Últimamente en la prensa y en los medios audiovisuales españoles, y no sólo en ellos, han aparecido numerosos artículos y comentarios sobre la reciente aprobación en el referéndum en Rusia de las más de 170 enmiendas a la hasta ahora vigente Constitución.
Quisiera matizar algunos aspectos de estos comentarios que a veces pecan de tópicos y no descubren las verdaderas intenciones de las actuales autoridades rusas escondidas tras el cambio sustancial de la vigente Constitución, que fue aprobada hace 27 años, durante el gobierno del Presidente Boris Yeltsyn.
Aquella Carta Magna reflejaba los profundos cambios que se estaban produciendo en la entonces Federación Rusa en su camino hacia la democracia y la economía de libre mercado. En un país, donde la población durante 74 años estaba viviendo bajo el régimen comunista totalitario, basado en la economía socialista estatal planificada y la dictadura del único partido en el poder, el Partido Comunista (Bolchevique) de Lenin y Stalin.
Voy a empezar por el “tópico” más difundido, según el cual la nueva Constitución “eterniza” al actual presidente ruso, Vladimir Putin, en el poder.
Aparentemente, sí, pero con un importante matiz: eterniza no tanto al propio Presidente, como a la élite que lo sostiene en el poder durante los últimos 20 años. Vamos a analizar las enmiendas que se refieren a los fundamentales cambios en todas las estructuras del Poder.
Primero que contradice la tesis del fortalecimiento del poder del Presidente son, precisamente, las enmiendas que claramente limitan este poder presidencial, que hasta ahora, según la Constitución de Yeltsyn de 1993, otorgaba al Presidente de Rusia unos poderes casi ilimitados, por encima del Legislativo (el Parlamento) e incluso, con ciertas reservas, también del Judicial.
¿Para qué entonces limitar los poderes presidenciales si el actual presidente pretende fortalecerlos?
Por lo menos, podía conservar los que tenía hasta ahora o quitarse el único obstáculo que existía en la Constitución anterior – la limitación a unas dos legisladoras consecutivas la permanencia de la misma persona en el puesto presidencial. Como todos saben, el actual presidente había superado perfectamente esta limitación, dejando la presidencia – sólo para una legislatura – a su compinche Medvedev, pasándose él a ocupar el puesto del Primer Ministro y, de esta manera, seguía mandando no de “jure”, sino de “facto”. Cuando este mandato de Medvedev había expirado, Putin se presentó de nuevo a las elecciones presidenciales para otras dos legisladoras “constitucionales”. Con un pequeño cambio, fue aprobada una enmienda a la Constitución, según la cual las legisladoras se alargaban de los 4 años a los 6 (este plazo se conserva en la “nueva” Constitución).
Dentro de cuatro años se expira el segundo mandato “consecutivo” del actual presidente y nada le impide hacer la misma combinación que hizo en su momento con Medvedev o presentar una enmienda que eliminaría la limitación de las legislaturas, lo que ocurre en muchos países democráticos. Pues, Putin no lo hace con las nuevas enmiendas constitucionales, sino todo lo contrario, limita el periodo de ostentar el puesto presidencial sólo a dos legislaturas consecutivas o no.
¿Por qué razón? La respuesta hay que buscarla en que, por lo visto, la élite que rodea y sostiene a Putin en el poder, de alguna manera, se ha cansado de su manera de gobernar, claramente personalista (el famoso “culto soviético a la personalidad”) con marcadas tendencias autoritarias. No toda la élite comparte las ideas “patrióticas” de Putin en su intento de conquistar de nuevo algunas de las ex repúblicas soviéticas separadas de la URSS después de su descalabro como país.
