Los embrollos y las sorpresas no terminan. En efecto. No hay manera de ser indiferente al asesinato de la periodista Lourdes Maldonado. En 5 años México ya registró 54 muertes y distíngase las causas para facilitar el señalar a los culpables: y la no probada es culpar al presidente. La violencia contra periodistas tiene responsables. Los más han muerto bajo autoridades priistas “agraviadas”, municipales, y reclamar falta de libertad de expresión a juzgar por la sarta de insultos diarios al actual mandatario desde la prensa opositora antes tan afín al PRI, es vergonzante. Es una idiotez. Un país que frente al PRI tuvo que crear un programa de defensa y protección policiaca a periodistas, dice mucho y mal. El PRI que además, espió a los periodistas. Hoy, agentes como el crimen organizado hacen su parte y marcan la agenda incidiendo en sus vidas en muchos casos. Obnubilarse con el presidente sin existir hilos que lo inculpen, es ocioso, ruin, estéril y mañoso, cuando se lo increpa en politiquería apoyándose en la mendacidad y el oportunismo señalándolo vividores del periodismo y eso es denunciable. Ahí, las claves para este drama. Los priistas dicen que en Veracruz matan, olvidando que bajo el priista ladrón Duarte, fueron bastante los caídos.
De nada ayuda afuera presidir la Alianza del Pacífico, torear a los yanquis, una vacunación encomiable o pertenecer al Consejo de Seguridad de manera temporal, con semejantes credenciales adentro, en tanto México regresa a semáforos amarillos y naranjas por el incremento de los contagios de ómicron haciendo cuentas con la economía en medio de presiones para no ir a un nuevo parón por la pandemia. La gente se pregunta cuándo terminará esta pesadilla. Es una respuesta insondable, aun anticipando la OMS que falta poco para un posible cercano fin. Y dice mucho que Tedros sea el único postulado a reelegirse ahí.
Donde faltó menos que poco fue para concluir el matrimonio de la infanta doña Cristina y el señor Urdangarín. El parte informativo omite la palabra divorcio. Qué penoso desenlace porque se bebió los vientos por él, apoyándolo contra viento y marea, a capa y espada y al final quedó ella entre la espada y la pared. Calificar la foto detonante como “cosas que pasan” anticipa malos pasos copiados de malos ejemplos. Sí, cosas del saber estar, no cabe la menor duda, pues importa que sea él quien da la nota y no ella. Para que luego digan que la clase se compra olvidándose de que se mama. Al ver la foto del exbasquetbolista y expresidiario con aquella otra mujer, me vino a la mente comparar esto con las palabras de Juan Balansó (m. 2003) al advertir, no sin razón, cuando decía que perdido su trono, a Alfonso XIII le resultó difícil casar a las hijas. En este caso, el rey Juan Carlos I no perdió per se el trono, casaron mucho antes de 2014 y de todas formas, al final no salieron mejor las cosas a las infantas Beatriz (Princesa Civitella-Cesi) y Ma. Cristina (Condesa Marone-Cinzano). Una pena porque entiendo, visto todo el culebrón desde ultramar, que tanto Elena como Cristina llevaron una vida ordenada. Recuerdo a Ma. Teresa Campos ufana a inicios de los noventa, alardear diferencias comparando entre las princesas británicas y las suyas (las españolas) que sí cuidaban las formas y acertaba. Acaso los maridos no estuvieron a la altura. Cristina lo dejó todo y perdió tanto junto a y para nada.
Coronafobia: me desagrada el terminajo porque supone que quien “la padezca” es contrario a la convivencia social, la rehuye porque sí y demoniza la precaución y la sensatez y no, no es así. Pongamos el acento en lo verdadero e importante: si se detecta a grandes colectivos irresponsables que no se cuidan, hacen botellones, fiestas, viajes, abarrotan calles, plazas y centros comerciales con pandemia, sin cubrebocas, indolentes, antivacunas o simplemente con precarios o nulos cuidados, en vez de privarse, de abstenerse, solo pretextando hartazgo por el recluirse, entonces si me lo pregunta, yo sí me aparto. Porque me cuido hasta la saciedad y hasta donde es posible. No he puesto un pie en playas ni cines y en cantidad de sitios a tope, con tal de no cruzarme con gente enferma e irresponsable. Lo primero puedo evitarlo hasta donde me sea posible; lo segundo se ciñe mucho al valemadrismo imperante. Es complicado afrontarlo. ¿Debe uno acudir con alegría a determinado sitio sabiéndose rodeado de gente revestida de dejadez y nulo cuidado en su seguridad y por ende, en la de los demás? Sería solo por dos razones: o por buenismo que no comparto o por supino cretinismo.
