www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Una novia para andar

Juan José Vijuesca
miércoles 11 de noviembre de 2020, 20:12h

Reconozco que el modelo de vida japonés me pone. En más de una ocasión he brindado por sus excelencias y no es para menos cuando dan lecciones de saber hacer las cosas de manera respetuosa. Ordenados y obedientes sin confundir la obediencia con la rendición ni el orden con la falta de exigencia. El pueblo japonés es fiel a sus convicciones, nada nuevo teniendo en cuenta que Japón es de sobra conocido por su vida inteligente, aunque demasiado robotizada para mí gusto.

A mí eso de la inteligencia artificial me viene un pelín grande. Soy más de creer en lo que veo. Lo del ciberespacio y la digitalización temporizada está muy bien pero donde esté un plato de jamón ibérico que se quite la sociedad 5.0 y otras derivas futuristas. Me gusta el contacto humano, ese de aproximación a la mirada de frente y el dar la mano como señal de paz. De ahí que lo japonés no deje de sorprenderme. Tomen buena nota y apunten: Osampo Kanojo. Suena a nombre de deportista pero se trata de una mano robótica que se parece a una real, idéntico tamaño y mismas sensaciones, pero ojo, no para ser utilizada como prótesis, sino para llevarla cogida como si se estuviera paseando con tu pareja. Es una mano de compañía para todo aquél con serias dificultades de encontrar novia.

Los inventores se frotan las manos –chiste fácil-, pero el negocio funciona a favor de quienes necesitan desprenderse de la soledad, uno de los mayores problemas que tiene el japonés de hoy. Resulta paradójico pero la natalidad de Japón lleva años en caída libre fruto de esa falta de empatía entre los jóvenes para establecer relaciones de compromiso. La soledad ha ganado tanto terreno que el envejecer sin tener novia acrecienta la melancolía. “Echar una mano” a quienes necesitan sentir el roce de la piel desde un punto de vista más de orfandad romántica que amorosa requiere de argumentos más solidarios que placenteros, de ahí que los fabricantes hayan cuidado tanto los detalles que incluso la propia mano tiene la ternura de una plácida mujer además de su propio calor corporal. Por cierto, Osampo Kanojo en japonés significa “novia para andar” y ese el propósito.

Una manera de pasear amarraditos como la canción de María Dolores Pradera: “Vamos amarraditos los dos/Espumas y terciopelo/Yo con un recrujir de almidón/Y tú serio y altanero/La gente nos mira/Con envidia por la calle/Murmuran los vecinos/Los amigos y el alcalde/Dicen que no se estila…” , pues eso es precisamente lo que se acostumbra por las calles de Tokio, Osaka o Yokohama, el hacer valer que uno no está solo aunque lo haga cogido a una mano de quita y pon capaz de transmitir incluso estímulos que controlan el ritmo de nuestros propios pasos. Si aprietas, ella te aprieta; es decir, una enorme complicidad a la hora de hacer manitas. En pocas palabras, una novia para andar.

Imaginen amarradito a esa mano y encontrarse con algún conocido: -“Aquí mi mano de compañía” Inclinación reverencial protocolaria: “Beso su mano robótica y no me pongo a sus pies por observar que su compañera no los lleva puestos” Eso de puertas hacia afuera, pero en la intimidad la cosa puede conducir a mayores, ya sabemos que hay a quienes les das la mano y se toman el brazo. Me refiero a ciertos estímulos asociados al tacto, por ejemplo a un masaje con final feliz en nada que la inventada mano circunde los espacios recreativos corporales del novio en cuestión. Tampoco descarten la acción delictiva de la susodicha si gusta del irrefrenable impulso por lo ajeno, ya saben, sacar la mano a paseo; e incluso los crímenes pasionales llegado el caso. De ahí viene aquello de: “Se me fue la mano”.

Una de las ventajas de esta nueva variante social es que las pedidas de mano se hacen directamente a través de Amazon. Se evitan compromisos innecesarios con terceras personas. -Se te queda la mano fría, querida- Es el momento cuando ella –la Osampo Kanojo- le mete mano al novio buscando el calor corporal que necesita. Él tiene que notar el escalofrío según sea el lugar del aposento. La cosa puede resultar excitante o todo lo contrario, porque cuando una mano congelada se cuela a través del cuello de la camisa para corretear entre pecho y espalda la cosa puede acabar en crisis de pareja. Y eso luego pasa factura, porque no es lo mismo pasear tranquilos a la luz de la Luna que la mano de compañía comience a llamar la atención en público. – ¡Esa tiene la mano muy larga!- y es que el vecindario está muy al detalle. La gente es muy envidiosa, da igual en Japón que en Sebastopol.

La cosa de la robótica es peligrosa. No todo es como se describe en el manual de instrucciones. Me contaron el caso de un afectado de soledad existencial, pero con necesidades de seminal importancia, que se hizo con una muñeca hinchable de última generación. Al principio todo muy bien, pero después ella comenzó a coger confianza y se fugó con otro llevándose los ahorros del susodicho. Al parecer el reclamó a fábrica pero su compra estaba fuera de garantía. Dicen que falleció del disgusto y que la muñeca hinchable cobra del Estado español una pensión de viudedad. Por eso digo que estos avances están bien, pero no acaban de dar con la tecla.

Cierto es que la soledad es una canallada en cualquier parte del mundo, lo que sucede es que antes o después todos nos necesitamos de una u otra forma. Basta que algo descarrile en nuestra vida para que el ser humano requiera que alguien te eche una mano, aunque ésta sea robótica.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (23)    No(0)

+
2 comentarios