Se trata, por ejemplo, de Ucrania, Bielorrusia y Kazajistán. Y de Crimea, como el hecho ya consumado. La élite, la oligarquía rusa que sostiene a Putin, ha sufrido mucho daño por las sanciones impuestas por los EE.UU y los países europeos a causa de la invasión de Crimea por el ejército ruso. Fueron congeladas las cuentas a las figuras más próximas al presidente Putin – la famosa lista Número Uno, a la que luego siguieron otras tantas, ampliándose cada vez más el circulo de los “afectados” que rodea al actual presidente ruso. Se restringió el acceso de la banca rusa a los mercados internacionales de Euros y dólares USA, las principales divisas que manejan los bancos rusos, muchos de los cuales pertenecen a estos oligarcas sancionados.
Se puede imaginar qué presiones experimentó Putin para que frenara su política expansionista. Si no, el presidente actual no se hubiera limitado a la anexión de Crimea y de una parte del territorio ucraniano, como Donetsk, sino que toda Ucrania hubiera formado ya la “Gran Rusia Eslava” con que está soñando el presidente Putin. Estoy convencido de que los oligarcas lo han parado a su Jefe, por temor a quedarse sin la “pasta” multimillonaria, depositada en los bancos occidentales, y salirse de las primeras filas de las listas de los hombres más ricos del planeta.
Tampoco le gusta a una parte importante de la élite la política de su Jefe que está llevando a un distanciamiento cada vez más profundo entre Rusia y los países occidentales, donde muchos “elitistas” rusos no sólo tienen grandes negocios, sino viven físicamente con sus familias en las lujosas mansiones y palacetes, gozando de las libertades y de la inviolabilidad de la propiedad privada, cosa que no ocurre en su patria, donde los contrarios a la política del Presidente, fácilmente pueden ser despojados de sus negocios y encarcelados por cualquier motivo inventado por la justicia dirigida y controlada por el gobierno. Como ocurrió en el famoso caso de la empresa petrolífera rusa “Yukos” y de su presidente, el oligarca Mijail Jodorkovski.
De allí vienen estos “extraños” cambios en la Constitución rusa que debilitan el poder del presidente, pero, por otro lado, refuerzan el poder de otras instituciones del Estado. En primer lugar, del Parlamento, atribuyéndole más facultades del control del Presidente y de su gobierno. Especialmente, del otro órgano, el “Consejo del Estado”, que existía hasta ahora, pero sin competencias claras. En la nueva Constitución se le otorga unas nuevas y claras competencias que permiten equilibrar los dos poderes fundamentales existentes, el presidencial y el parlamentario. Parece que la élite en el poder, pretende volver a una formula del gobierno “colegial”, una especie del “Politburó” de la etapa del camarada Leonidas Brezhnev, en lugar de la exageradamente “personalista” de las épocas de Stalin o de Jruschiov.
Teniendo tres principales “pilares” del poder, controlando unos a otros, y situando en ellos a su gente de confianza, la élite asegura su control del poder sin riesgos de ser sometida al “voluntarismo” descontrolado de algún que otro líder político de turno, que tantas veces estaba ocurriendo en la RUSIA-URSS.
Surge la pregunta: ¿Por qué estos cambios constitucionales se producen ahora, cuatro años antes de terminar el mandato del presidente Putin?
Quizás, porque la élite y la oligarquía estén preocupados por la mala situación económica en el país, que se irá agravando por el parón que está sufriendo Rusia, como los demás países del mundo, por los efectos de la pandemia del coronavirus. Los pronósticos son alarmantes. La gestión de la economía rusa por actual gobierno de Putin en los últimos 10 años era muy mala. Él heredó de su antecesor Boris Yeltyn una economía saneada, reformada y robusta, como resultado de unos 8 años de las difíciles y dolorosas reformas, que transformaron la Rusia socialista y totalitaria, en un país libre política y económicamente.
Durante la primera década del reinado de Putin, esta economía heredada (el PIB) estaba creciendo a un ritmo del 6% anual, más alto en toda la historia del país y de la mayoría de los países occidentales con sus boyantes economías capitalistas. Pero en el último decenio la economía rusa se quedó prácticamente estancada, sin crecimiento significativo, a pesar de todos los esfuerzos del gobierno y del propio presidente Putin.
