www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

La vuelta al cole

Carlos Madrid Casado
x
carlosmadrideducamadridorg/13/6/13/19/26
jueves 11 de septiembre de 2008, 21:39h
Coincidiendo con el inicio de un nuevo curso, parece buena ocasión para ocuparse del tema educativo, uno de los tres o cuatro temas de nuestro tiempo. Actualmente, la práctica totalidad de la población escolar asiste a centros escolares y está alfabetizada, y por si fuera poco hoy se destina más dinero que nunca a la educación en forma de becas, ayudas y subvenciones de todo tipo. Ésta es, aproximadamente, la realidad «oficial» de la educación; una realidad que, sin embargo, no coincide del todo con la realidad educativa «realmente existente».

Hay, por ejemplo, un enorme fracaso escolar, más o menos disimulado, que las autoridades políticas en el poder se empeñan en negar sistemáticamente y que afecta a todos los niveles educativos, desde la educación infantil hasta la superior. Un fracaso escolar que se resume en la falta esencial de calidad en la educación y que se evidencia de muchas maneras, pero quizá especialmente en el hecho de que la mayor parte de los licenciados no son capaces de expresarse con un mínimo de corrección ni de escribir sin faltas de ortografía, amén de que en muchos centros se viven situaciones de verdadera lucha de «clases».

¿Por qué no coincide la realidad educativa «oficial» con la realidad educativa «realmente existente»? ¿Cómo es posible que cuantos más medios se destinan y cuanto más se amplía la educación más descontentos parecen estar tanto alumnos como profesores (y, como consecuencia, la propia sociedad)? La respuesta, por más que los políticos no quieran reconocerla y se dediquen a tirar balones fuera, no puede ser otra que ésta: su intervención no responde a las necesidades sociales.

«La educación lo es todo» ha sido un eslogan extraordinariamente efectivo gracias a la ambigüedad esencial que esconde. Se atribuye así a la educación un poder ilimitado que de hecho no tiene, porque se escamotean los condicionamientos biológicos, psicológicos y sociales que afectan decisivamente a todo individuo y que marcan el punto de partida y los límites de toda educación individual. No todo el mundo es, ni puede ser, Cervantes, Newton, Nabokov o Einstein. Los condicionamientos naturales limitan el alcance intelectual exactamente igual que el físico, y no todo el mundo puede correr cien metros en diez segundos, lo mismo que no todo el mundo puede entender con rigor matemático la idea de límite o el cálculo infinitesimal.

Y lo mismo que la educación no lo es todo, tampoco hay «una educación gratuita para todos». Aquí la falsedad es mucho más evidente. La educación es siempre costosa. Y decir que «son los ricos los que la pagan a los pobres» no es sino una mentira añadida. La mayor parte de los impuestos la pagan las clases medias y bajas, no las altas, y la verdad se acerca más a lo contrario: que son las clases medias y bajas las que, en muchos casos, pagan, por ejemplo, la educación superior de los hijos de las familias ricas (que los envían a estudiar a las universidades públicas).

Pero, con mucho, lo peor no es esto. A día de hoy, como sabe perfectamente cualquier maestro o profesor, la educación privada «vende» los títulos académicos, exactamente igual que la educación pública los «regala». Me explico. Con las últimas reformas educativas, cualquier alumno de educación secundaria puede titular, es más, titulará, si «pasa» los años suficientes en el colegio o instituto. Es cuestión de tiempo, no de esfuerzo. Si es buen estudiante, acabará la ESO por la vía normal; y, si no es buen estudiante, o simplemente no quiere serlo, aún puede obtener el graduado por otras vías mucho más fáciles (Diversificación o Cualificación Profesional). En cualquier caso, el resultado es el mismo. Se lo aseguro. Gracias a los pedagogos, el alumno dispondrá en sus manos de un título que le abrirá las puertas del bachillerato. Aunque jamás haya resuelto bien una ecuación de segundo grado o sepa redactar con un mínimo de corrección y claridad. ¿En qué cabeza cabe que el pillaje tenga las mismas ventajas que el trabajo honrado? Es de locos. Puestos a regalarlo cuando sean mayores, propongo a quien corresponda que, en España, a todo recién nacido se le entregue, junto a la partida de nacimiento, el título de graduado en la ESO. Sí. Como lo oyen. Y a nosotros, los profesores, que nos reciclen.

Carlos Madrid Casado

Profesor de Bachillerato

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (5)    No(0)

+
0 comentarios