El equipo de Zidane se encontró con el gol de Modric y optó por especular con balón. Los locales, que avisaron a la contra y a la espalda de Marcelo, amortizarían un penalti absurdo de Carvajal. Fidel empató y se remangaron para aguantar un asedio capitalino falto de tino. Hazard volvió sin influencia. Por Diego García
El Real Madrid cerró su 2020 en el estadio Martínez Valero. Se enfrentaba al Elche, al galope de una inercia de seis triunfos consecutivos. Con la obligación de retomar el impulso y la concentración, pasadas las escuetas vacaciones. Y con el cansancio golpeando a un grupo de futbolistas de uso tan fundamental como repetido. Se cruzaba en su senda un conjunto ilicitano que se ha atascado. Convive con ocho jornadas seguidas sin degustar el sabor de la victoria, una deriva que ha anulado el buen inicio liguero y le ha apostado al borde de las plazas de descenso.
Jorge Almirón, ausente por contagio de coronavirus, no dispuso de los lesionados Diego González y Nuke Mfulu. Implementó tres variantes con respecto al choque frente a Osasuna: entraron Josema Sánchez, Raúl Guti y Víctor Fernández, en un esquema con cuatro defensores y no cinco, vertientes que se han ido alternando en este curso. Barragán, Gonzalo Verdú y Sánchez Miño redondearían la zaga que custodiaba al meta Edgar Badía, mientras que Marcone completaba el eje. El gol correspondería a Rigoni, Fidel y Lucas Boyé. Dani Calvo, Tete Morente, Josan Ferrández, Nino, Pere Milla o Guido Carrillo esperarían turno.
Zinedine Zidane, en su caso, celebró el vaciado de su enfermería. Rodrygo e Isco (por paternidad) representaron las bajas para un envite en el que recuperó a Modric y, sobre todo, a Eden Hazard. El belga empezaría en el banquillo y el croata se aposentó junto a Casemiro, Kroos y Lucas Vázquez. Asensio acompañaría a Benzema en punta y Marcelo sorprendió en el lateral izquierdo, con Carvajal, Sergio Ramos y Varane protegiendo a Courtois. Fede Valverde, Mendy, Odegaard, Vinicius, Jovic y el propio Hazard ejercerían como revulsivos.
Jesús Muñoz, ayudante de Almirón, ordenó marcar territorio y presionar arriba en el comienzo. Sin embargo, los visitantes avisaron del riesgo consiguiente a tanta valentía con una transición en la que Lucas Vázquez desbordó y centró para el remate fallido de Kroos -con todo a favor y sin marca, en el minuto 3-. Y, en consecuencia, replegarían los locales en su cancha, edificando un muro de nueve obreros desplegados en dos líneas muy juntas. Desafiando a la elaboración capitalina en estático y tratando de negar el juego entre líneas.

Con celeridad se desnudó el guión real: posesión y horizontalidad madridistas contra el achique y verticalidad levantinos. El pelotazo hacia el cuerpeo de Boyé con Ramos, Varane y Casemiro se convirtió, rápido, en la fórmula de salida casi exclusiva de un Elche que pescó un latigazo de Rigoni, desde el pico del área y que sacó Courtois, en un prólogo gobernado por la precaución global. Hasta que Benzema iluminó la mediapunta y facilitó el trueno de Marcelo que restalló en el travesaño -minuto 14-.
Había pensado Zidane que competiría ante un bloque atrincherado y por ello dio la alternativa al brasileño. Y en el envés de esa apuesta, el carioca se despistó y regaló su espalda a Rigoni, en una contra venenosa no resuelta por la pobre elección del atacante. Mas, se toparían los alicantinos con una pérdida de Boyé que dio paso a un relámpago lanzado por Kroos, elevado a la excelencia por el cañonazo de Asensio al larguero y uniformado en 0-1 al embocar Modric el rechace, con un cabezazo que se coló por la escuadra -minuto 20-.
Aplicaría anestesia, en ventaja, la delegación de Chamartín y no torció su libreto defensivo el estratega interino Muñoz. El ratio madrileño de dominio del esférico se multiplicaría, compitiendo con el dibujo muy adelantado. Bajaron el tempo desde las circulaciones cómodas y controladoras, con Modric y Kroos como arquitectos. Por ende, se atravesaría la media hora en un intervalo prolongado de centrocampismo, con Marcelo y Carvajal añadidos al centro del campo. Al tiempo que Fidel y Boyé batallaban por desahogar a sus oprimidos compañeros, domando los lanzamientos largos que acertaba a expulsar su retaguardia.
