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TRIBUNA

Miguel Ángel Blanco

Juan José Vijuesca
miércoles 13 de julio de 2022, 20:05h

Por vehemencia o tal vez por aquiescencia del actor principal, hay alocuciones que gozan del desvarío más contumaz y a Sánchez se le ve el plumero. A estas alturas de la gobernanza de nuestro presidente casi todo es fruto de la misma causa: la mentira, y en sustitución de ésta, la hipocresía.

Quizás el problema de Pedro Sánchez sea precisamente lo que él arrastra desde su origen como político de bajura, que merced a su franquicia nacional lo único que ha conseguido es desmembrar a España y convertir este país en un universo cabalístico achatado por los polos y en descomposición anímica y social. Otros por menos se lo han hecho mirar.

En el acto de Ermua Pedro Sánchez se llevó por delante, una vez más, la unidad de España con ese manifiesto tan fuera de lugar hablando de dos países y el antes y el después, ya saben, nada que no redunde en el rechazo popular que se ha ganado a pulso. En Ermua, si cabe, mayor desdeño por su particular manera de querer controlar a idéntico precio dolor y rédito patricio. Es la incongruencia total basada en el autoelogio y en el ego exacerbado.

Y en esas estamos cuando el presidente Sánchez pretende dar lecciones de historia a cuantos fuimos Miguel Ángel Blanco e incluso cuando la sociedad vasca de entonces también mostró de forma masiva su repulsa contra ETA. Junto a ella, toda España se echó a la calle para clamar por la liberación de un joven hasta ese momento anónimo, además de buena gente, a decir de quienes le conocieron. Las concentraciones de manos blancas y el grito de ¡Basta ya! se popularizaron como símbolos de una alternativa pacífica frente a la barbarie. Por desgracia el reloj siguió hasta que dos disparos acabaron con el tiempo de la vida. Fue entonces cuando España salió de una parálisis para defender la libertad y la paz con una sola voz y en un único país. No hubiera estado de más haberle preguntado al presidente si él formó parte activa de la generación de las manos blancas que tanto simbolizó para la unidad de España en aquellos tiempos tan difíciles.

Y como suele ser habitual en esto de la fotogenia para la galería, en apenas 48 horas más tarde don Pedro ha cambiado el rictus y las espigas se han vuelto lanzas. En el Debate sobre el estado de la Nación cuando la señora Gamarra inició su intervención pidiendo en la Cámara honrar con un minuto de silencio la memoria de Miguel Ángel Blanco la foto ha salido movida. Entre el agravio de la señora Batet, Presidenta del Congreso de los Diputados, quien no se dignó en levantarse de su sitial para sumarse al acto y las malas caras del Gobierno, una vez más se ha dibujado la mentira y la hipocresía que anida en sede monclovita.

Por eso aconsejo a quienes le escriben los discursos a Pedro Sánchez, que no lo hagan con idéntico artificio, a estas alturas casi nadie le cree; prueba de ello que históricos del PSOE han firmado un manifiesto contra la ley de Memoria Democrática impulsada por este gobierno que no deja de ser, en opinión de los firmantes, “una expresión actualizada de quienes en esa época utilizaban la violencia con consecuencias dramáticas bien recordadas”

Así pues, no me parece de justicia tergiversar ahora la honrada mirada hacia el futuro de nuestro país por verse sometido a voluntades unipersonales de mandato jugándose nuestra bien ganada libertad democrática a la carta más alta; por eso me quedo con el testimonio del rey Felipe VI recordando a Miguel Ángel Blanco: "No podemos permitir que generaciones ignoren lo que pasó, las víctimas merecen respeto. Esos días nos recuerdan también que tenemos que defender, como un deber permanente, los derechos de los que fueron privados Miguel Ángel Blanco, Sotero Mazo y todas las víctimas del terrorismo: la vida, la libertad y la dignidad".

En el discurso del rey está todo lo que pasó. Esa es la diferencia. O se está o no se está.

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