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POR LIBRE

El “soso” Gabilondo y el “moderado” Bal, dos despistados en la guerra de Madrid

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 21 de marzo de 2021, 19:19h

El “soso” Gabilondo y el “moderado” Bal viven en la luna, mientras en Madrid se libra la madre de todas las batallas. El candidato del PSOE perderá, pero se llevará un buen saco de votos, que para eso cobra Iván Redondo. El candidato de Ciudadanos, en cambio, se desgañita para nada. Con suerte, se sentará en el gallinero de la Asamblea.

La guerra de Madrid ha estallado porque el poder omnímodo del Gobierno socialcomunista se evapora cuando entra en la capital de España, donde el PP es el partido que gobierna, y con éxito, la Comunidad y el Ayuntamiento. De ahí, la conspiración de toda la izquierda para derribar a Isabel Díaz Ayuso el 4-M. La “progresía” política y mediática se arma hasta los dientes para emprender el acoso y derribo al PP. La trama de partidos que urdió la caída de Rajoy está en marcha de nuevo. Madrid tiene que caer en sus manos.

La crispación política que convulsiona España parecerá una broma ante las emboscadas que prepara la izquierda en esta campaña. Emboscadas desde todos los frentes. Desde todas las Instituciones asaltadas por el Gobierno, como la Fiscalía General del Estado, Correos, el INE y el CIS, dispuestas a cumplir sin rechistar las órdenes de Pedro Sánchez. Y ya sabemos cómo se las gasta el presidente del Gobierno. No hace tanto, intentó evitar que el Comité Federal del PSOE le echara de la dirección colando sus papeletas a puñados en una urna escondida tras una cortina. Le pillaron y se fue con el rabo entre las piernas. Pero ahora está al frente del Gobierno. Y le sigue gustando ganar por las buenas o por las malas.

No hay que fiarse. La izquierda que nos gobierna hoy no tiene escrúpulos. Las mociones de censura son un mero ensayo general de un ataque descomunal al poder del PP en Madrid. En Murcia contaron con la estúpida complicidad de Ciudadanos. Pero ni Inés Arrimadas ni Edmundo Bal se han enterado aún de que Sánchez les tendió una trampa que les ha hundido en el fondo del pozo. Pero siguen enganchados a la bisagra oxidada de pactar a derecha o izquierda. “Centralidad y moderación”, dice el candidato. Siguen alelados. Siguen apoyando, sin saberlo, al presidente del Gobierno.

Gabilondo puede ser soso, porque detrás cuenta con el Ejército de Iván Redondo y con los escaños de la extrema izquierda. Pero Bal no debería ser el tonto útil de esta guerra, porque aquí no se hacen prisioneros. El que pierde, desaparece. Deben aprender la lección de Murcia. Atacar al PP como única estrategia le condena a la irrelevancia. Debe ser que sufre el síndrome de Estocolmo con Pedro Sánchez.

No hay que cerrar los ojos a la realidad. Los populistas han logrado lo que buscaban: resucitar las dos Españas o los dos bloques. Y hay que elegir uno. Hoy, si el PP no alcanza el poder pronto, Pedro Sánchez se eternizará en La Moncloa. Y el presidente está decidido a descuartizar el partido de Pablo Casado, el único que puede arrebatarle la Presidencia. El centro, si alguna vez existió, ha desaparecido del mapa.

Y en la guerra como en la guerra. El amigo del enemigo se convierte en enemigo. Los pocos votantes que le quedan a Ciudadanos son tan pocos por haber conspirado con el PSOE y en contra de sus militantes y dirigentes. Por haber conspirado contra los principios que llevaron al partido a lograr una histórica victoria en las elecciones catalanas, cuando Inés Arrimadas estaba en el bando que corresponde a un partido que dice ser liberal. No en el de los socialistas, los comunistas, los separatistas y los proetarras.

Porque si el centro derecha no une sus fuerzas, la izquierda se llevará el botín. El PP puede salvar Madrid por el ímpetu de Isabel Díaz Ayuso, ganado a pulso por ser el muro de contención de la izquierda, por desafiar sin complejos a Sánchez y a Iglesias. Pero necesitará que a Bal no le vote ni su padre. Porque, si no, por pocos que sean, sus escaños se irán al zurrón de la izquierda.

Sí. En la guerra como en la guerra. Madrid no es el rompeolas de todas las Españas, como escribió Antonio Machado. Es el rompehuesos, el escenario en el que se libra la madre de todas las batallas.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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