Hasta el descanso proseguiría el ajedrez, desprovisto de saltos de página. No aceleró ni verticalizó su plácida marcha el Madrid, limitando sus avances a centros laterales inocuos. Por su parte, los locales soltarían presiones selectivas, en un intento por interponer una enmienda, y Rigoni arribaría a amenazar en dos galopadas que amortizaron la debilidad táctica de Marcelo. Eso sí, ahondando en la falta de resolución que persigue a su colectivo. Así que el marcador permaneció inalterable en el camino hacia vestuarios. En un compás gélido que dejaba abierto el pronóstico.

Los franjiverdes no ejecutarían sustituciones en la reanudación. En cambio, no se mostrarían tan especulativos y borraron su tendencia al encierro. La mayor ambición pautada dio foco a sus creativos y sembraron un puñado de faltas laterales que desembocaron en el penalti infantil de Carvajal -por agarrón a Barragán-. Fidel batió a Courtois en la transformación -minuto 53-, empatando en el único tiro entre palos de su escuadrón. Y constriñó al favorito a activarse de nuevo. Se había 'reseteado' el partido, con el duelo de estilos refrescado. No le bastaba ya quemar el minutaje con un derroche cansino.
Una incorporación, regate y centro espinoso de Lucas Vazquez inauguraría el asedio sobrevenido -minuto 59-. El arquero Edgar Badía estrenaba un repunte de trabajo que afectaría, asimismo, a sus centrales. La velocidad de la asociación visitante había subido, pero rehuían los alicantinos el regreso a la cueva. Modric chutaría centrado, desde la frontal, con su once volcado. Y Boyé remató lamiendo la madera el enésimo contragolpe en el que Rigoni retrató al Marcelo defensor. Las cartas quedaron boca arriba, sin amarres, a 25 minutos de la conclusión.
Fidel, Rigoni y Raúl Guti continuaron creciendo, gracias a los huecos que ofrecían los desajustes de una presión merengue venida a menos. Y Boyé dispararía al cielo otra transición clara de un Elche que se gustaba en ese paisaje. La rebeldía ilicitana, sostenida por el paradón de Badía al zurdazo de Carvajal -desde el borde del área pequeña, en el 71-, trompicaría el acelerón pretendido por el coloso. Aunque Ramos pudo desnivelar el resultado al conectar un balón suelto que neutralizó el portero catalán. Y comparecerían Tete Morente, Josan, Fede Valverde y Hazard -por Rigoni, Rodríguez, Lucas Vázquez y Kroos- a falta de un cuarto de hora.
El desenlace se desarrollaría en los 20 metros que circundaban el arco de Badía. Hazard, Valvede, Benzema y Asensio fluctuaban en la mediapunta, escudriñando pasillos interiores que no amanecían. Y Carvajal y Marcelo yacían como centradores exteriores. La urgencia apretaba a un Madrid impreciso y el desborde de Vinicius fue inyectado -por Asensio-. Carrillo supliría a Boyé para sumar a un esfuerzo agónico que eludió el intento desafortunado de Benzema -no acertó a cabecear un centro quirúrgico de Modric en el 89-. Para arrancar un punto y cortar la racha madrileña de cuajo. Volvió la indolencia a Concha Espina y volvió el pinchazo.
- Ficha técnica:
1; Elche CF: Edgar Badía; Barragán, Gonzalo Verdú, Josema, Sánchez Miño; Víctor (Tete Morente, min. 73), Marcone, Raúl Guti, Fidel; Rigoni (Josan, min. 73) y Lucas Boyé (Guido Carrillo, min. 86).
1; Real Madrid CF: Courtois; Carvajal, Sergio Ramos, Varane, Marcelo; Casemiro, Kroos (Valverde, min. 77); Lucas Vázquez (Hazard, min. 77), Modric, Asensio (Vinicius, min. 86) y Benzema.
Goles: 0-1, min 19: Modric. 1-1, min. 51: Fidel, de penalti.
Árbitro: Figueroa Vázquez (Comité andaluz). Mostró tarjeta amarilla a Sergio Ramos, Casemiro, Carvajal y Kroos por el Real Madrid, y a Gonzalo Verdú por el Elche.
Incidencias: encuentro correspondiente a la decimosexta jornada de la Liga Santander disputado en el estadio Martínez Valero a puerta cerrada.