Se están moviendo todos de la foto porque unos tránsfugas en Murcia estaban de uñas con Arrimadas, a la que ya le cantan en los papeles “¿Dónde vas, doña Arrimadas, dónde vas, triste de ti?”. La España política anda convocando ejecutivas y contrarreformas a la rebatiña. No se va a salvar ni el apuntador. Ahora, lo que esperan todos es un cargo, salvar el pellejo, terminar de pagar el chalet, salir de bureo a lo verde los fines de semana, seguir yendo a esa calita en el barco donde se está tan bien, amor mío.
La Zarzuela también quiere remozarse, porque cuando las barbas de tus vecinos veas cortar, pon tu corona a bruñir y charolar. El españolito vuelve a ver rostros preocupados en la tele y una de las dos partes o mitades del Gobierno se va a reunir con el jefe de la Casa del Rey, Jaime Alfonsín, para ver qué más se puede hacer por la transparencia y la fiscalización de la jefatura del Estado. No vaya a ser que por una tontería así, nos reformen la carta magna de toda la vida, cariño, y nos saquen la guillotina a la plaza Mayor o nos echen a los tiburones, como prometió la ministra de Igualdad en 2013. Ay.
Salen sorpresivamente el vice-cesante diciendo que él lidera la izquierda en Madrid y la presidenta madrileña al grito de “comunismo o libertad” y evocando repúblicas caribeñas –ay, quién se balancease en hamaca jamaicana–, pero continúan los problemas del cobro de los ERTE y las rentas mínimas en un país de sinvergüenzas máximos. Siete mil millones en ayudas directas a empresas y autónomos que los ministros aprobaron finalmente el viernes, que han de repartir las comunidades al llamado tejido productivo –más destejido y tazado que otra cosa–, y que habrán de gastarlos este año, so pena de devolverlos a Hacienda. El reparto irá en función del PIB de cada región: los más fuertes recibirán menos y los más afectados se llevarán más ayudas, al revés de lo que le ocurre a la ciudadanía, donde los españoles más ricos ganaron mucho dinero con la crisis. La riqueza de alguno aumentó un 52% y aunque son menos los ricos, su patrimonio aumentó con la llegada del bicho. A nuestros candidatos y ministros les preocupa la imagen, ya sabemos, hacer una pose televisual, recostarse en el sofá presidencial y arengar con una filípica, para que el personal reciba su dosis de mentiras. Todos y todas, en Murcia y en Madrid, andan pensando que como no le den una cartera de Innovación o Folclore local se toman la revancha, pasan a la oposición y se hacen del enemigo con prebenda de añadidura. Lo de los empresarios es otra cosa sin solución y no va con ellos, porque antes no eran nada y ahora son mucho. Y lo mejor es reservarse para los suyos, los de ellos, los de siempre, que poco importan las siglas del partido.
El caso es que la mayoría de los empresarios españoles están en quiebra y ha aumentado su endeudamiento, y en el Ejecutivo se han retrasado en ponerse de acuerdo en cómo regular estas ayudas, que para los expertos en macroeconomía son una calderilla. Porque ocurre que en el hogar del político se come caliente todos los días y la niñera cuida de los infantes, porque ellos son los europeos y adelantados, no los demás. Nosotros, en cambio, andamos a verlas venir y colgando el letrero de “se traspasa este local”, entre el ministro de Sanidad que hizo carrera en Cataluña y el vice que salió corriendo ante la que se avecina, porque el país no acaba de decidirse entre unos y otros y ellos no quieren perderle la cara al país. La cara que tienen todos, decimos.
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