El serbio reflexiona sobre el escándalo protagonizado y cómo le afecta para su vuelta al tenis.
Novak Djokovic se reafirmó en su planteamiento antivacunas el pasado martes, en una entrevista concedida a la 'BBC' en la que rompió su silencio tras ser expulsado de Australia en enero. El serbio sabe las consecuencias deportivas que le conllevará priorizar su decisión de no inmunizarse contra el Covid-19. Y las asume. Por ello ha agradecido tanto que Dubái -y su torneo ATP 500- le haya abierto las puertas para volver a jugar al tenis. El país árabe no tiene problema en acoger a todo aquel que quiere ir y la competición empezará el 21 de febrero.
Más allá, tal y como va la evolución de la pandemia, el astro serbio tiene en el horizonte el Masters 1.000 de Montecarlo (del 9 al 17 de abril), torneo que se rige por la legalidad francesa, que en el presente sólo permite entrar a su territorio a personas no vacunadas si han pasado el coronavirus en los últimos cuatro meses. 'Nole' se contagió en 16 de diciembre, así que podría competir.
Menos problemas tendría en el ATP 250 de Belgrado (del 18 al 24 de abril), que organiza el mismo; en el Masters 1.000 de Madrid (del 1 al 8 de mayo), cita a la que se puede comparecer si se ha pasado la enfermedad en los seis meses precedentes o se presente una PCR negativa en las 72 previas a la entrada en el país; y en Wimbledon, pues el Grand Slam británico obedece a la normativa de Reino Unido, que ha eliminado la cuarentena obligatoria para acceder al país y sólo pide una PCR negativa 72 horas antes de viajar y otra prueba negativa al llegar.
Eso sí, en su mapa de 2022 siguen prohibidos los Masters 1.000 de Indian Wells (del 7 al 20 de marzo), el de Miami (del 21 de marzo al 3 de abril), el propio US Open -Estados Unidos exige pauta completa de vacunación- o Roland Garros -que funciona con permiso de la reglamentación sanitaria francesa, con lo que el inicio de este torneo se desarrollaría más de cuatro meses después del contagio del serbio-.
Así las cosas, Djokovic ha vuelto a hablar. Y, con la sinceridad que le caracteriza, ha confesado a la televisión pública de su país ('RTS') lo siguiente: "No puedo decir que las cosas serán iguales cuando regrese a las canchas, seguro que esta situación influirá en mi retorno". El escándalo protagonizado en Melbourne, asegura, le ha dejado huella y condicionará sus primeros partidos. Pero no necesariamente sólo de forma negativa.
"Tengo motivación adicional y la inspiración para salir a la cancha y jugar mejor que nunca. Nada está garantizado, pero me alegro por la oportunidad y tengo muchas ganas de jugar en Dubai", afirmó. Y, de inmediato, señaló que respeta las normas que imponen los países organizadores de los torneos aunque él intenta "verificar con gran atención qué introducir en el organismo y cómo eso influye". Y subrayó que de momento no se va a vacunar, si bien tiene "la mente abierta".
Y repitió: "Mantengo mi mente abierta y no soy excluyente. Todo en la vida es posible y veremos cómo evoluciona la situación. Ahora he decidido no vacunarme y estoy dispuesto a asumir las consecuencias. Es una decisión que he tomado de forma consciente y llegué a la conclusión de que era lo mejor para mí (...) Solo estoy intentando entender la pandemia como ciudadano y como deportista profesional".