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TRIBUNA

Carta a un estudiante de Filosofía

Javier Barraca Mairal
lunes 25 de abril de 2022, 20:12h

Te escribo esta carta abierta porque me has confiado que te planteas estudiar un grado de Filosofía. Y lo haces, precisamente, ahora que el actual gobierno del Estado la ha extirpado de la ESO. Con mi carta, lo que se abre de mí, ante tus ojos y los de los demás, no es un mero criterio acerca de una cuestión vocacional particular, sino algo muy profundo. Pues tu pretensión constituye, hoy, toda una osadía, un reto que requiere una considerable audacia. Ojalá, en tu caso, se haga realidad el dicho de que la fortuna favorece a los audaces. Pero mucho me temo que el escenario previsible que te aguarda no resulte nada halagüeño. Vivimos en una sociedad masificada y masificadora, de acuerdo con lo denunciado por Ortega, hecha de eslóganes políticamente correctos y consignas ideológicas, un mundo amaestrado cuyos criterios de valor residen casi en exclusiva en la mera posesión de objetos, el dominio del otro y en las expresiones de la fama más banales. En semejante contexto, la mayoría huye como peste de la reflexión filosófica. Por eso, cabe preguntarse qué futuro espera a un graduado universitario en Filosofía, especialmente cuando la universidad se ve reducida a un simple medio con el que contener temporalmente a quienes pretenden una salida profesional.

Extrañará, pero no puedo evitar sentirme orgulloso de ti precisamente por tu ideal y por esa búsqueda de sentido y hondura que contiene. Bajo el bombardeo incesante del utilitarismo y el consumismo más crasos, me admira tu aspiración a aprender Filosofía y a filosofar tú mismo. Me admira porque revela que hay quien aprecia la importancia del juicio propio y la crítica de las ideas. Al estudiar Filosofía, promueves nada menos que la libertad, la tuya y la ajena, en medio de un mar de servilismos y de tópicos. Al practicar la reflexión filosófica, madura en nosotros el criterio (Balmes), y este conduce a su mayoría de edad intelectual a nuestra razón (Kant). Sin Filosofía, como sin ética, nos deshumanizamos (Lévinas).

También, me admira profundamente la vitalidad de tu asombro ante lo real, que es lo que activa todo afán de pensar –Platón y Aristóteles señalaron a la admiración como inicio del filosofar-. Y aplaudo el que inicies esta senda con la frescura de tu mocedad, no al final de un largo trayecto vital, que te lo haya recomendado, sino con el impulso creativo de tu juventud. Me sobrecoge que te lances, desde el trampolín de tu entusiasmo por la reflexión, al agua turbulenta de unos estudios y profesión tan denostados, incluso despreciados. Ya son multitud quienes juzgan que nadie sensato debería estudiar, en nuestro tiempo, un grado de Filosofía, ni ningún país o institución prudentes establecerlos. Bastantes parados tenemos, se protesta, para fabricar más con carreras de este tenor u otro similar. Y, entonces, al descuidar las humanidades, lo que se fabrica son sujetos despersonalizados a los que comprar y manipular a cambio de tan poco como una pantalla saturada de desinformación, demagogia y un burdo, un soez sensacionalismo. Al menos tú, estudiante de Filosofía y sujeto pensante de una sociedad distinta, en la que la dignidad de la persona y el rostro del otro puedan hacerse un lugar, tal vez logres ofrecer cierta resistencia. Resistencia a este taparlo todo bajo el velo de una ignorancia sumisa, de la indiferencia ante la injusticia y la mediocridad, de la superficialidad del aborregamiento, de la complicidad moral.

Agapito Maestre me ha hablado, recientemente, sobre la fecundidad de conocer a algunos de los más egregios pensadores que se expresaron en nuestra lengua, y eso ha revivido en mí asimismo la experiencia palpitante de frecuentar filósofos actuales como López Quintás, Maceiras, Méndez, Carlos Díaz y tantos otros que, entre nosotros, son maestros en el cultivo de esta socrática actividad. Y es que quien te escribe esta carta también cometió, iluso, hace tiempo, la bella locura de estudiar un grado de Filosofía. Solo que, ahora, tras vivir los gozos y las sombras aparejados a ello, ya no cambiaría esa locura suya por nada.

Javier Barraca Mairal

Profesor de Filosofía de la Universidad Rey Juan Carlos

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