Son varias las causas de esta mala gestión económica y no es el objetivo de este artículo de analizarlas. Sólo quiero resaltar que la élite está bastante preocupada y, con los cambios en la Constitución, pretende consolidar su poder colectivo frente a la posible inestabilidad político-social que pueden traer los próximos años de penurias y dificultades económicas.
Yo no descartaría, incluso, el posible cambio en el Olimpo del poder. Es curioso que Putin a las numerosas preguntas de si iba a presentar su candidatura para las elecciones presidenciales en 2024, contesta reiteradamente que todavía no lo ha decidido. Y no creo que está coqueteando. No es su estilo. Probablemente, tras las bambalinas del poder se está librando una lucha entre las “élites” de la que no sabemos casi nada y, probablemente, no lo sabremos nunca. Quizás los próximos meses y años algo nos aclaren.
Hay otras enmiendas que apuntan en esta dirección. Por ejemplo, la apuesta por el patriotismo y el nacionalismo ruso. No es la primera vez en la historia del país, cuando en los tiempos difíciles los gobernantes estaban tocando estas fibras sentimentales y sensibles del pueblo ruso. Cuando la Alemania nazi atacó a la URSS y las tropas germanas estaban avanzando con una inusitada rapidez en dirección a Moscú, Stalin se dirigió por la radio al pueblo ruso, llamando a los ciudadanos soviéticos no “camaradas”, al habitual estilo bolchevique comunista, sino acudiendo a la ya olvidada arenga familiar y patriarcal, como “hermanos y hermanas”, y calificando la guerra que había estallado, como una guerra “Patria”. Así entró esta guerra en los anales de la historia como “La Gran Guerra Patria”. La anterior “Guerra Patria” fue contra la invasión a Rusia de las tropas de Napoleón.
Hay otra enmienda francamente llamativa y hasta asombrosa, la que introduce en la Constitución, pasados los 103 años desde de la Revolución Bolchevique en la Rusia Zarista, la figura de Dios como “un elemento unificador” de la nación. Después de los largos años del régimen soviético, cuando la iglesia y la religión estaban cruelmente perseguidos por el Estado con la ideología comunista. ¡Ha muerto el Dios Comunismo, viva el Dios de siempre! También Stalin, cuando empezó la mencionada guerra con Alemania, soltó de las cárceles tanto al propio Patriarca – el jefe de la Iglesia Ortodoxa Rusa – como a un gran número de sacerdotes, para que todos rezaran por la victoria.
¿Qué desastres y penurias esperan las actuales autoridades rusas para acudir de nuevo al patriotismo ruso y al Dios todopoderoso?
Hay otras enmiendas que apuntan a que el Poder actual quiere blindarse, con Putin o sin él, cara al futuro incierto y preocupante. Muy significativo en este sentido es el blindaje que se da al propio Presidente. En la nueva Constitución se establece la inviolabilidad del Jefe del Estado no sólo durante su mandato, sino también cuando lo acaba. Más aún, el “ex presidente” se convierte automáticamente en un senador “vitalicio” – una nueva “figura” introducida en la renovada Constitución – y siendo los senadores unas personas con la inmunidad parlamentaria y, por tanto, inviolables, el “ex presidente” se convierte en una figura doblemente inviolable, o sea, doblemente blindada. También la nominación del “senador vitalicio” se reserva para otros altos cargos del Estado, en su mayoría pertenecientes al círculo más cercano del Presidente.
¿A qué y a quién tiene tanto miedo el actual inquilino del Kremlin, para tomar todas estas precauciones cuatro años antes de que expire su actual mandato?
