Los ecos de la COP26 son notables. Mientras que para unos, los acuerdos fueron insuficientes y hasta se le acusó de estar muy extraviada en sus procederes, otros alaban lo alcanzado en Glasgow, que no es una edición que me acabe de convencer. Parece que lo políticamente correcto es aplaudir lo alcanzado o a las Gretas, pero si se mira con atención, es verdad que los logros son pingües. El tema de convertir la industria automotriz a eléctrica o en disminuyente de emisiones de combustibles fósiles sí afectaría a México, si las armadoras no efectúan esa reconversión, que también supondría acaso, comprometer su estancia en México o reducir empleos en que se apoya esa economía, por ejemplo.
Sin embargo, queda la sensación de que es una cumbre más, por mucho que diga la ONU que estamos al límite y haya quien denuncie que tal ya lo hemos rebasado. No falta quien afirme que no acaba de atinar en las acciones o que están atadas a demasiados intereses.
A Escocia se le junta con la COP26 la visita papal, precedida de una interesante carta dirigida a los católicos escoceses reclamando el cuidar del medio ambiente, clamando por la furia de Dios al no hacerlo. Empero, me resulta más sorpresivo que el no efectuar misas durante esa estadía pontificia –la pandemia impone, afirman– el discreto nombramiento de la primera mujer secretaria general de la Gobernación (Governatorato) de la Ciudad del Vaticano, Raffaella Petrini.Es que no es ni cosa menor ni que amerite indiferencia por ser asaz llamativo y sí muy meritoria convertirse en la “número dos”. Me entusiasma mucho más que la inexplicable liberación de Britney Spears de esa incomprensible atadura de la que era objeto respecto a sus opresores padres o la boda de la inmutable Paris Hilton. Qué vidas tan distintas de las tres mujeres. Y la Hilton está igualita, por ella no pasan los años.
Mientras nos enteramos que para la Gran Bretaña las consecuencias del Brexit asfixian a sus transportes –y por ende, a parte de su economía– y se aviva el conflicto irlandés, que en Informe Semanal de TVE lo han abordado de manera escueta pero certera al unísono, es que nos avisan del reavivamiento del eterno conflicto de Nagorno-Karabaj que resurge como ese escenario donde se enfrentan países que, entre los detonantes de sus diferencias, subyace el factor religioso que involucra, otra vez, al Islam.Geopolíticas, aparte.
Las patadas entre Polonia y Bielorrusia justo arriban cuando el dictadorzuelo bielorruso busca afianzarse y el distractor internacional sirve para tal con el invierno ya acechante como cada año, poniendo en vilo a la UE por la disponibilidad de gas. Otra vez se la mira vulnerable como en otros temas, y lo es. Esto la torna y exhibe endeble y se repite la misma cantaleta en torno a si contará o no con suministro del apreciado energético, lo que ya no debería de ser llamado como tema recurrente, sino como todo un clásico navideño.
Como recurrente si está siendo la rivalidad ya peligrosa, a mi juicio, entre Hamilton y Verstappen. Dirijo mi inquietada mirada al automovilismo. No soy fan ni me despierta mayor interés, salvo por lo que está sucediendo. Desconozco si es lo normal o, si acaso, es que ya se están pasando las cosas de castaño oscuro, como empiezo a sospecharlo. Los volantazos, las atravesadas, la zancadilla, el descarrilamiento, el forcejeo, los incidentes mutuos se incrementan y anticipan un desastre irreparable hace ya rato, pues ya se dejó atrás lo deportivo para entrar en un puro y descarnado negocio arrasador y grosero, que apunta indudablemente a las marcas en juego, que hace girarnos a ver si en la siguiente edición alguno de los dos aludidos se matará por las imprudencias propias y las ajenas ejecutadas por el rival; y se pone en alto riesgo a los afamados pilotos y al resto. Que sí, que de ello va el automovilismo, mas normal no es el antagonismo hostil ascendente exponiéndolos al peligro mortal. Y parece atrapado tal deporte en ese proceder. Su enfrentamiento tiene ya tintes, a mi juicio, de carrera endemoniadamente desenfrenada y de irresponsabilidad por ganar el podio en actitud no solo descerebrada, sino que pareciera que vale más matarse por uno de los distintivos en juego que la vida de los protagonistas y aniquila así el escaso interés que el tema me genera. Si me equivoco en mis apreciaciones, mejor para ellos.
