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TRIBUNA

De retorno a ésta mi isla de Perejil

domingo 06 de septiembre de 2020, 19:13h
Actualizado el: 09/06/2020 20:33h

Uno ha estado de excursión por esas tierras castellano-valencianas-manchegas, que son, para el que así quisiere arrestarlo, las más concisas mas las más ahítas de jetset y otras formas de lumpen. Ya sé que hay mucho más en este último tizne, pero la lectora sabrá distinguir lo horriblemente agramatical.

Uno ha ido a la Torre Mariana, que es el lugar idílico en donde nació por causalidad el maestro Raúl del Pozo. Eché todo un reportaje de fotografías como para reflotar Interviú. A Raúl se le quiere demasiado por aquellos molinos de ventiscas y río Júcar. Le he enviado medio reportaje fotográfico a este conquense universal y, lacónico como siempre y como no otra cosa espero jamás de él, agradecido se ha hallado.

Uno ha bloqueado a los amigos en las llamadas telefónicas, por cansinos, guarrindongos, moscas cojoneras y otros ovarios mal ovulados, y, en contraste, ha desbloquedado a los excesivos enemigos de los que en alto orgullo me armo como una entera herrería. Es que la iracundia de esta gente, la cual, en el fondo de su personal ponleví y naguas, pues que me da para mis jueguecillos que están -he de ser preciso por amonestar un poco más en lo que ahora viene en la escritura- entre las tripas desgallitadas, los ronquidos parleros o, por darle fin, la risa horripilante del idiota, tornando a Rimbaud.

Uno no ha escrito nada y ha leído menos. No por falta de arrabales de mis principales brindis hacia mí mismo, en caso tal, porque no me ha salido de los timbales y acabáronse las excesivas explicaciones, las cuales nadie se las merece.

Uno ha fumado poco o mucho contemplando las albadas cayendo sobre las torres de las iglesias de mis paisajes. Uno ha pensado poco y ha preñado el empreño de este mal endémico-pandémico con un silente ciprés hacia las alturas, como el verso de Gerardo Diego.

Uno ha estado en uno y en todos y todas, es decir, en nada. Como abad del vino blanco, he suplicado a los cielos requenenses no perder en el intento los dedos de las manos, pues son ya lo único que me queda para continuar hacia no se sabe dónde.

Uno ha regresado el otro día a esta Isla de Perejil, que los más incautos continúan nombrándola como Mallorca o vaya usted a saber. En fin, uno o una o todas o todos, ahora escribe estos cuentos como de Don Juan Manuel, pues en Alarcón -puebla de la Mancha- estuve leyendo en las paredes sus moralejas, que hoy en día no otra cosas son sino verdaderos y obedecidos pleitos contemporáneos transformados en aquellos aforismos que mi maestro Cristóbal Serra, ambos encerrados durante siete años en su casa de la Avenida Argentina, tanto me mostró en sus libros, mas, ante todo, en su palabra. Ahí va uno, así suelto como el rebuzno archipampánico de un asno:

Déjate llevar por el niño invisible que llevas dentro y verás a qué niñadas te conduce. No dudes que soliviantarás a más de un viejo.

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