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DESDE ULTRAMAR

Alito como bufón, Canadá como penitencia, la Luna como meta

Marcos Marín Amezcua
jueves 28 de julio de 2022, 19:31h

La semana transcurrida nos impele a reflexionar las corruptelas y bufonadas del dirigente del PRI, Alito; las implicaciones metacatólicas de la visita papal a Canadá y la fiereza que extrapolan las potencias poseedoras de fichas con las cuales jugar en el espacio sideral, trocando sus rivalidades terrestres en aeroespaciales.

Para el primer caso, el dirigente del PRI, Alejandro Moreno, Alito, faceto, en tanto es acusado de lavado de dinero, señalado de proxeneta y misógino o como desfalcador del erario público, exhibido cada semana en el evidenciador contenido en audios muy comprometedores, cuyo fraseo no niega, solo acusa de ilegales, se ampara para que cesen, así avalándolos el muy tontorrón, olvidando que sobra hacerlo, pues se cuestionan acciones públicas de un personaje público. Quiere silenciar opositores, justo como el PRI de siempre, que los reprime. Hizo un ridículo viaje a Europa para acusar al gobierno morenista, resultando un absurdo periplo oneroso pagado con dinero público acudiendo a ciertos organismos europeos que apenas, si acaso, atendieron sus berrinches y venganzas infantiles, sumando un viaje a Washington, recibido por el impresentable Almagro en la OEA.

Lo que es ser ignorante del lastre que significa Almagro para la democracia continental. Es el más inadecuado para hablar de ella o hablarle de ella. El bituminoso Alito escupe que se respete el estado de Derecho, ese que jamás respeta su partido. Es grotesco que lo pida. Se montó una escena en el Capitolio que daba más risa que pena ajena, proviniendo de él. El degradado Alito cuenta con una orden de alerta migratoria del gobierno mexicano, porqué pesa sobre sí el rumor de que intentará evadir la justicia mexicana. Tanto brinco que da, estando el suelo tan parejo. Ilustra al nauseabundamente corrupto y putrefacto PRI de los pies a la cabeza. Invita a no votar PRI, sea que vaya solo o en alianzas. Incluso.

La gira papal a Canadá sí es valiosa. Si en siglos anteriores, los pueblos originarios fueron forzados a llevar a sus hijos a instituciones católicas, puede ser cuestionable el método aplicado y a los ojos de entonces y actuales, un crimen, ante la impotencia de negarles desde su fisonomía y nombre hasta hablar su idioma original. Fue un proceso histórico de aculturación impuesto como parte del proceso exterminador de identidades –puede ser no siempre de personas, per se– atestiguado en toda América desde 1492, independientemente del europeo y sus descendientes que hayan instrumentado esa política. Ni negarlo ni tratar de disfrazarlo. Sería inútil y más desde el catolicismo trasnochado, que pulula. Es lo que fue y punto. Ahora, la parte criminal se acrecienta con las sepulturas de pupilos aparente o innegablemente, clandestinas. La causa de muerte de niños y jóvenes no queda esclarecida ni justificada, empero que no se use de ariete contra la Iglesia católica. Culpar solo a las instituciones educativas católicas se aprovecha para satanizarla. Es hipócrita, pues el proceso aniquilador indígena en el mundo anglosajón en concreto y en particular en los siglos XIX y XX, fue un todo sistemático, planificado y orquestado desde muy variadas instancias y no estuvo solo en manos católicas y, quizá, sean las menos en países que se presumen y asumen de mayoría no católica como Canadá o Australia, que sistemáticamente planificaron extirpar a los indígenas –y hoy lo reconocen, no sin debates– registrándose peores crímenes de exterminio no solo en manos católicas. Y ¡ojo!, evítese el oportunista cinismo de aprovecharse con argumento barato para lavarle la cara al imperialismo español de los siglos XVI al XVIII. El tema de trocar identidades también y por mucho, acaeció en la América española, aunque el rey dictara leyes protectoras, por si se apela a invocarlo, como sucede.