Así pues, eso de coronafobia tilda a quien se previene. Démosle la vuelta: se evade a la gente por precaución al constatar en amplios sectores su indolencia, su descuido, su valemadrismo. Que no es lo mismo que ser antisocial u odiar a la sociedad, inclusive. Obedece esa “fobia” a ser una respuesta a su no cuidarse, a su no abstenerse, a su no usar cubrebocas...y no, en cambio, por ser antisocial, como se insinúa con el vocablo y se apresuran a enarbolarlo quienes dicen estar hartos de encierro o de portar cubrebocas o, insolidarios, pese a los altos índices aún de contagios y las sostenidas defunciones, por menores que sean. Piensan que le pasará a otros. Brutal. El problema, pues, no es si uno es antisocial, no estando impedido de extremar precauciones y sin reparar en ello al estar ante del desenfado, las inexistentes ganas de ser cautos, medido en los demás. El problema real sí es si los demás son precavidos y nos lo preguntamos muchos que lo somos en extremo, pues es lo que toca: cuidarse en extremo. Y sabemos la respuesta en negativo. Y la sabemos porque tantos dan muchos motivos con su desparpajada conducta para confirmarla. La nueva idea de la coronafobia, como pasa con la "gripalización", minimiza el problema y eso no es de recibo.
Se evade multitudes porque pueden ser un peligro latente que no requiero. Va una supervivencia de por medio frente a un virus asesino, real. Total, los que señalen coronafobia no estarán allí apechugando cuando enferme o algo peor. Esta pandemia no puede medirse en un qué dirán y eso de coronafobia apunta a incidir en ello, permisivamente. Esta pandemia ha de verse como lo que es: un desafío enorme, mayúsculo de salud pública, que pide, reclama de todos el cuidado y la precaución extrema, cuando no la obsesión en pro. Ergo, lo menos importante es el que dirán. ¿Coronafóbicos? anda ya… mejor limita tus salidas y porta tu cubrebocas, dejando de engrosar multitudes. A que va a ser más difícil hacerlo que inventarse un vocablo.
Ahora, la semana pasada expresé mi sentir sobre la venta de CitiBanamex, un banco que fue muy pesado en México. De todo el chiringuito me interesa su sección Fomento Cultural CitiBanamex, cuyo acervo abarca grandes tesoros culturales de México, incluidos inmuebles de órdago que los exhiben y resguardan. Alguien expresó que a los yanquis podía incomodarles tener tal caudal ajeno a un banco. Será que se pactó no sacarlo de México al comprarlo. Expos como “Pintura de los Reinos” vista en Madrid hace unos años, se nutrieron con sus fondos. Se plantea que el gobierno mexicano lo adquiera. Tal vez, tal vez.
La paz amanezada en Ucrania pinta escenarios catastróficos. El que sea. Si la invade Rusia retando a la OTAN, o se une a la OTAN y a la UE, fatal. Si la engullera Rusia o, simplemente, la somete a su órbita, fatal. Aunque lo fácil sería decir que Rusia solo quiere recuperar el poderío soviético. Lo que sí es que se equivoca Borrel al decir que no es tema ya el delimitar zonas de influencia y peor, Albares y el ministro de exteriores ucraniano diciendo que esas zonas son cosa del pasado. Qué errados. No son demodé ni están periclitadas. Mutaría el modelo, pero no caducó. Y sí, Ucrania sería una dura prueba para confirmarlo, por su tamaño e importancia. Macron se lamía los bigotes comiéndose al mundo cuando se fue Gran Bretaña de la UE, alardeando de ser la única potencia nuclear comunitaria. Se lo ve muy a la saga, ahora. Es que no es lo mismo alardear que sostener el alarde y financiarlo y asumirlo. Eso es lo que la UE no ha entendido. En un artículo que publiqué en 2008 me preguntaba si la UE ya estaría preparada para pagarse su propia defensa. La respuesta era y es “no”. Así de sencillo.