Destacados personajes del entorno del CNI, que Pedro Sánchez ha vilipendiado, me informaban ayer...
Destacados personajes del entorno del CNI, que Pedro Sánchez ha vilipendiado, me informaban ayer sobre la reacción sanchista a los avisos ceutíes. Estaba de vacaciones en la Mareta. Se le hizo llegar la alarma en comunicación telefónica. Su respuesta fue: “Como todos los años. No hay que darle importancia… Ni caso”.
Me hago eco de esta información sin contrastarla. Que las informaciones sobre el asalto invasor a Ceuta le llegaron a Pedro Sánchez está claro y comprobado. Que su reacción puede ser la que certifican destacados personajes del entorno del CNI, también. Veremos lo que las investigaciones en curso certifican.
En todo caso, la reacción de Pedro Sánchez forma parte de la lógica. No le dio importancia a los avisos. Creyó que formaban parte de lo que había ocurrido en años anteriores. Mucho cuido y pocas nueces. No valía la pena preocuparse. Ocho años en Moncloa le habían enseñado la fragilidad de los testimonios alarmantes. No eran para nada importantes. Podía dedicarse, sin preocupación, al buceo y a tomar el sol canario.
Tal vez no tenga más alcance el debate sobre el alcance de los avisos que Sánchez y algunos de sus ministros recibieron. Así se entiende a los que no hicieron caso hasta que explotó la operación más alarmante pilotada desde Marruecos. A continuación, Sánchez y sus compinches desencadenaron la cascada de las medias verdades, de las explicaciones absurdas, del caos generalizado, de la incapacidad gubernamental para dominar un asunto que se le escapó de las manos, que desde el primer momento les sobrepasó a todos.
Sobran las explicaciones de lo ocurrido. Lo que expongo en estas líneas deja clara la obligada dimisión de los que se equivocaron y no hicieron nada. Pero no ha habido ni habrá dimisiones. Pedro Sánchez parece decidido a eliminar, por falta de uso, la palabra dimisión del Diccionario de la Real Academia Española.