Tanto Ignacio Garriga como Santiago Abascal han pronunciado largos discursos, copiosamente documentados...
Tanto Ignacio Garriga como Santiago Abascal han pronunciado largos discursos, copiosamente documentados, denunciando los errores cometidos por Pedro Sánchez en la gestión que el Gobierno frentepopulista ha hecho de la Covid-19. A la vez, ambos políticos han abierto la caja de los truenos para desgranar una bien argumentada relación de despropósitos políticos que, sin excesiva vehemencia, han instalado al sanchismo en la agresión a la Constitución, a la independencia de la Justicia, a la Monarquía parlamentaria y al Rey Felipe VI. Según Abascal, Pedro Sánchez tiene confinado al Monarca.
He escuchado con atención los discursos de Garriga y Abascal. Bien construidos, pero mediocremente leídos. Se echa de menos la gran oratoria parlamentaria y los buenos oradores. Solo Pablo Iglesias se pronuncia con fuerza, como en pasadas legislaturas lo hizo Duran Lleida.
Pedro Sánchez ha dicho lo que era de esperar. Esto es, se ha dedicado al autoelogio y a echar balones fuera. Sabe que Abascal tiene la moción de censura perdida y eso le ha encendido de satisfacción y ha alimentado su personal soberbia. Escribo estas líneas, en fin, cuando faltan muchas horas de intervenciones y debates parlamentarios hasta la votación final. Pero las exigencias de la tecnología digital son claras y he sentido el deber profesional de exponer mi punto de vista sobre el primer y sustancioso escarceo parlamentario entre los ponentes de la moción de censura y el presidente del Gobierno. Tal vez haya ocasión de retornar al tema porque se esperan intervenciones de relieve, si bien en la clase política actual predomina la mediocridad.