En la recepción para la inauguración de la cumbre Europa-Africa hubo por la parte europea una triple representación: el Consejo Europeo, el Consejo de la Unión Europea y la Comisión, y a ese tríptico se fueron uniendo, sucesivamente, para el posado fotográfico cada uno de los asistentes africanos.
Un tríptico, en sentido estricto, está formado por tres paneles: uno central mayor y dos menores laterales, aunque también los hay con los tres paneles iguales, los cuales al plegarse puede sobre ellos dibujarse otra composición por el exterior. No obstante, la escenificación ternaria europea de puertas afuera nos hace pensar que a la organización no le importa demasiado que haya o no contratiempos protocolarios, porque entendemos, al verlo, que lo esencial para la Unión es que tres puntos forman un plano.
El plano es un concepto clave de la geometría, la ciencia de la idealización del espacio, el cual está definido bien por los tres puntos antes citados, que no tienen porque estar alineados, bien por una recta y un punto exterior a ella o bien por dos rectas paralelas o que se cortan. Suele representarse el plano, para su mejor visualización, con bordes irregulares, lo que indica que no está completo sino que es solo una parte de una superficie más grande; que es lo que, por comparación, transmite la Unión con tal triplete para la ocasión.
No termina ahí, no obstante, la geometría política europea, porque la triplicación también se da en el Consejo de la Unión, también llamado Consejo de Ministros o Consejo a secas, donde se ha establecido un trio en la presidencia rotativa, consistente en la reunión del presidente del estado saliente, el del ejerciente y del que le toca el siguiente, asegurando así la continuidad formal del trabajo institucional.
Cuando se fundó la Comunidad Europea del Acero y del Carbón, y después la Comunidad Económica Europea y la Euratom, cada una tenía su Consejo, cuya actividad era escasa con tan solo seis miembros (El Benelux, que eran tres, más otros tres), quienes tranquilamente se alternaban semestralmente en la presidencia, pero con el tiempo creció tanto la organización que al llegar a veintisiete se consideró mejor solución el sistema tricolor.
Hay un matiz, no obstante, en ese tridente y es que el Tratado de Lisboa redujo la importancia del presidente, al separar Consejo Europeo y Consejo, a la vez que creaba el cargo de Alto Representante Exterior. De manera que, si echamos bien la cuenta, como habrá notado el lector avizor, en el ámbito internacional no son tres los órganos con competencia en la Unión, sino que como los tres mosqueteros, son cuatro.
El triálogo, en fin, es otra innovación que se da cuando el Consejo no está de acuerdo con las enmiendas propuestas por el Parlamento en la segunda lectura de un proyecto de reglamento, en cuyo caso se inicia una reunión en un comité de conciliación. La Comisión participa en los trabajos como la tercera pata del banco y toma las iniciativas correspondientes para propiciar un acercamiento de ambos.
Es así, entonces, que la Comisión, que representa el interés europeo, figura en el ámbito interno en el medio, mientras que en el exterior, aunque posa en igualdad a un lado, está en realidad en inferioridad ante los estados y la comunidad internacional.
En la Declaración Schumann, donde el desarrollo de África era considerado una tarea esencial, se hacía un ofrecimiento a todo el mundo, sin distinción ni exclusión, a participar en la solidaridad de la producción de acero y carbón para contribuir al aumento del nivel de vida y al progreso de la paz. Ahora, cuando de nuevo tenemos guerra en Europa, nos preguntamos ¿es la Unión tripolar?