Es curioso, nunca deja de sorprenderme, como esto que llamamos intención de voto “va por barrios”, es decir, en ocasiones le toca a uno conseguir el apoyo del electorado y otras veces se beneficia el de enfrente, pero, sobre todo, me llama la atención los motivos, las circunstancias, los argumentos y pretextos presentados por los votantes para justificar su dictamen.
Teniendo en buena estima al expresidente Mariano Rajoy por su labor “en pos” de salvar a España de una descomunal crisis económica heredada del “Zapaterismo”, es cierto que fue un líder político poco cercano al que se le olvidó, dicen los que saben de esto, hacer política. Encauzó con medidas difíciles de tomar, de esas que no quiere tener que asumir nadie, la economía del país hacia un crecimiento lento pero seguro y, sin embargo, se le olvidó hacer política y "llegar" a la gente.
Podemos discutir si se le olvidó, si no estaba en sus planes o si no estaba el horno de España para otros bollos que no fueran el paro, la prima de riesgo, la inflación, el déficit… El caso es que eso, insisto, preocuparse por la economía y no hacer otras cosas, fue penalizado por el electorado.
Por el contrario, el actual jefe de un Ejecutivo de coalición, Pedro Sánchez, atado siempre de pies y manos por su propio interés de ser presidente cueste lo que cueste, está comprobando cómo las palabras bonitas pero vacías y las promesas esperanzadoras pero falsas le están llevando por los mismos derroteros. De nada sirve hacer una política “justa” si la economía no funciona, si todo lo dicho es un fraude y lo convenido resulta ser una total y absoluta mentira.
Sabemos que es esa intención de voto la que marca los designios de la acción política del que está en el poder y del que quiere alcanzarlo. Ese es el juego aceptado por todos, usted que vota incluido, aunque ahora esté pensando “no, yo no, lo que pasa es que no hay ningún partido que me represente de verdad o los que me representan acaban vendiéndose o cayendo en corruptelas”. Sea coherente, vote al que crea que mejor va a defender de verdad sus intereses y si no lo hay, vote en blanco o no vote. ¿Se imagina unas elecciones con un 95% de abstención? Imagino (ya digo “imagino” porque esto es España y nunca se sabe) que alguien tomaría nota y se cambiaría la forma de hacer las cosas.
Por eso sorprende la inacción de este Gobierno de coalición, más preocupado por las cuitas internas que por solucionar problemas, con algo tan sensible como es la subida del recibo de la luz. Indudablemente, tendrá su coste político. Por que, además, ¿no se dan cuenta de la ruina tan grande que supone para millones de españoles? Y, sin embargo, no se hace nada efectivo que rebaje de alguna forma la tarifa. Casi todo el mundo puede pagar una factura de la electricidad considerablemente más cara. Se pagará. Es una prioridad en un hogar.
El problema es que dejas de tomarte esa cerveza tan placentera con los amigos o la familia en el bar de la esquina o no te compras una camisa o no vas a ver la película en el cine que querías porque ya solo da para ver la que quiere el pequeño de la casa y la cesta de la compra se encarece porque todo gasto extra en todas las empresas repercute en el precio final de los productos y porque, como leí el otro día, hacer una tortilla en casa tampoco tiene el mismo precio que hace un año. Y no hablamos de los que tienen un negocio y tienen que pagar la luz.
No les cuento, porque alguno lo sabrá de primera mano, la angustia que siente el parado que no encuentra trabajo o el empleado que va a perder el que tiene porque la subida del Salario Mínimo Interprofesional obliga a su jefe a prescindir de algunos empleados. Otro claro ejemplo de cómo una mala gestión económica puede repercutir en la política social, la "justa", bandera de un Gobierno que promete todos los días un “escudo social” y que “nadie se va a quedar atrás” y, por el contrario, muchos ven que nada ni nadie les protege y que, no es que vayan rezagados, es que se ha perdido el tren.
Las encuestas, nunca exactas pero siempre aproximadas, salvo excepciones, dicen que Sánchez y sus socios en el Ejecutivo (no así los que se aprovechan de ellos en el Parlamento) caen, pierden la confianza de un electorado que no se cree ya sus mentiras y que cuando promete que al final de año se pagará en el recibo de la luz lo mismo que en 2018 lo único que pasa por la cabeza es “¡no te lo crees ni tú!”. Lo decía una persona de la calle preguntado en un programa de radio. Porque no es solo ese recibo, es lo que sube todo lo demás y la decepción de aguantar y tragar sapos con un engaño detrás de otro.
Pedro Sánchez pedía la dimisión de Mariano Rajoy porque subió el precio de la electricidad un 8%. Llevamos un 250% de incremento en las tarifas y no veo ninguna intención de asumir responsabilidades por parte de nadie ni movimientos en el Gobierno para que dimita alguien, aunque sea el becario. Pero es que la calle, o sea, todos ustedes y yo, tampoco nos movemos.
Para la próxima, ya sabe, usted elige: eficiencia o carisma, soluciones o palabras bonitas, hechos o promesas. ¿A que siempre nos equivocamos?