioso motor con el silencio de la conciencia. Pero no, es Mario Casas después de una mala vida y disfrutando de la andropausia con el último reclamo de la virilidad perdida. Creía que Fernando Simón era cuqui. Lo cuqui es el rey y es la castración embozada por la que iremos pasando. A decir verdad, en la foto me falta un cigarrillo entre sus dedos o en sus labios y el humo para que forme parte de la resistencia: lo que algunos llaman mediterráneo moral.
Lo cuqui que parecía Fernando Simón. Del intento de plantear a un Marlon Brando en el chasis de un 2CV y ver cómo queda para recibir aplausos porque todo esto ya ha pasado y hay que vivir, como ya están muertos los muertos qué le vamos a hacer. Los espectadores van a echar de menos a SS y los hombres se quedarán sin referencia a la que emular. Más aún, sorprende que haya cambiado de bando o que por las mañanas vaya quemando ruedas por Madrid antes de ponerse la máscara aliada. Qué sé yo. Si cae lo cuqui las Españas morirán. «No podía perder la calma», dice nuestro héroe con el rictus impasible, de cine, cuando ayer vivía entre el temblor y el tartamudeo. Se ha pagado con muerte la calma, parece.
La idea de erigir una estatua es sublime e irónica a partes iguales para estos días. Mientras la masa uniforma y analfabeta derriba la de grandes hombres —con sus luces y sombras—; la misma, ahora, pide plantar ese cuerpo en metales en un pueblo para que quede. Bueno, quizá en 20 años se decida que ofendió a alguien y la tiren. Mientras tanto, me voy a leer a Cervantes y a comprar una FPP2.