Dedicado a los autoflagelantes del ¡Qué pais!
Penetro en campo minado.
Me impulsa a escribir estas reflexiones la cita canalla, de David Summers, en el diario El Mundo: “En este pais somos muy hijos de puta” dice. Si hubiera dicho “hay muchos” en vez de “somos muy” podría estar de acuerdo con él; pero no, siguiendo la acomplejada y derrotista costumbre española de generalizar, para mal, escribe “somos”. Allá él si se siente incluido, pero conmigo que no cuente.
Uno de mis lemas vitales es “Prefiero tener alas que raíces”, no soy nada patriotero y hasta me repele la palabra Patria que tiene adherencias que detesto; pero me considero español porque me han nacido, casualmente, en España, aunque, a pesar de las continuas incitaciones, siempre he procurado tener una opinión, objetiva y no sectaria, sobre mi país.
Y no lo creo merecedor de ese derrotismo, tan de moda, que, a mi juicio, tiene dos causas: La primera, consecuencia de nuestra quijotesca confusión entre deseos y realidades que nos lleva a comparar todo con lo óptimo y utópico y no con lo real y posible; y la segunda por el “elegante” pesimismo que heredamos de los intelectuales de la Generación del Noventa y Ocho. Ser optimista o realista no está de moda ni da prestigio intelectual. Pero yo creo que España, comparada con las demás naciones, merece una buena calificación.
Para este somerísimo análisis voy a dividir el tiempo a considerar en dos partes: El, llamémoslo, antiguo o histórico y el último siglo del que, algunos, guardamos vivencias y recuerdos personales.
El histórico es, como el de todos los países, torpe, cruel, sanguinario, injusto, doloroso, lleno de miseria, hambre, enfermedad y plagado de machos alfa, tiranos ambiciosos que han llevado a sus pobres súbditos a interminables guerras, para aumentar su poder, rapiñando tierras que creían sus fincas. Y lo mismo para defenderlas. Vamos, el comportamiento normal del ser humano como especie.
Y de vez en cuando, como tocado por una gracia, algún raro gobernante, poco laureado, que buscaba la paz y daba, al pueblo un respiro. Y como margaritas en el estiercol, algunos extravagantes visionarios, a los que hemos perseguido con saña, que traían innovaciones, descubrimientos e ideas que daban ocasión, a la gente, de aliviar su trabajo y mejorar su salud y confort. Y también algunos locos, a los que hemos ninguneado en vida, que embellecían la nuestra con sus ideas, narraciones, construcciones, pinturas y músicas. Si, también seres humanos.
Encuadrada en estos parámetros, de brutalidad, guerras, conquistas, descubrimientos y chispazos de inteligencia, sin pasar por el cedazo de lo politicamente correcto actual, creo que España ha tenido un papel sobresalientemente desproporcionado para su entidad y riquezas naturales (solo tenemos sol y talento). Y si no nos dejáramos embaucar, tontorronamente, por la Leyenda Negra, que nos confeccionaron, nuestros enemigos, para mortaja, podríamos convenir que su protagonismo es excepcional.
Y mas de lo mismo, digo al derrotismo rampante, respecto al último siglo (mas o menos).
Para empezar por la parte negativa, mas negativa que nunca, quiero manifestar mi opinión de que nuestra penosa y cruel guerra civil, incluido checas, paseos, tapias y demás venganzas, fue un juego de niños traviesos comparada con las guerras mundiales, frías y calientes, en las que no participamos, con su acompañamiento de horripilantes bombardeos, masacres, genocidios, campos de exterminio, gulags, pruebas nucleares, Hiroshima, Nagasaki, Chernobyl, el muro, nacismo, fascismo, comunismo, etc.
Y en cuanto a la parte positiva:
Ochenta años de paz y consolidación, por fin, de un sistema democrático defendido, con tenacidad, contra la estupidez y contra el terrorismo.
La proeza de escalar desde el cero absoluto de final de la guerra civil al puesto número ocho en PIB y seguir entre las primeras, a pesar del lógico progreso de superpotencias económicas, demográficas o agraciadas con grandes recursos naturales.
Innumerables hazañas, con brillantes primeros puestos, en disciplinas impensables: Ingeniería y construcción civil, deportes, turismo, cultivo y exportación de vegetales, fabricación de automóviles, hostelería de vanguardia, etc.
Puesto relevante en la cultura: Picasso, Dalí, Falla, Albeniz, Gaudi, Calatrava, Ortega y Gasset, Cela... y miles.
Y tantísimos talentos que, precisamente, ese estúpido derrotismo que nos han inoculado y del que, algunos, se muestran tan activos y ufanos, nos impide “vender” o poner de relieve.