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FERIA DE OTOÑO

Una "moruchada" de Adolfo hace fracasar a un indecoroso Ferrera en Madrid

Una 'moruchada' de Adolfo hace fracasar a un indecoroso Ferrera en Madrid
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(Foto: Efe)
Efe
lunes 04 de octubre de 2021, 00:55h
La gesta de Antonio Ferrera ante seis "adolfos" en Madrid fue un fracaso, y lo fue por la "moruchada" infame que echó el ganadero madrileño, que iba a "tapar", en parte, la actuación del extremeño, que, con tal de no irse de vacío, quiso regalar todos los sobreros que hicieran falta en lo que fue un aberrante y polémico final de festejo.

Porque después de estrellarse contra un muro de extrema mansedumbre, Ferrera, no se sabe si por sentimiento de culpa o simplemente por vanidad, decidió regalar el sobrero de Pallarés para ser lidiado en séptimo lugar, un toro, que, sin ser un dechado de virtudes, ya fue mejor que los otros seis juntos y al que cortó una orejita de consolación por una faena que no pasó de las simples apariencias.

Lo que ya no es recibo es que, después de tres horas de auténtico sopor y en las que los silencios se sucedían a medida que los "moruchos" iban siendo arrastrados al desolladero, Ferrera llegara a poner el membrete al palco para que se saltara el reglamento y le diera permiso para matar ¡un octavo toro!

Y es que se pudo haber formado un altercado de orden público, pues, aunque desde la megafonía se anunciara que esa opción no se contemplaba en el reglamento, el torero se mantuvo un buen rato en el callejón, mientras la gente desde los tendidos la tomaban contra la presidencia.

Que querían más toros, decían, como si no hubiera sido ya suficiente después de lo vivido con los siete anteriores. La nada más absoluta, aunque, en honor a la verdad, la infantería de plata que hoy acompañó a Ferrera fueron los encargados de poner firma a los momentos más emocionantes de una actuación que, ya está dicho, pasó del aburrimiento a un escándalo jamás vivido antes.

Al final, al extremeño no le quedó otra que acatar lo anunciado y marchó por su propio pie camino al túnel de cuadrillas resignado y, seguramente, muy enfadado.

Pero es que lo primero que habría que apuntar es el sinsentido de la tarde de hoy. Eso para empezar. No venía a cuento un "gesta" de este calibre después de un año tan irregular -por ser amables- y más cuando hace dos años ya había protagonizado una encerrona en esta misma plaza, con la diferencia de que en aquel momento se lo había ganado a pulso después de triunfar en San Isidro.

Y ya está dicho que si el fiasco no fue mayor fue "gracias" a la corrida de Adolfo, un auténtico "viacrucis" cárdeno para los de luces y para los que aguantaron estoicamente en los tendidos. Seguro que más de uno echaron cuentas de cuánto les iba a salir la minuta de psiquiatra después de esto y de tener que aceptar que Madrid definitivamente ya no merece el título de la mejor plaza del mundo.

El que abrió plaza fue un toro con el depósito de raza muy justo y que, en consecuencia, un viaje muy cortito en la muleta y desarrollando, además, volviéndose sobre las manos. Ferrera anduvo de aquí para allá en un trasteo sin contenido alguno.

Lo más emocionante en el descarado y veleto segundo lo hizo Antonio Prieto, que se quedó como único picador en el ruedo tras mandar Ferrera a guardar al que hacía puerta. Luego el toro, también sin raza, se dejó algo en la querencia, donde Ferrera le robó alguno suelto dentro de un conjunto bien acogido por el personal, aunque no fueran más que meros apuntes sin concretar.

El tercero fue el clásico marrajo de Adolfo, un toro que ya entró gazapeando en el caballo, orientándose pronto y poniendo en aprietos a las cuadrillas en banderillas. En la muleta escarbó, se lo pensó y se arrancó siempre con malas ideas. No hubo opción a nada, como tampoco lo hubo con un cuarto muy descastado.

El quinto fue otro toro totalmente vacío con el que Ferrera, consciente de que no estaba pasando absolutamente nada, hizo un esfuerzo aparente, e, incluso, llegó a ensayar esa burda manera de entrar a matar tan habitual ahora en él en la que da mucha distancia al toro para ir acercándose poco a poco, andándole, y hacer el volapié en el último momento.

Y, lo que son las cosas, los que estaban "tragando" con semejante "adolfada", los que habían estado calladitos hasta ese momento quisieron censurar ahora al extremeño. Y aunque podían tener razón también podrían haber protestado por el petardo que estaba pegando uno de sus hierros predilectos.

Y con el sexto, más de lo mismo, aunque aquí acabaría abreviando Ferrera después de que el presidente diera luz verde a lo del sobrero, sin saber que con esta decisión vendría lo que vino después.

FICHA DEL FESTEJO.- Seis toros de Adolfo Martín, bien presentados en conjunto, aun con ciertas desigualdades de edades, caras y remates, descastados y muy deslucidos. El séptimo fue un sobrero de Pallarés que Ferrera decidió regalar, noble y soso.

Antonio Ferrera (turquesa y oro): tres pinchazos y estocada trasera y descabello (silencio); estocada caída (aviso y ovación tras petición); tres pinchazos y estocada (silencio); pinchazo, media caída y atravesada, y cinco descabellos (silencio tras aviso); dos pinchados y estocada (silencio); cuatro pinchazos y tres descabellos (silencio tras aviso); y media ladeada (oreja en el sobrero de regalo).

En cuadrillas, buen tercio de varas de Antonio Prieto al segundo, en el que saludaron en banderillas Javier Valdeoro y Fernando Sánchez. José María González destacó también picando al quinto, en el que volvió a desmonterarse Fernando Sánchez, esta vez junto a José Manuel Montoliú, que fue prendido sin consecuencias a la salida del tercer par. Joao Diego Ferreira saludó también en el sexto.

Ferreira, José Chacón y Sánchez saludaron, junto a Ferrera, tras parear al séptimo de regalo, al que bregó de forma excelente Valdeoro.

La plaza rozó el lleno sobre el 50% del aforo programado para esta feria de Otoño.
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