En la era de los ordenadores y móviles ya no es posible considerar el ateísmo como una honrada opción intelectual, y por tanto digna del respeto que en principio otorgamos a una opinión que al menos es claramente no contradictoria. Ahora hay que atreverse a negar la evidencia lógica, si se quiere ser ateo.
Una vez descubierto a finales del siglo XIX por Frege y Peano el cálculo lógico, gracias al cual funcionan nuestros ordenadores y móviles, resulta que ha resucitado el varías veces enterrado “argumento ontológico” de San Anselmo. La mera idea de Dios implica su existencia. Tanto es así, que me he permitido poner el título PIENSO LUEGO DIOS EXISTE a mi último libro (Digital Reasons, Madrid 2022). Obviamente aludo al célebre PIENSO LUEGO EXISTO, con que Descartes comienza su “Discurso del método”.
El ateísmo hay que considerarlo desde ahora como una enfermedad intelectual, vulgo “ignorancia”. Y como tal enfermedad tiene cura. Basta estudiar la lógica formalizada por Frege y Peano. Si en el aspecto práctico ese fundamental descubrimiento ha puesto en marcha la formidable revolución en nuestras costumbres, cuya trascendencia no apreciamos porque la estamos viviendo y carecemos de la perspectiva adecuada, en el aspecto teórico las consecuencias no son menos trascendentales. El ateísmo ha sido puesto fuera de combate.
Empleemos la palabra griega LOGOS para referirnos al pensamiento y al lenguaje con que se transmite de una mente a otra. Usemos la palabra latina ESSE para lo que es, existe, se da o tiene realidad de un modo u otro. La entera historia de la filosofía puede verse como el siempre fallido intento de relacionar correctamente LOGOS y ESSE. Eso no se ha logrado hasta el feliz hallazgo de Frege y Peano. Y ha sido entonces cuando hemos sido capaces de construir, no sólo máquinas que incorporan cálculos matemáticos, sino máquinas que incorporan el radical y básico cálculo lógico, que sustenta nuestro lenguaje ordinario.
Frege y Peano eran matemáticos profesionales. Lo que más les sorprendió fue la superioridad del cálculo lógico respecto a los matemáticos. Ya en las Cuatro Reglas elementales encontramos la división por cero, que no tiene solución. Por el contrario, en el nuevo cálculo lógico nunca aparecen agujeros insolubles. Lo mismo que podemos derivar todas las funciones, pero sólo podemos integrar muy pocas. En el cálculo lógico siempre se va con igual facilidad hacia adelante que hacia atrás.
La idea en la que ahora se apoya el argumento ontológico resucitado es la “triple correspondencia” entre las tres nociones fundamentales del LOGOS -validez, consistencia y contradicción- y los tres conceptos básicos del ESSE -necesario, posible e imposible-. Los abreviaremos por Vz, Cs y Ct para el LOGOS. Igualmente Ne, Po e Im para el ESSE. Formalizamos la primera correspondencia por Vz ↔ Ne. La segunda por Cs ↔ Po. Y la tercera por Ct ↔ Im.
La dificultad por el lado del LOGOS ha sido siempre que los lógicos sólo
fijaban su atención en las valideces Vz y en las contradicciones Ct. Sabían que una Vz con el negador delante es una Ct, y una Ct con el negador delante se convierte en una Vz. Pero hacían caso omiso de las consistencias y del hecho de que una consistencia con el negador delante es otra consistencia. Y sin embargo, sólo cuando se incorporan las consistencias surge ante nosotros el entero cálculo lógico en toda su potencia, grandiosidad y belleza. Aunque en este artículo haremos caso omiso de la segunda correspondencia entre consistente y posible.
La dificultad por el lado del ESSE fue lo contrario de lo anterior. No es que faltase algo, sino que estorbaba algo y no se acertaba a prescindir de ello. Los filósofos consideraban indispensable un cuarto “modus” del ser, el ser contingente o lo existente de hecho en nuestros cosmos. Empezar por la realidad de nuestro mundo les parecía algo obligado y obvio.
La “triple correspondencia” era inalcanzable, porque los filósofos manejaban dos nociones en el lado del LOGOS y cuatro en el lado del ESSE. Y sobre todo, pensemos en la “triple correspondencia” antes del Big Bang, cuando el poder creador de Dios aún no había sido estrenado. No existían siquiera los entes contingentes, tan molestos a efectos de entender bien el tema que nos ocupa.
Empecemos por la correspondencia tercera Ct ↔ Im. Es la más sencilla y aceptada por todo el mundo. Frente al concepto “contradictorio” por parte del LOGOS está el concepto “imposible que exista” por parte del ESSE. Afirmar y negar a la vez lo mismo es lo que consideramos contradictorio, y estamos ciertos de que es imposible que eso exista.
Como ya nos hemos familiarizado con las constantes contradicciones de los políticos, parece que estamos dispuestos a tragarnos todo. Y sin embargo la frase “Pedro Sánchez es el Presidente del Gobierno de España y Pedro Sánchez no es el Presidente del Gobierno de España” nos sigue pareciendo contradictoria en sí misma. Ni siquiera el propio Pedro Sánchez se atreverá nunca a pronunciarla en serio.
