Luis Cobos, el trabajo bien hecho
lunes 01 de septiembre de 2008, 20:39h
Manchego de largos cabellos románticos y bigote al más puro México lindo y querido. Luis Cabos es un triunfador nato, un músico esclarecido, moderno, sin apartarse del clasicismo ilustrado. Lo mismo compone una balada romántica, un arreglo pop o la banda sonora de una película de éxito. Conozco a Luis desde los años setenta, cuando entró a formar parte del Consejo de la SGAE. Atractivo e inteligente, gozando de un don de gentes espectacular. Siempre activo, no paraba un momento. No conozco una persona que sacara más rendimiento al tiempo. Jamás le vi ocioso. Una mente clarísima y una sabia intuición para el éxito. El éxito reflejado en venta de discos.
Su singular álbum de recopilación de zarzuelas por los años ochenta fue la leche. Entre la zarzuela, que está muy bien y el aire pop que le dio el manchego bastó para que los jóvenes bailaran con Vives, Serrano, Luna o Alonso.
Estuvimos unos años unidos por las almuerzas de trabajo en el desaparecido restaurante Valentín con Berlanga, Azcona, Fernán Gómez y por las noches, las suculentas cenas condimentadas por otro ilustre manchego, el gran pintor Pepe Díaz. Con su estudio en un ático encima del café Gijón, donde manipulaba su merluza a la bilbaína, su bacalao al pilpil y el cocido a petición mía. Cantante en pleno agosto a cuarenta grados a la sombra, con evidente peligro de acabar haciendo la digestión en la UVI de La Paz. Las noches en casa de Pepe Díaz eran interminables.
Se hablaba de todo, menos de política y de pintura. Por Pepe conocimos a Santiago Carrillo y durante algunos almuerzos, formó parte de nuestra tertulia. Luis Cobos, Alfredo Mañas y un servidor disfrutamos de los lindo, con la charla de un responsable directo de la transición.
Luis Cobos, con su bien ganado dinero, montó un estudio de grabación; era la época moderna y dinámica, en la que no le faltó trabajo. Aunque demasiado esclavo, para un temperamental como Luis. Sus conciertos de música clásica, grandes éxitos. En México es considerado como máximo exponente de la dirección actual.
Influido por los conciertos de año nuevo, que retransmite TVE desde Viena, sacó un disco con la Orquesta Sinfónica de Viena y The Royal Philarmonic Orchestra con aires vieneses. Se sentía el vals, la polca y se notaba la brisa del atardecer sobre el Danubio.
Antes del boom del musical en Madrid, Luis y un servidor estrenamos “Fantástico Bocaccio”, con texto mío, basado en el Decamerón y una música caprichosa e imaginativa con un par de baladas maravillosas del ilustre manchego. Se estrenó en el Teatro Calderón de Madrid. Como la obra no venía abalada por el éxito extranjero, no acudió ni el gato. Luis y yo gozamos como locos en lo mejor que tiene el teatro: los ensayos.
Hay un disco del año 1980 con The London Simphoni Orchestra, el coro de la Royal Opera House con Plácido Domingo, que no me aburro de escuchar. Como en este momento que está ilustrado este escrito, un fragmento de “La Traviata”. Es una pena que no lo puedan saborear porque está lleno de ópera italiana.
Por aquello de que no se puede estar quieto, fundó una sociedad de gestión con el fin de recaudar y repartir el derecho correspondientes a intérpretes y ejecutantes. Luis capitanea la sociedad, como si de una orquesta se tratara y todo están felices con el éxito.
Trabajador nato, con talento y generosidad con los amigos, espero que un día decida descansar a reponer fuerzas y volvamos a nuestras viejas cenas, donde no se hablaba de política y sí de sexo. Date prisa Luis, que ya vamos quedando pocos.
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Comediógrafo
JUAN JOSÉ ALONSO MILLÁN es comediógrafo
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