Y de nuevo la guerra, en la Europa sentenciada por Kropotkin afirmando que sus fronteras están condenadas a no ser estáticas. Vergonzante titubear en llamarla guerra, desde luego invasión lo es, sin edulcorar, desconociendo si solo es la continuación de lo iniciado en 2014 –lo de Crimea, que el mundo tragó sin más, que no lo olvide el victimista Putin– o es otra cosa, mientras el ruso se pasa por el arco del triunfo la Convención de La Haya, atacando objetivos civiles. En medio, la acertada postura mexicana, que, putrefacto, el priismo botarate y escaldado ni calibra ni traga por su irredenta incapacidad antidemocrática y de gestionar nada.
A una semana de, las batallas narrativas justificadoras de todas las partes encubren la responsabilidad de todos y el fracaso de la diplomacia, evidenciando tanto sus cloacas como las militares. Ucrania de por medio. Nada minimiza el expansionismo tanto de la OTAN, como el ruso. No hay imperialismos buenos y malos. Hay y punto. Es el caso. Sí, sí, uno es del mundo libre. Ya. Dígase con detenimiento y sin aspavientos: Ucrania, otrora participando en aventuras como la de Iraq, reprimiendo rusos en plan ¿limpieza étnica? violando los acuerdos de Minsk. Y los rusos clamando que Ucrania y Rusia son uno mismo y que una parió a la otra. Lo de acusar a Ucrania de neonazi es más patraña y espantajo burdo para justificar despojarla, violando los pactos que dieron origen a la Ucrania independiente, con Crimea incluida; y todo lo que luego se han engullido los insaciables rusos. Y en efecto, EE.UU. usando la OTAN para cercar a Rusia, no lo neguemos ni minimicemos, haciéndole cosquillas al oso. ¿Derecho a ello? El mismo que todos claman tener para sus ofensivas y abusos que pululan en este desaguisado. La prepotencia prolifera en todos los involucrados, alarmándonos.
Bielorrusia de alcahuete cómplice, Turquía ambigua, algunos miembros de la OTAN van de bocones, solo suman a la embajadora de Ucrania en México que en un histérico ataque de histeria exigiera romper relaciones con Rusia, en tono majadero que no dirige a esas naciones que envalentonadas y cariacontecidas (afirman estarlo) pese a todo, no han roto relaciones con Moscú y han abandonado a su país, pues no encararán a Rusia de frente. ¿Por qué México tendría que hacerlo sin requerirlo ni tener OTAN o UE que lo ampare? Así que acierta en su cautela el gobierno, condena a Rusia en la ONU – con la abstención de India o China, casi nada– e invoca la Resolución 377 contra el veto de los de siempre y sacando mexicanos atrapados en Ucrania. No va como los priistas, abandonando paisanos, que confunden la Doctrina Carranza con la Estrada (Moreira) o como en tiempos de Videgaray que vino a aprender, cuando hablaban de aliados que no tenemos, derrochando la ignorancia y estupidez que los ha caracterizado en el exterior o callando ante EE.UU. por agachones y vendepatrias, prestándose de alcahuetes y supeditando la política exterior a ellos, amilanados.
El proceder de Putin sí es hitleriano. Esta guerra lo coloca perdedor llevando a su país al ostracismo, significando un fracaso para sus veinte años de política exterior –contrastante con su represión al interior– de supuesto apaciguamiento, sonrisas, caballerosidad y mucha verborrea y ahora azuzando irresponsable con la guerra nuclear y por lo bajo, nostálgico de la era soviética. Ser sede mundialista u olímpica no evitó expulsiones y bloqueos a su país. Sí, la OTAN avanzó aprovechándose de la debilidad postsoviética, sin reparar en el buscado retorno al pasado añorado por Putin, devolviéndole a los rusos la confianza perdida, aturdidos por la caída del 91. 10 años después aún lo estaban, cual constaté al visitar Rusia en 2001. Sí, orgullo nacional de tono corrosivo en la historia europea.
Putin ha perdido la razón, su lenguaje es zafio, con la soberbia recargada en las bombas nucleares –similar al despotismo yanqui– pusilánime al expresarse del gobierno ucraniano con la arrogancia de su posición agresora. Invadir dio la victoria o la exculpación al ucraniano, porque Zelensky será lo que sea, mas quedarse en Ucrania le concede muchos puntos como a Churchill y esta guerra acalla su trayectoria reciente. Putin no contaba con la resistencia ucraniana que resultó aguerrida y desde todos los puntos del planeta clama por su patria, cuya defensa no se le puede reprochar y es elocuente y se gana el apoyo mundial. No los vencieron a la primera y eso cuenta en el ego de su agresor. Si no lo buscaban, los rusos de a pie han quedado como apestados ante el mundo. Rusia perdió la oportunidad de hacerse un espléndido aislamiento a lo british-siglo XIX viviendo y dejando vivir, y de mejor ser tan mustia como los chinos de paciencia milenaria que nos comerán a todos, ya verá. Y todo por su idea malsana (a mi juicio) de querer su lugar bajo el sol. La batalla de la opinión pública, la ha perdido. Occidente la está aislando y aunque clamen por defenderla, Occidente le ganará esa partida, en concreto, en tanto que todos se conducen bajo una guerra no declarada contra ella. El toque folklórico lo ponen los Emiratos Árabes Unidos absteniéndose de condenar a Rusia en el Consejo de Seguridad y claman que la Expo 2020 está abierta a todos, porque ser sede y condenar a Rusia está complicado, a cuyo ministro Lavrov le han dado la espalda los embajadores europeos en un desaire estupendo y plausible por arbitrarios los rusos. ¡Bien!
