En el prefacio de “El Proyecto de Constitución para Córcega” dice Rousseau que la mejor fórmula de gobierno no es la que se hace para una nación sino al revés, cuando se crea una nación para el gobierno. Ahora bien, formar una nación no es cosa sencilla en cualquier caso y más desde estados alejados, como se ha demostrado ahora en Afganistán después de veinte años de presencia occidental.
“Tenemos que repensar la manera en que desarrollamos nuestras intervenciones en el exterior”, ha dicho Borrell, el representante de la PESC en la UE y a continuación, persistiendo en el error, añadió que “las misiones de formación son más necesarias que nunca”.
En esta cuestión de formación nacional racional, principalmente, lo que hay que tomar en consideración es la fuerza persistente del pasado en los estados, que al final, se quiera o no, es lo que acaba triunfando y esto se puede ilustrar mejor con Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights) de Emily Brontë, parodia gótica de amor, donde desde el principio está anunciado cual va a ser el resultado, con fecha, nombre y apellidos grabados en el muro principal del lugar, entremezclados “entre una selva de animales mitológicos hechos pedazos y angelitos juguetones”.
La novela cuenta, en resumidas cuentas, la adquisición generacional de un estado o hacienda (estate). Es generacional porque la diseña una primera generación, la ejecuta una segunda y la termina la tercera. Es adquisición, más que conquista, porque se realiza por medio de instituciones jurídicas: matrimonio, tutela, propiedad y sucesión. Y es estado en sentido amplio, en cuanto unidad organizada de producción.
Cumbres Borrascosas tiene una localización muy precisa en Yorkshire, en el norte de Inglaterra, pero tampoco importa demasiado donde con tal que sea peculiar, esté alejado y la Naturaleza desempeñe un papel esencial; o dicho de otra manera, que haya poco margen para la iniciativa individual. Es decir que Afganistán puede estar en cualquier lado en el que se den esas condiciones de estado. De hecho, en la hacienda hace mucho viento (Wutehring, localismo de windy), y está en lo alto (Heigths) cuya altura, estaremos de acuerdo, le proporciona una ventaja competitiva para lanzar operaciones destructivas sobre el llano, sea invierno o verano.
Su propietario, un “pater familias“ tradicional, un día decide sin más ir a la ciudad, otra forma de estado más evolucionado, de la cual regresa con un muchacho muy moreno que, dice, se había encontrado por la calle paseando y como le dio mucha pena dejarlo, lo trajo. El caso es que, al poco, se muere y les deja a sus descendientes un rival más difícil de batir que un huevo de plástico, que, aunque se estira siempre vuelve a su estado.
El joven descarriado ni se imagina tampoco la que le espera, pues su implacable destino está ya diseñado para ser utilizado como ariete y apropiarse del estado de abajo Thruscross Grange (La Encrucijada del Tordo) que está sobre un prado, en un cruce de caminos instalado. El tordo (turdus merula), por terminar de aclarar el enunciado, es un pájaro que imita el canto de otros pájaros y que canta porque le gusta y se siente reconfortado. Lo que significa que si oyes cantar a un tordo nunca sabes, si no le ves, si es él u otro pájaro.
Y dado que todo en Cumbres Borrascosas es tan extremo y desubicado, Heathcliff (brezo del acantilado) como era el chico denominado, está poseído por un irresistible impulso interior destructor, y se pone a romper de mal humor todo lo que hay a su alrededor, porque ornitológicamente hablando, es un cuco (cuculus canorus) o sea un pájaro que pone los huevos en los nidos de otros para que se los cuiden y luego matarlos.
El caso es que herido en sus sentimientos, aunque no lo pareciera también tenía algo de humano, por Catherine Earnshaw (su hermana putativa) Heathcliff abandona la hacienda cuando ella elige como marido al heredero del otro estado. Sin embargo, al cabo de unos años se da vuelta la tortilla, vuelve misteriosamente enriquecido y comienza su amorosa empresa destructiva, dominado por ese estado impulsivo y desmesurado, que no distingue lo de arriba de lo de abajo.
Total, que, a final, Heathcliff termina arrastrado por la corriente telúrica de aquel sitio tan ventilado, la cual no discurre de frente ni de lado sino que va para atrás, como en Afganistán, de vuelta otra vez al pasado