“Quiero que en mi país vivan con dignidad"
Raúl Cardenal Silva Henríquez
Cuando la iglesia católica chilena, pasa por sus peores momentos, a causa de los sucesivos escándalos al interior de la curia por las lapidarias acusaciones de pedófila y corrupción, quienes profesamos la fe, nos mueve una obligación moral recordar, quien fuera el denominado Obispo rojo, de nuestra sufrida y maltratada nación.
Como dato biográfico, nació en Talca, el 27 de septiembre de 1907, cumple 114 años de su natalicio. Fue sacerdote salesiano, obispo de Valparaíso, Sucesor del cardenal José María Caro, El papa Juan XXIII lo nombra la máxima autoridad católica chilena.
Curioso nunca fue el preferido postulante, por el contario Emilio Tagle era carta de la burguesía conservadora de la época. Este joven obispo fue muy adelantado para esos tiempos, tiempos de cambios indispensables en una sociedad vergonzosamente injusta.
Conducir la poderosa Iglesia católica, la que mantenía una relación directa con el poder político patriarcal, era su misión terrenal, la cual estaba destinada a guardar y proteger los arcaicos apellidos, la propiedad privada de la tierra, y la explotación a los peones.
Cambiar esto era una osadía y atrevimiento inaudito, sin precedente alguno.
El segundo cardenal de Chile, aprendió del extinto presidente radical, del frente popular, don pedro Aguirre Cerda, cuyo histórico lema fue “gobernar es educar”. Una enseñanza que lo marcó durante toda su vida sacerdotal como cura educador.
Su sensibilidad social quedó impregnada en su quehacer a partir de sus primeros pasos en el sacerdocio, donde su objetivo principal fue la creación y fundación de colegios, escuelas industriales, y distintas universidades, para dar oportunidad a las y los jóvenes que no podían acceder a la educación formal, menos a la superior.
Fui con mucho orgullo uno de sus colaboradores en este y otros proyectos educativos, del cual me honra de ser uno de tantos directores de la Fundación DUOC, “el compromiso de la universidad católica, con el pueblo”, miles de estudiantes pasaron por sus aulas, a los que les cambió sus vidas, a ellos y a sus familias.
Todo un proceso revolucionario de educación popular, para quienes, teniendo talento y capacidad, jamás podrían alcanzar una especialización en alguna carrera técnica que le sirviera en su porvenir.
El director ejecutivo, Juan Baja Ballus, bajo el auspicio del rector Fernando Castillo, nombrado después de la reforma universitaria, logró abrir 103 sedes, en todo el país. Lamentablemente ahora esta casa de estudios profesionales, es una institución mercantilista, que solo le preocupa el lucro, a todo evento, antes que promover al necesitado estudiante egresado de enseñanza media, que no puede ingresar a la Universidad por recursos o por puntaje, en la PTU.
Don Raúl, tuvo una especial sensibilidad social, quedó reflejada en un libro titulado, “Mi sueño de Chile” patética su necesidad de justicia, donde todos y todas, vivamos con dignidad, donde la lucha contra la miseria sea una tarea de la cual nadie puede sentirse excluido. Aspiraba un país donde no exista tanta miseria, moral y material, especialmente para los pobres, la educación sea igualitaria para que cada niño o niña, tenga una escuela, donde estudiar, casi profético que los enfermos, especialmente los terminales, puedan acceder fácilmente a la salud pública, reclamaba una y otra vez en sus predicas, que los jefes de hogar tengan un trabajo estable y un sueldo justo, que les permita sustentar y alimentar a su familia.
“La caridad de Cristo nos urge” fue su lema y su orgullo cardenalicio, nada ni nadie lo hizo separarse de ese concepto de vida sacerdotal. Dirigió y modernizo la anquilosada Iglesia de Santiago, creando nuevas vicarias, acercando el evangelio a la gente, no solo con el don de la palabra de Jesús, si no con hechos concretos que permitieran tener confianza en una institución comprometida verdaderamente con la gente.
La mitad de la población era paupérrima y un tercio vivía en la miseria más absoluta, muchas familias alojaban en cuevas, en campamentos y conventillos. El alcoholismo y la desnutrición infantil mataba a miles de niños, hombres y mujeres enfermos de tuberculosis, sífilis, pestes y epidemias letales.
Fundó Caritas- Chile, del cual fue su presidente mundial, consiguiendo alimento, medicina y casas pre-fabricadas, con la ayuda alemana de “Misserior” la que respondieron con creces a sus reiteradas solicitudes, confiando plenamente en su incorruptible prestigio y rectitud.
La reforma agraria, del asesinado ex presidente Eduardo Frei Montalva, que le dio dignidad y justicia al campesinado chileno, se inició cuando el cuestionado Obispo Silva Henríquez entregó las propiedades agrícolas de la Iglesia católica, formando cooperativas campesinas para quien la trabajara y produjera.
“He amado intensamente a mi país” por tanto habló y dialogó con cuanta autoridad mundial estuvo a su alcance para evitar la guerra entre Chile y Argentina, logró que el Papa lo escuchara, a minutos de iniciar la confrontación, El vaticano aceptó ser mediador nombrando al Cardenal Samore, como el interlocutor válido por ambas partes.
Fue perseguido y vilipendiado, hasta por sus propios colegas Obispos, “por ser la voz de los sin voz “, en plena dictadura militar, toda una hazaña, primero con el Comité Pro-Paz y luego con la Vicaría de la Solidaridad, en defensa de los perseguidos, detenidos-desaparecidos, torturados, presos políticos, relegados y exiliados, fue la excusa para que sus odiosos enemigos le motejaran como el cura rojo.
Miles de chilenos y chilenas, en todo el país lo despidieron a su fallecimiento, acompañándolo a su última morada para estar junto a Cristo, a quien sirvió con pasión, algunos en silencio sepulcral, otros con la desesperanza de quedar huérfanos, llorando desconsoladamente, hombres mujeres, jóvenes y niños, se unían en un solo grito fúnebre,
“Raúl amigo el pueblo está contigo” ahora y siempre.