Visto a la distancia, el resultado de las elecciones de Argentina no son despliegue del oficialismo ni un éxito para Alberto Fernández, pero si la oposición consiguió apenas la mitad del Congreso, ergo tampoco arrasó. Es el mismo caso de México el 6 de junio pasado. Élites que apuestan por el relevo del partido que no les agrada, con base en insultos, pero que no consiguen esas mayorías arrolladoras. Una razón para el ejemplo mexicano, y que no me extrañaría para el argentino o para el que sea, consiste en que el elector no vota lo que sea. Si le pones impresentables, por mucho que sean opositores no recibirán los votos buscados. Añada usted que si el opositor careciera de propuestas o apostara, como sucede en el caso mexicano, solo al improperio, no es suficiente motivo para ser votado. No considero estar tan desencaminado si extrapolo el mexicano al caso argentino. Diferencias habrá.
En el caso mexicano, esta semana el Señor X –sí, el impresentable de las listas facistoides de quien le hablé hace 15 días– nos ha regalado una perla que confirma el estercolero que es la alianza Sí por México, que financia y coordina no siendo un partido político, al afirmar que no aspira a un cargo de elección popular. Menos mal que no, claro, que no es el gran elector dice, siéndolo y que sí quiere erigirse en vergonzante factótum, encumbrado a tal rango si los botarates le dan el voto a esa alianza. Pues bien, ha expresado, figúrese: “no nos puede dar asco el desprestigio de la trayectoria” de los tres partidos de su alianza, PRI PAN y PRD, y así quiere lavarle la cara al PRI, dispensa al PAN de sus horrorosos pecados (aliarse al putrefacto PRI es uno de ellos) y al casi extinto PRD, que perdió su registro en 15 entidades por falta de votantes. Así va semejante alianza frankeinsteniana donde un factótum la mangonea para su beneficio personal, no de México. Y que conste para advertirlo a todos. Merece no recibir ni un voto esa alianza Sí por México conformada por ese trío. México no necesita un gran elector ni poderes tras el trono. Es un impresentable.
Los que se hablan de frente y no solo de manera marrullera y soterrada como el Señor X, son Estados Unidos y China. Biden ha pedido que quiere un Pacífico abierto y libre como lo exigía a Japón hace 80 años. Eso acabó en una guerra y dos bombas atómicas. China no cede a sus prácticas comerciales –que pueden ser tan tramposas como lo son las yanquis– partiendo de la gran diferencia consistente en que muchas empresas estadounidenses maquilan en China. Eso le da cierta sartén por el mango a ella. 3 horas y media dialogando, para nada. Mucha cortesía, magros resultados y Xi Jinping eternizado ya en el poder.
A quien felicito es a la embajadora de México en la OEA, Luz Elena baños, quien ha clavado nuevamente unas cuantas banderillas al impresentable de Luis Almagro. Se lo ha dicho en su cara: “ha dañado al organismo”, pretende imponer medidas “contrarias al Derecho internacional”, (al frente de la OEA) “se profundizan las diferencias y el aislamiento”, y remató: “basta con revisar (sus) redes sociales” para “constatar su intensa agenda personal hablando de asuntos que son sus prioridades personales, muchas veces alejadas de los intereses, necesidades y retos de nuestros pueblos y gobiernos”.¡Bien por la embajadora! hueso duro de roer.
Cierro rememorando los veinte años del estreno de Harry Potter. Deje usted que en algún texto español leí Enrique, el Alfarero. Obviaré que la saga es millonaria y atrapó a toda una generación. Pasaré por alto que me parece insuperable la primera cinta –posiblemente era el gancho para la secuelas– y que les crecieron los enanos como era natural que sucediera, imposibilitando que siguieran prodigando “su encanto”. Sencillamente, veinte años ya y parece que fue ayer. Traigo a cuento el asunto de la abogada que me contó que su editora se negó a comprar los derechos de traducción al desdeñar el potencial del personaje. Metedura de pata mayúscula, peor que la de ser votante del PRI. La editora que se llevó los derechos se fue a los cuernos de la Luna. De aquella otra, tristemente ni quien se acuerde.