Con este título ha publicado María Angeles Almacellas un libro en Desclée De Brouwer, 2021. El título revela bien la intención de la autora. “Quien esto escribe estaba moviéndose en un entorno de personas de notable nivel intelectual y significativas en distintos ámbitos de la cultura, especialmente el literario, filosófico y cinematográfico. Personas con valores humanos muy destacables....pero alejadas de la fe” (Pag. 25). Almacellas se propone acercar a la fe a esas personas, poniéndoles como anzuelo la vida y la obra de Santa Teresa de Avila.
En efecto, esas personas, que no creen pero buscan la verdad, no podrán menos de sentirse atraídas por las cualidades humanas de la Santa y por la frescura, gracia y sinceridad de sus escritos. La única dificultad parece ser que no los han leído, o los han leído muy por encima. En realidad, apenas saben que Teresa de Avila fue una cumbre en nuestra literatura del Siglo de Oro. Y poco más.
Almacellas hace un esfuerzo para facilitar la lectura de sus obras y suscitar la curiosidad por conocerla más en profundidad. No sería la primera vez que el método de nuestra autora ha tenido éxito. Quizá el caso más notable haya sido la fulminante conversión de Edith Stein desde el judaísmo al catolicismo.
Puede sorprender que se recomiende hacer oración a los que buscan la verdad. Pero la Santa entiende la oración como “tratar a solas con quien sabemos nos ama” (Pag. 44). Y ciertamente el amor presupone la verdad. Quien nos ama siempre nos dirá la verdad. La llamada “mentira piadosa” es justamente el caso concreto en que se oculta la verdad para no herir a quien se ama.
Almacellas dedica la primera parte de su obra al largo inciso en la autobiografía de la santa, citada como “Vida”. Se trata de los famosos “cuatro grados de oración”.
Nuestra autora expone en detalle, y con gráficos muy intuitivos, la comparación que hace la Santa entre los cuatro grados de oración y las cuatro maneras de regar un huerto. Eso supone haber leído muchas veces, y con gran atención, todo el legado escrito d Santa Teresa. Estamos ante un gran trabajo, hecho pacientemente por Almacellas, para hacer más accesible al público del siglo XXI el lenguaje algo arcaico de Santa Teresa.
Primero, sacar con cubo agua del pozo
Segundo, sacar agua con noria y arcaduces
Tercero, sacar agua de un arroyo
Cuarto, el agua de lluvia que manda el Señor
No es el caso de entrar en la pormenorizada descripción que hace Almacellas de estos grados, pues es otro mi propósito. Mi intención es comparar esos cuatro grados de oración con los cuatro niveles que distingue López Quintas en la manera de relacionarse el hombre con las cosas, las personas y finalmente con Dios. Este pensador ha desarrollado esta teoría en una extensa bibliografía. Enseñó durante
muchos años en la Universidad Complutense de Madrid como Catedrático de Estética. En el libro de Almacellas se contiene un Epílogo redactado por él, donde los citados niveles son presentados así:
Nivel 1, nuestro conocimiento de los objetos y el manejo de ellos Nivel 2, la creatividad y el encuentro entre personas
Nivel 3, el mundo de los valores y el fruto de ellos, que es la verdad Nivel 4, el propiamente religioso
María Angeles Almacellas es una discípula aventajada de López Quintas. No creo que fuera su propósito hacer un paralelo entre los cuatro grados de oración de Santa Teresa y los cuatro niveles de relación estudiados por López Quintás. Pero el lector de su libro no puede menos de sentirse sorprendido por la coincidencia del número 4. Mucho más, si en ambos casos lo que se describe en el fondo es el mismo proceso ascendente del espíritu humano que, partiendo de las realidades de este mundo, culmina finalmente en la unión con Dios.
Tanto es así que surge la pregunta ¿se tratará de dos descripciones en lenguajes distintos del mismo proceso? Algo parecido a lo que sucedió en los albores de la física cuántica. Aparecieron a la vez la “mecánica ondulatoria” de Schödinger y la “mecánica matricial” de Heisenberg. Al principio se pensó que eran dos teorías distintas, incluso contrapuestas. Luego se vio que ambas decían lo mismo con lenguajes matemáticos diferentes.
Por supuesto, no se trata de comparar el grado primero de Santa Teresa con el nivel 1 de López Quintás, y así con los demás. Me refiero al conjunto, al proceso ascendente visto como un todo.
La diferencia mayor está en que la descripción de Santa Teresa es excepcional. La gracia divina parece llevar la iniciativa. En cambio, el camino propuesto por López Quintás está abierto en principio a todos los seres humanos, aunque sean pocos los escogidos que llegan al nivel 4.
Pero, a mi juicio, esta diferencia entre ambas descripciones es de grado y no de substancia. Los éxtasis místicos de Santa Teresa, por muy arrebatados que fueran, nunca aniquilaron su libertad positiva, el supremo don divino que nos constituye en personas. Si Dios nos creó libres en sentido positivo, no atropellará luego esa libertad. Siempre la respetará. La libertad positiva no desaparece en la máxima unión con Dios. Al contrario, sólo tiene sentido tal unión , si se sigue siendo persona.
Tenemos un ejemplo en aquellos felices matrimonios en que el amor mutuo se va haciendo cada vez más intenso, delicado y profundo, y sólo la muerte acaba con él. Aun en este caso siempre se conserva intacta la libertad positiva, y con ella la capacidad de traicionar ese admirable amor. Por desgracia, ocurre a veces que la traición tiene lugar cuando menos podía esperarse, cuando más depurado e intenso parecía ese amor.. Se confirma así que la libertad positiva estaba intacta.
Ni un éxtasis místico aquí abajo, ni la dicha de los bienaventurados en el cielo, convertirá nunca a los hombres en animales, que obran sin libertad positiva y sólo por instinto. Es justo al revés. Todas las potencias de la libertad positiva se concentran y se refuerzan entre sí en la comunión con la persona amada, y finalmente con Dios mismo.
Así pues, la diferencia de que hablamos no parece ser esencial, a pesar de la
excepcionalidad del caso de Santa Teresa. Mucho más si ésta fue siempre una mujer muy práctica y hacendosa, con los pies bien afincados en la tierra. Por otra parte, tampoco la diferencia en los lenguajes parece decisiva. Santa Teresa relata sus experiencias en un lenguaje llano, sencillo y espontáneo. López Quintás teoriza con el lenguaje elaborado y sofisticado, que es propio de un filósofo. Pero con ambos lenguajes puede decirse en substancia lo mismo. Este paralelo entre los cuatro grados de oración de Santa Teresa y los cuatro niveles relacionales de López Quintás es obviamente una ocurrencia que me ha venido a la mente por la lectura del libro de Almacellas.
Como ocurre con todas las ocurrencias, -“insight” en inglés, o “hipótesis” si se prefiere- no hay manera de saber a priori en qué medida son verdaderas o falsas. Lo único que hago es brindarla a la consideración de los lectores que no creen pero buscan la verdad. Y especialmente a María Angeles Almacellas, por haber escogido precisamente a Santa Teresa, y ser culpable, aunque sin quererlo, de mi ocurrencia. Pues en principio, las ocurrencias no son muy fiables.
Con todo, expondré mi ocurrencia de otra manera. Imaginemos a Santa Teresa en nuestros días y leyendo un libro de López Quintas. De pronto se da una palmada en la frente y exclama: “¡Tate!. Si esto es lo que yo he hecho siempre en mi vida. Lo que pasa es que no me daba cuenta bien de lo que hacía. Pero lo hacía, que es lo principal”.