Pedro Sánchez necesitó los votos secesionistas de ERC y los proetarras de Bildu...
Pedro Sánchez necesitó los votos secesionistas de ERC y los proetarras de Bildu para la investidura. Los sigue necesitando para sacar adelante en el Congreso de los Diputados sus proyectos legislativos. Su debilidad puede considerarse extrema. Sobrevive a base de concesiones políticas y económicas. Las políticas, lesionan muchas veces la dignidad de España; las económicas, fragilizan nuestra economía, que supera ya una deuda pública de billón y medio de euros.
Los secesionistas catalanes y los bilduetarras pretenden escabechar ahora a Margarita Robles, que ha demostrado ser una firme ministra de Defensa. Y han puesto en marcha una desmesurada campaña contra el espionaje del que fueron objeto los golpistas catalanes, cuando todas las naciones democráticas protegen su Estado de Derecho con servicios de inteligencia que se mueven, que deben moverse dentro de la ley, siempre dentro de la ley.
Pedro Sánchez quiere agotar la legislatura para que coincida su fin con la elección de presidente del Consejo de Europa, que es su aspiración máxima. Camina hacia ella de la mano de Borrell y Bolaños. Y ha tomado una decisión insólita: que los secesionistas y los bilduetarras a los que el CNI debe espiar, dentro de la ley, para defender el Estado, entren a formar parte de la Comisión Parlamentaria a la que, con máximo secreto, el Centro Nacional de Inteligencia tiene que informar. La incongruencia resulta manifiesta. Desarmar el Estado sin otro objetivo que Sánchez permanezca un año más en el poder constituye una aberración política de grueso calibre. Los intelectuales más serios, los políticos más responsables, las instituciones más solventes expresan estos días su indignación ante la indecente jugarreta perpetrada por Pedro Sánchez, que ha envalentonado además a secesionistas y bilduetarras y por eso cada día piden más, cada día se mofan con mayor ahínco del sanchismo evanescente.