Me confirmaba un peruano ilustre su temor a que el sectarismo comunista de Pedro Castillo convierta a...
Me confirmaba un peruano ilustre su temor a que el sectarismo comunista de Pedro Castillo convierta a Perú, reflejado en el espejo castrista, en una nueva Venezuela. Keiko Fujimori después de 40 días ha aceptado el resultado de las elecciones, sin esperanza de que se rectifique la eventual trampa de los comunistas. Parece claro que se mantienen una serie de pasajes oscuros que, de ser resuelto de otra forma por del Jurado Nacional de Elecciones, Pedro Castrillo habría resultado perdedor.
No ha sido así y, aunque la larga espera, ha debilitado considerablemente a Pedro Castillo, el resultado es que el comunismo ha ocupado el poder en Perú y será muy difícil desembarcarle da esa nave de rumo fijo. Seguramente, en Occidente, salvo en determinados sectores, no existe conciencia de lo que significa la “victoria” de Pedro Castillo. Pero el país se adentrará en poco tiempo por las sendas enmarañadas de la pobreza porque, en una primera etapa, el comunismo se robustece sobre la miseria ya que la nación subsidiada depende económicamente del subsidiador marxista.
El Foro de Sao Paulo fue un invento de Fidel Castro para, tras la caída del muro de Berlín, salvar el comunismo en Iberoamérica desde la cuna cubana con triunfos totales o parciales del castrismo en Venezuela, en Nicaragua, en Bolivia, en Brasil, en Argentina, en México… Y ahora en Perú.
Los horizontes se han emborrascado en el país andino. Se presenta para el futuro una larga tarea erizada de aristas si los peruanos quieren recuperar el sistema de libertades por el que siempre han luchado y que se encuentra ya gravemente herido. Porque, en contra de lo que algunos quieren reconocer, el comunismo no es una democracia, sino una dictadura pura y dura.