Es muy meritoria la visita del papa Francisco que califica como peregrinaje de penitencia. Pues yo lo celebro. Da la cara por los que no lo hicieron. Pudieron o debiendo. Y quede perfectamente claro: hacerlo no exime a nadie de su responsabilidad. Este viaje no es como los de Juan Pablo II de orar y retirarse. Fue a pedir perdón, no obstante que sus opositores lo califiquen de insuficiente o innecesario. Es un gesto valioso y valiente y que lo haga el Vicario de Cristo in situ, más. Podía ser absolutamente indiferente, callar como tantos y mirar hacia a otro lado, como otros prefieren para evadir los grandes temas debatibles que aquejan a la Iglesia católica. Pero ahí lo tiene, en persona, escuchando y hablando, que también cuenta hacerlo. El simbolismo también es digno de remarcarse. Y es vergonzante que haya católicos que deploren su actuar. Ya se ve de qué pie cojean. Y en efecto, que se esclarezca ese genocidio velado como corresponde a las autoridades canadienses y a las instituciones religiosas involucradas, más les valdría cooperar.

Mirando al firmamento. Si la meta es la Luna –entre regresar a ella, posicionarse, buscar agua allí y servirse de tal como lanzadera de operaciones dentro y fuera de nuestro sistema solar o apropiársela– y a ello dirigen sus esfuerzos todas las potencias espaciales, ergo, igual sus rivalidades se extienden al hiperespacio –por no llamarlas extraterrestres– y no están exentas de ríspidas conductas acompañando al legítimo deseo de ampliar los conocimientos científicos y capacidades tecnológicas de la Humanidad, al tiempo que los intereses geopolíticos también avizoran confrontaciones que supondrían una escalada inusitada, pero real, que ya anticipa suceder también en esas latitudes. De ocurrir, espere usted verdaderas tragedias allende nuestra atmósfera, como un factor más que fatal en cualquier acción violenta entre adversarios, allá arriba. La desgreñada entre potencias en la exósfera y demás, sería peor que adentro.

De forma que las potencias de suyo, rivalizan también en la carrera espacial, como de consuno ha sucedido desde el primer día en que inició y, desde luego, no escatiman esfuerzos en forma alguna para ir a la delantera y sacar ventaja del oponente. No es suficiente ir a la delantera, se requiere también de lo otro.

Los proyectos para regresar a la Luna son muy interesantes. Tanto como las extraordinarias fotografías que ha revelado el telescopio James Webb, que nos dejan alucinados por la belleza intergaláctica que nos rodea. Las preguntas candorosas son si Luna será terreno propicio para una hostilidad armígera entre potencias que la niegan y si las señales que se afirma captadas en semanas recientes, no serán de una civilización que coma terrícolas o no. A estas alturas, no sea que se materialice lo de quien busca, encuentra. A ver si de tanto buscar, no acabamos hallando a unos peores que nosotros. No nos servirán de nada ni el Webb ni el anunciado Xuntian frente al vetusto Hubble, para verlos venir si nos cogen divididos.

De momento, apremia el antagonismo en que mudó la competencia por contar con una estación espacial pasando de la internacional a una propia. Que Rusia, sea o no en el marco ucraniano, decida dejar la EEI apostando por la suya, mientras China hace rato que la mandó al Diablo, construyendo una para sí, delata que no todo es ni cooperación ni colaboración y aflora el enfrentamiento. Como si no bastara la pretensión china de renombrar la nomenclatura astronómica. La Humanidad continúa mostrando inquina y bajeza, división y confrontación, aun en la materia científica que supondríamos que sería una excelente oportunidad para unirse. Pues va a ser que no. Y surge otra interrogante: ¿no perdemos todos por esa rivalidad en un terreno tan expuesto, peligroso, vulnerable para cualquiera en primera persona, como lo es el especio exterior? Qué lástima que prime el individualismo y se pierda la magnífica ocasión de hacer algo extraordinario a un nivel excelaris suprema, por una vez en nuestra bélica existencia como especie.

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