Todos estamos convencidos de que lo contradictorio en estricta lógica no puede existir. Cuando discutimos acaloradamente con alguien, no podemos recibir mejor regalo que cogerle en una contradicción. Toda la razón cae automáticamente de nuestro lado. Lo más que puede hacer el derrotado es tratar de escabullirse mediante el humor, como aquél que exclamaba ¡eso, eso es precisamente lo me gusta, contradecirme! Pero hasta para hacer chistes que tengan gracia hay que evitar las contradicciones. Para entender lo que otro dice es preciso que no haya contradicciones. Porque si las hay, el lenguaje ya no dice nada.
Pasemos ahora a la primera correspondencia, que opone lo válido en el LOGOS a lo necesario en el ESSE. La hemos formalizado por Vz ↔ Ne. Ya dijimos que, si ponemos el negador delante de una Ct, llegamos a una Vz. Formalizamos la contradicción como A&-A. El llamado “principio de no contradicción” es la Vz que se obtiene negando la anterior Ct. Lo formalizamos encerrando la contradicción entre paréntesis, y con un negador al principio que cubra toda la Ct, Obtenemos -(A&-A). La letra A está por “afirmo A”. Y A es cualquier frase gramatical con sujeto y predicado.
En rigor debiéramos escribir +A. Pero el afirmador + se da siempre por sobreentendido. El familiar signo “menos” de la resta está por el negador. Por tanto
-A es “niego A” . El signo & está por la conjunción “y”. Con el negador delante hemos pasado de lo contradictorio en la tercera correspondencia a lo válido en la primera. Hemos aplicado -Ct = Vz. Eso en cuanto al LOGOS.
Para pasar de la tercera correspondencia a la primera en el ámbito del ESSE, el negador hay que ponerlo detrás y no delante. En efecto, si ponemos NO detrás de “imposible” llegamos a “imposible no existe”. O sea, no es posible que no exista, o necesariamente existe.
Así pues, con el negador delante de “contradictorio” y el negador detrás de “imposible” hemos pasado de la tercera correspondencia a la primera. Cabe reescribir la tercera correspondencia como -Vz ↔ Ne -. O sea, sólo con las abreviaturas Vz y Ne. Si explicitamos el signo +, la primera correspondencia es + Vz ↔ Ne +. El primero de los operadores lógicos, el afirmador negador, vincula por tanto las correspondencias primera y tercera. Podemos compactar ambas correspondencias en un solo renglón como (+ Vz ↔ Ne +) & (-Vz ↔ Ne -).
¿ Qué podemos entender por Ne + o “necesariamente existe”? El implacable cálculo lógico nos ha llevado a esta fatídica expresión. Es algo intolerable para los ateos. ¿Cómo expulsarla de la lógica?
Lo primero que se ofrece a la mente es proceder “vía negativa”, como decían los medievales. Imaginar un viviente que no ha recibido la vida de nadie, la posee por sí mismo, y no puede perderla. No ha nacido y no puede morir. En todos los idiomas del mundo se designa esta idea con la palabra “Dios”.
Como las consecuencias de que Dios exista o no caen como una pesadísima losa sobre nuestras vidas, cabe siempre la escapatoria del humor. En “El Rey que rabió” de Chapí el coro de sabios doctores repite “el perro está rabioso o no lo está, y de esta opinión nadie nos sacará”. Lo que dicen los doctores es una nueva validez, equivalente al principio de no contradicción antes citado. El público la interpreta como una tonta verdad de Perogrullo, carente de importancia.
Santo Tomás de Aquino, por el contrario, fue hasta el fondo del asunto. Comprendió que para Dios no vale la distinción “esencia-existencia”, que viene de Avicena. Dios no tiene esencia. No está limitado por nada. Es pura existencia, puro ser, “Ipsum Esse”.
El ateo está comprometido hoy día con la tarea de destruir con alguna argucia dialéctica la terrible fuerza de la expresión del cálculo lógico “necesariamente existe”. Algo así como la hercúlea empresa de destruir la verdad de “dos y dos son cuatro”. Hay que probar que -Vz ↔ Ne - es verdadera y en cambio + Vz ↔ Ne + es falsa.
Si el ateo quiere ver, o busca la verdad, se dará cuenta enseguida de que nada puede destruir a la lógica, que es aún más potente y férrea que la matemática. Por el contrario, si no quiere ver, o busca engañarse a sí mismo, preferirá quedarse ciego antes que operarse de cataratas, hoy día algo casi rutinario en medicina.
En conclusión, el ateísmo tiene cura. Y una cura bien fácil. Basta enterarse de que se ha formalizado el cálculo lógico y que por eso el ateo actual puede servirse de ordenadores y móviles. En estricto rigor, los que se declaran ateos hoy día deberían renunciar a su empleo. Usarlos es tanto como gritar a pleno pulmón “Dios existe”.