Sesenta y dos años han pasado desde que naciera una figura legendaria de la guitarra, un talento imponente al servicio de las seis cuerdas. Y aunque no maneje la pluma con igual maestría, se confiesa ante su editor de Global Rhytm.
Ahora la palabra del músico, que pertenece a la mitología del Rock, es Historia. Seis millones de dólares se ha embolsado por dictarle a su escriba, de manera novelada, tres décadas de excesos, desengaños amorosos y genialidad.
Reconocido por su discreción en un mundo ostentoso y extravagante, Clapton diserta, sin tapujos, sobre sus adicciones y las vicisitudes de una vida que no siempre fue un camino de rosas. Revelaciones que más bien parecen confidencias a un albacea literario, pero con una diferencia sustancial, no se han publicado, precisamente, a título póstumo.
Habla por primera vez de su obsesión por la mujer de su amigo George Harrison, Patty Boyd. Según relata Clapton, fue el ex Beatle el que le pidió distraer a su esposa mientras seducía a la cuñada. El joven guitarrista, que en principio iba a funcionar de gancho, sucumbió a los encantos de la bella Boyd, preso de una obsesión aliviada por heroína. Integraron así un triángulo amoroso con la venia del británico. Pero Patty no se lo pondría nada fácil.
En los albores de la década de los setenta, ya desintoxicado, consigue casarse con ella. Quizá fue un matrimonio por despecho; el enamoradizo Harrison había hecho lo propio con la mujer de Ringo Starr, golpe que arrojó a Boyd a los brazos de Clapton. También se atreve a relatar lo acontecido en torno a la muerte de su hijo, Connor, de cuatro años, que cayó al vacío desde una ventana de su apartamento neoyorkino. El músico compuso la conmovedora "Tears in heaven" en su memoria.
