No pudo ser…del todo. Que el realismo cívico arrinconara en el cuadrilátero del 14 F a la ensoñación secesionista, no pudo ser. Al menos, no pudo ser por K.O., pero sí por puntos. Ganó Salvador Illa y su discurso moderado y realista frente a la alienación independentista. Le faltaron aliados, más de un millón de ciudadanos desertaron del voto que anteriormente habían prestado a Ciudadanos o, más bien, hacía tiempo que el partido de Inés Arrimadas había abandonado su obligación con Cataluña. Nunca perdonaron, ese largo millón de ciudadanos desertores del voto y, tal vez, un poco asustados por la pandemia, que su jefa les abandonara en el Parlament para irse a pasear por la Carrera de San Jerónimo en Madrid. Las decisiones absurdas tienen un precio en política. Ciudadanos no había nacido para llenar la copa de la ambición personalista de un adolescente Rivera, como creo que le epitetó admonitariamente uno de los fundadores de Ciudadanos, el brillante académico y jurista Francesc de Carreras, sino para algo más modesto aunque también más necesario: servir de dique de contención al nacionalismo catalán. Ya es tarde.
De alguna manera, el liberalismo radical, como quiso terminar definiéndose el partido de Albert Rivera, y utilizo yo aquí el término ‘radical’ en el sentido de compromiso con la preocupación por la justicia social y las políticas de bienestar, tendrá que reinventarse, si quiere disputarle ese espacio al partido socialista, en un legítimo intento de consolidar, una vez más, una “tercera vía” entre izquierda y derecha en el espacio electoral de España, al estilo de lo que hiciera Tony Blair en Gran Bretaña años atrás, frente al conservadurismo neoliberal y frente al laborismo izquierdista, anacrónico en la era de la globalización y de la madurez cívica. Veremos.
El partido de Casado ha sido barrido del espectro político de Cataluña. La titubeante y sorprendente posición de su líder frente a la respuesta del Estado ante aquellos “dies irae” de la rebelión a las normas del Estado de Derecho, por parte de las masas secesionistas, ha entregado directamente sus doscientos mil votos al partido de Abascal. Es la firmeza de una posición, frente a la “derechita cobarde”, una vez más. Curiosidades de la terminología política, en Francia un fracaso electoral de este nivel ya estaría provocando la refundación de lo que aquí entendemos por ‘derecha’ y ellos llaman republicanismo. Reagrupación por la Répública, que llevó a la Presidencia de Francia al entonces alcalde de Neully-sur-Seine, tras la refundación del partido de Chirac, acosado por las acusaciones de corrupción. Ideas del país vecino para tomar buena nota de ello, país que, por cierto, también está experimentando en la persona del presidente Macron su particular tercera vía.
Decían los clásicos que opera habent sua fata, refiriéndose al incierto destino de las cosas y los acontecimientos, independientemente de la voluntad y las intenciones de los sujetos que las producen o protagonizan. La mayoría de los analistas políticos van a especular estos días con las intenciones del Maquiavelo de la Moncloa, el inteligente y pragmático politólogo Iván Redondo, que con tanto acierto suele asesorar a su cliente Pedro Sánchez, para llevarle, como gustaba hacer al florentino autor del Príncipe, por cualquier medio a su alcance, hasta el fin del éxito político como conquista o mantenimiento del poder. Que si PSC pactará su rendición en Cataluña ante ERC a cambio de su apoyo en Madrid, que si la zanahoria de los indultos a los condenados del procés permitirá el acercamiento de socialistas y republicanos de Cataluña para deshacerse, conjuntamente, de la peligrosa sombra del partido de Puigdemont… No sabemos.
Tal vez el destino, como suele ocurrir en ocasiones especialmente luminosas y críticas, explore salidas imprevistas e improbables. A veces sucede lo improbable. De momento, la presencia de un filósofo como Salvador Illa en la política nos recuerda el sueño político de Platón, que al menos los políticos se acerquen a la filosofía ya que nunca gobernarán en este mundo los más sabios y virtuosos. Brindemos, tras la elecciones del 14 F en Cataluña, ya que no por el mejor de los mundos posibles, al menos por un mundo un poco mejor en un contexto tan difícil y crítico, pues también podría ser, incluso a pesar de las intenciones y voluntades de los diferentes actores, a pesar de su respectiva preparación y limitaciones personales, que el protagonista de este insólito relato fuera capaz, por fin, de comenzar a disolver el hechizo de la ensoñación secesionista.