Varios periódicos digitales se hacen eco de un hecho singular: en el censo andaluz para el 19-J...
Varios periódicos digitales se hacen eco de un hecho singular: en el censo andaluz para el 19-J se han detectado personas fallecidas. Es un clásico de la trampa electoral. Se manipula el censo y se incluyen en él a muertos, los cuales votan por correo. Nada nuevo bajo el sol. Álvarez Tardío ha demostrado de forma concluyente en un libro de conocimiento obligado que el Frente Popular hubiera perdido las elecciones de 1936, sin las trampas que el autor detectó en solo dos provincias.
Y ahora la digitalización permite multiplicar un engaño que los expertos en informática tienen capacidad de evitar. El Partido Popular, si no lo ha hecho ya, debería contratar a media docena de informáticos profesionales de primer orden para desenmascarar cualquier engaño que la extrema izquierda pueda intentar.
No se trata de una especulación. Hay pruebas de que el comunismo iberoamericano ha hecho trampas en Venezuela, en Perú y en Bolivia y probablemente en otras naciones. Para un liberal conservador o un socialista democrático, la limpieza electoral es algo sagrado en la democracia. Para un comunista, al menos para algunos comunistas, engañar a los capitalistas es un deber. La trampa electoral no significa un baldón ético sino una obligación moral para ciertos sectores del comunismo.
No sé si Núñez Feijóo estará sobre aviso. Pero que no se engañe. Si la extrema izquierda puede, hará trampas, dando la vuelta a las encuestas, todas ellas coincidentes en la victoria del Partido Popular el domingo 19 de junio.
En esta misma sección, para no argumentar con naciones de discreto desarrollo, traje el ejemplo de Holanda, cuyo primer ministro Mark Rutte ordenó papel y lápiz para el recuento, estableció el uso del teléfono, ganó las elecciones y, tras ellas, expulsó de los Países Bajos a una decena de hackers informáticos rusos que tenían preparado el falseamiento del resultado electoral.