Hay otras enmiendas que apuntan en esta misma dirección del “blindaje” de la actual élite en el poder para los tiempos venideros. Pero no es la intención de este artículo de abarcar todas ellas, ya que el volumen del análisis saldría con creses del formato de un artículo de opinión como éste.
No obstante, algunos aspectos más, relacionados con las enmiendas constitucionales, me gustaría comentar brevemente. Como es la propia idea del referéndum. Al principio, parecía que no se pensaba celebrar ningún referéndum constitucional, sino introducir unas cuantas enmiendas a la Constitución y aprobarlas por la mayoría cualificada del Parlamento. Una de estas enmiendas, curiosamente, procedía de la diputada Valentina Tereshkova, aquella primera mujer cosmonauta que fue lanzada al cosmos en los “gloriosos” tiempos soviéticos en la exploración del espacio extraterrestre.
La enmienda se refería a que en la Constitución enmendada habría que empezar a contar las dos legislaturas presidenciales desde el “0” para el presidente Putin, si él se presentaba para su nueva reelección en el año 2024. O sea, se proponía descontar el tiempo que Putin estaba ocupando la presidencia del país y, por tanto, ya no tenía el derecho constitucional de presentarse de nuevo a las elecciones presidenciales. Luego, por lo visto, a los consejeros del Presidente o a él mismo, surgió la idea de “camuflar” esta enmienda “extraterrestre” de la diputada cosmonauta entre otras más, aprovechando la apertura del melón constitucional. Al final, el número de enmiendas era tal que se ha decidido aprobarlas en un referéndum y no sólo en el parlamento.
El que más había insistido en la celebración de la consulta popular fue el propio Putin, lo que estaban resaltando todos los medios de comunicación una y otra vez. Antes, durante y después del referéndum. Se creaba la sensación de como si el pueblo estuviera votando no sólo las enmiendas a la Constitución, sino que también expresara su apoyo al propio presidente Putin, el autor y el promotor del acontecimiento. La primera noticia que estaban dando los medíos, una vez terminada la votación, fue la que destacaba que a favor de las enmiendas había votado más gente que en las últimas elecciones presidenciales de 2018 había emitido su voto a favor de Putin.
Es muy importante este matiz ya que da la sensación de que el gran “Jefe” quisiera mandar un mensaje a “algunos” en las “cloacas” del poder, que la popularidad del Presidente seguía intacta y que tuvieran mucho cuidado al intentar a “descotarlo” antes del tiempo.
Y por último, quisiera destacar un par de enmiendas que, sí, pueden afectar el futuro panorama internacional. Una es la que casi “sacraliza” la integridad territorial de Rusia. Desde ahora en adelante la Constitución rusa prohíbe tajantemente entregar a ningún país del mundo cualquier trozo del territorio ruso, incluso, a cambio de otros territorios extranjeros, o por el dinero, o por algunas otras ventajas geoestratégicas. Esto apunta claramente a que unas largas negociaciones que Rusia está llevando a cabo con el Japón, por la devolución a éste de una parte de las islas Kuriles, ocupados por la URSS al final de la Segunda Guerra Mundial, están condenados al fracaso. Y más importante todavía: la suerte de Crimea está decidida para siempre, jamás podría ser devuelta a Ucrania, lo que seguramente creará importantes tensiones en la palestra internacional.
La segunda de estas enmiendas “internacionales” es la que proclama las leyes rusas por encima de cualquier ley internacional, lo que indudablemente alejará todavía más a Rusia del ámbito de la cooperación internacional.
Hay que reconocer el mérito de Putin de haber conseguido “constitucionalizar” muchas de sus aspiraciones en cuanto a la política interior y exterior. Pero no todas, como hemos comentado anteriormente. En algunas cosas importantes tuvo que ceder.
Lo único es evidente: los cambios constitucionales producidos recientemente en Rusia nos indican que algo importante está sucediendo en las alturas del poder que tarde o temprano nos asombrarán, como siempre estaba ocurriendo en la historia milenaria de este Gran País.