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ORIENT EXPRESS

La operación contra la Yihad Islámica

Ricardo Ruiz de la Serna
domingo 07 de agosto de 2022, 19:52h

En la Franja de Gaza operan varias organizaciones terroristas. La más numerosa es Hamás, que gobierna el territorio desde 2007. La siguiente en importancia es la Yihad islámica Palestina. Ambas organizaciones comparten el objetivo de destruir a Israel, así como la orientación yihadista de su actividad terrorista. En este último punto, se diferencian de otros grupos terroristas históricos como Fatah y el Frente Popular para la Liberación de Palestina. Los yihadistas actúan tanto en la Franja de Gaza, controlada por Hamás, como en Cisjordania, donde gobierna la Autoridad Palestina. Todas las organizaciones compiten entre sí por captar fondos, reclutar terroristas y ganar apoyos internacionales, aunque puedan compartir objetivos. Como se ha dicho, en la Franja, Hamás tiene la responsabilidad de gobernar y lo propio le sucede a la Autoridad Palestina en Cisjordania. La Yihad Islámica, en cambio, puede dedicarse al terrorismo en los dos territorios sin tener que gobernar nada.

El martes pasado las fuerzas de seguridad israelíes detuvieron en Cisjordania a Bassam Al Saadi, jefe de la Yihad Islámica en la región e histórico huésped de las cárceles israelíes, de donde lleva entrando y saliendo unos veinte años. Esta detención ya puso en alerta a Israel porque era de esperar una represalia desde Gaza, donde la Yihad Islámica es más fuerte. Saadi estaba tratando de ampliar la base de su organización terrorista en Cisjordania y lo terminaron encontrando.

La Yihad Islámica tiene menos efectivos que Hamás, pero goza del apoyo de la República Islámica de Irán y, por lo tanto, sus hombres pueden moverse entre Damasco y Beirut, donde disponen de oficinas, y reciben fondos, entrenamiento y apoyo logístico por parte de agentes iraníes. En los últimos años, la organización ha centrado sus esfuerzos en desarrollar cohetes y misiles idóneos para alcanzar las ciudades israelíes y sortear el sistema de defensa conocido como Cúpula de Hierro, que hace estallar los misiles en el aire antes de que lleguen a sus objetivos.

La detención de Al Saadi en Yenín fue el preludio de la Operación Amanecer.

Según revelaron las fuerzas de seguridad israelíes, el viernes pasado dispusieron de información de inteligencia según la cual la Yihad estaba preparando atentados contra civiles y militares israelíes mediante misiles antitanque guiados. Ante el peligro cierto e inminente, Israel ha decidido llevar la iniciativa contra la infraestructura de la Yihad Islámica en Gaza. El viernes pasado las Fuerzas de Defensa de Israel mataron en una incursión aérea a Taysir Yabari, jefe de la Yihad en el norte de la Franja, y el sábado acabaron en otra con Khaled Mansour, jefe de la organización en la zona sur. En dos días, pues, la Yihad Islámica ha quedado descabezada en la Franja. Por supuesto, la organización ha respondido lanzando centenares de misiles contra ciudades israelíes (Tel Aviv, Sderot, Ashdod, Ashkelón). Algunos de los proyectiles de la Yihad se quedaron cortos y cayeron sobre la propia Franja de Gaza. La mayoría no han llegado a impactar porque la Cúpula de Hierro los ha neutralizado.

Hasta el momento, Hamás no ha intervenido para apoyar a la Yihad Islámica. Las muertes de Yabari y de Mansour abren ahora un escenario de cierto desorden en la organización controlada por Irán. En general, la muerte de los líderes terroristas siembra el temor a delatores e informadores y el miedo a ser el siguiente en la lista de objetivos israelíes. Por otro lado, la destrucción de los arsenales y los polvorines, que los terroristas emplazan en edificios civiles, supone que, a corto plazo, sus capacidades se verán algo mermadas. El descontento de la población de Gaza, que sufre como rehén de las organizaciones terroristas, podría ir en aumento si se culpase a la Yihad de su propio fracaso. En este aspecto, Hamás dispone de un aparato propagandístico y, en general, político muy superior al de la organización competidora. Sin embargo, hay un temor generalizado a una escalada en Gaza de modo que, al final, puede que la Yihad salve la cara.

En efecto, ha habido intentos de mediación para un alto el fuego con distintos interlocutores -se ha hablado, por ejemplo, de Catar- pero han sido los egipcios quienes, al parecer, están logrando avances hacia un alto el fuego que puede ser crucial para la Yihad Islámica. La organización ha sufrido un duro golpe. Su alto mando queda decapitado. Hamás no ha movido un dedo para ayudarlos. Israel ha demostrado que puede matar a sus jefes dondequiera que estén. El periodista Barak Ravid informaba en Twitter de cómo valoraba la operación Ronen Bar, director del Shin Bet (el servicio de inteligencia y seguridad interior de Israel). Según Ravid, “la operación de Gaza había alcanzado más objetivos de los previstos e influirá en otros escenarios de la región. Dijo que la operación consiguió crear una separación entre Hamás y la Yihad Islámica, que es un objetivo estratégico de Israel”.

Desgraciadamente, la Franja de Gaza sigue en manos de organizaciones terroristas como Hamás y la Yihad Islámica, a quienes la vida de los civiles palestinos les importa bien poco. Por ejemplo, en Jabalya, al norte de la Franja, murieron seis personas; cuatro de ellas, niños. Todo parece indicar que las mató un cohete de la Yihad Islámica que cayó sobre la localidad. Ambos grupos comparten objetivos y métodos. Sus miembros se esconden entre hombres, mujeres, niños y ancianos desarmados poniéndolos en peligro. Se habla de 36 palestinos muertos y más de 300 heridos en esta operación, pero no se ha publicado cuántos de ellos eran terroristas y cuántos civiles desarmados. La distinción resulta relevante. La tragedia de Gaza es, en fin, la de un pueblo rehén de grupos terroristas que no toleran la oposición. La paz con Israel, que han alcanzado sus vecinos jordanos y egipcios, es para los terroristas una traición que se paga con la muerte.

Por ahora, el futuro de la Franja de Gaza no lo decidirán los palestinos, sino el régimen de la República Islámica de Irán. Son los ayatolás los que sostienen a la Yihad Islámica al igual que hacen en El Líbano con Hezbolá y en el Yemen con los hutíes. Se suele decir que los sunníes y los chiíes no cooperan, pero la República Islámica ha refutado ese principio. Cuando comenzó la movilización política de los chiíes libaneses y la doctrina del islam revolucionario se extendió entre los árabes, se produjo un cambio decisivo: Irán apoya a cualquier que pretenda destruir Israel ya sea chií o sunní. Por eso, no debe sorprender que Hassan Nasrallah, líder de Hezbolá, haya apoyado a la Yihad augurando que “la resistencia prevalecerá”.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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