Como era previsible, Pedro Sánchez tenía que sacar un conejo de la chistera para aplacar la ira de sus socios de Gobierno e investidura por su atlantismo feroz. Aunque ya se sabía, el presidente reconoció en su discurso del debate del estado de la nación que está dispuesto a aguantar hasta el final de la legislatura. Y para ello, necesitaba complacer a Podemos, ERC, Compromís y demás formaciones “progresistas”.
Y ése es el motivo de que anunciara el “impuestazo” a la Banca y a las empresas energéticas, una medida que le venía exigiendo Podemos desde que firmaron el acuerdo de coalición. La “progresía” parlamentaria celebró el giro a la izquierda. Y con eso, logró su objetivo principal.
Pedro Sánchez, sin embargo, se ha limitado a anunciar el cacareado impuestazo. Pero nadie sabe en qué consiste. De hecho, hasta la ministra de Hacienda ha reconocido que el Gobierno tiene que elaborarlo. Sin embargo, en sus réplicas a todos los grupos parlamentarios, el presidente ha exigido que apoyen la medida si “de verdad les preocupa la situación económica de las clases medias y trabajadoras.” Como era de esperar, tanto el PP como Ciudadanos han contestado que antes de anunciar el sentido de su voto deberían conocer “la letra pequeña” de la propuesta. Los partidos “progresistas”, sin embargo, se mostraban encantados del “giro a la izquierda” de Sánchez.
Y así, gracias al misterioso impuestazo, el presidente ha salvado el pellejo al recomponer su relación con Podemos y recuperar el apoyo de sus socios de investidura. El estado de la nación es lo de menos. Lo único importante es aguantar en La Moncloa hasta el último día. Misión cumplida.