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¿Dónde está el dinero?

miércoles 17 de septiembre de 2008, 21:23h
Mi amiga Susana, nombre que ella misma ha elegido para no desvelar el suyo propio, lleva dos largas noches sin dormir. No sabe qué ha sido de los ahorros que hace años depositó en una cuenta del mítico banco de inversiones que los hermanos Lehman fundaron hace 158 años a partir de una tienda de ultramarinos en el estado de Alabama, donde los clientes acostumbraban a pagar sus productos con algodón. Una entidad que la prestigiosa revista Fortune calificaba, hace tan sólo un año, como la más respetada del mundo y en la que cualquier joven licenciado en economía con ganas de triunfar soñaba con trabajar. Una firma de porte tan elitista que a nadie se le olvida aquella época de yuppies, en la que no era igual tener una cuenta en Lehman Brothers o en Merrill Lynch que tenerla en el Popular o en el Central Hispano, por mucho que la “pasta” fuera siempre la misma.

Ya se hablaba por aquel entonces de la sofisticada ingeniería financiera y los bancos, especialmente los de inversión, se peleaban por emplear a los más arriesgados y rápidos “ingenieros”. Jóvenes y verdaderos adictos al estrés y al riesgo extremo, que cada vez necesitaban más peligro para ver satisfecho su “mono” de adrenalina que ya no calmaba el rafting con canoa último modelo ni el vuelo en ultraligero sobrevolando las Rocosas. Admirables. Con gran velocidad y ambición iban escalando puestos laborales y los que eran fuertes, es decir, no habían sucumbido a úlceras, infartos o ataques de ansiedad, acababan llegando a la cima. Igual que Richard Fuld, el presidente ejecutivo del fallecido banco, cuyo lema era que los banqueros de inversiones tenían que ser los ejecutivos mejor vestidos, y del que dicen que nunca temblaba a la hora de tomar decisiones terriblemente arriesgadas, como, quizás, la que le llevó el pasado mes de abril a rechazar una oferta de compra de HSBC por 35.000 millones de dólares.

Ayer, los trabajadores neoyorquinos de Lehman Brothers salían de las oficinas del 745 de la Séptima Avenida con sus pertenencias guardadas en cajas de cartón y con los semblantes más fúnebres que las decrepitas lápidas del vecino cementerio colonial de Wall Street. No saben qué va a ser de ellos. En esta época de crisis en la que nadie se fía de nadie, en la que la ambición desmedida llevó a la banca a buscar préstamos más arriesgados y a ofrecer hipotecas a los clientes “ninja” (no income, no job, no assets, o lo que es lo mismo, sin ingresos, sin trabajo y sin propiedades) conduciendo al mundo a una crisis sin precedentes, se ven en la calle. Un negro futuro, como para todos los que nos preguntamos, igual que Susana, ¿dónde está el dinero?

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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