Los paralelismos, sobran. La amenaza atrabancada a Suecia y Finlandia es borde. Esta guerra no es la palestina o la siria al moverse en otro nivel, cobrando tintes mundiales de las que aquellas, carecen. De Anonymus al vodka bloqueado, los boicots, expulsiones o aislamiento, porque se mueve a otra escala con catorrazos cibernéticos, inversiones canceladas y acarrea represalias. Sus alcances son totales, no como las otras citadas, focalizadas. ¡Y en Geopolítica no hay buenos!
Desde Rumanía, mi amiga Marcela Croitoru, apunta: “(los rumanos) en su mayoría, consideran que esta guerra contra un país libre e independiente, no se justifica. El presidente ruso no tiene ningún motivo para atacar a los ucranianos, matar la población civil, incendiar sus casas, destruir los edificios y los aeropuertos e incluso, un hospital pediátrico. Como vecinos, con los que compartimos 620 kilómetros de frontera, los ayudamos recibiendo a los refugiados – madres con sus hijos, personas de mayor edad, jóvenes de distintos países que estudian en centros universitarios de Ucrania, animales de compañía– y asegurándoles alojamiento, comida, transporte. En las aduanas del norte y del sureste de nuestro país, hay representantes de distintos ayuntamientos, ambulancias, multitud de voluntarios, sacerdotes, monjes y ciudadanos que ofrecen té, café, dulces, botellas de agua, paquetes con comida, ropa, mantas de lana y luego acompañan a los refugiados en coches personales y autobuses a los hoteles, centros de alojamiento, monasterios, asociaciones cristianas y casas privadas que ofrecen muchas familias de distintas localidades; una ayuda agradecida por el presidente ucraniano al mandatario rumano, Klaus Iohannis, y al pueblo rumano”.
A propósito de las amenazas a Suecia, desde Gotemburgo mi amigo Fernando Ramos Morales, recalca: “Suecia mira a la guerra con preocupación. A su historia con Rusia y no ser parte de la OTAN agrega las amenazas recibidas directamente (a través de su embajadora) e indirectamente, cuando advierte que todos los países que ayuden a Ucrania sufrirán las consecuencias, mientras Suecia envía armamento y cierra su espacio aéreo como muchos otros países europeos. La ministra de Estado (Statsminister) Magdalena Andersson, ha dicho que Suecia es la única que decide acerca de su política de seguridad respecto a unirse a la OTAN y llama al ataque perpetrado como indefendible e ilegal. Reforzar las fuerzas armadas es prioritario. Opino que Europa tiene problemas en no recordar su propia historia. Lo de Ucrania no tenía que haber pasado. Europa debía haber tenido esta respuesta, tanto financiera como política, el día que Putin decidió anexarse Crimea. Ucrania no fue invadida hace una semana, fue invadida desde 2014 y la falta de respuesta permitió que Putin esperara que Europa de nuevo no haría nada. Personalmente, estoy preocupado por mis hijos, principalmente. Eran una de las generaciones de una Europa relativamente en paz y el futuro se veía tenso, pero brillante. Quisiera poder predecirlo para poder saber si mi familia va a estar bien. Pero ahora mis hijos tienen acceso a toda la información y ven la devastación que una guerra puede tener. El fin de semana vimos donde queda Ucrania y vemos que no es tan lejos como parece; y preocupado porque el agresor es una persona que tiene una agenda donde está dispuesto a mentir y a justificar cualquier ataque mientras le sirva a su propósito y además, controlando uno de los arsenales mas grandes de armas nucleares en el mundo. Yo espero que todo termine con un “empate” donde Rusia cree una zona desmilitarizada dentro de Ucrania, se anexe las zonas del este y se cree una tensa situación en los siguientes 10 años. Me gustaría ver un poco más de fuerza de parte de Europa declarando a Ucrania como un miembro honorario de la OTAN para que pudieran tener más métodos legales para ayudar a defender a la población civil y más ahora que Bielorrusia también está mandando soldados a la ocupación. La idea por acá es que nadie quiere atacar a Rusia, sino simplemente detener lo que están haciendo en Ucrania”.
Así, apreciados lectores, corren tiempos aciagos de indescifrables resultados.