www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

LA BÁMBOLA

Carta abierta a Joaquín Prat

Diego Medrano
x
diegomedranotelefonicanet /12/12/23
martes 23 de agosto de 2022, 19:59h

Ninguna noticia es pequeña si alguien la cuenta. La noticia-liebre saltó a las hojas volanderas en estos días pasados donde la lluvia era antigua: “El hermano de Joaquín Prat pide limosna en la calle”. Se desenredaba el bosque de adicciones, la limpia actual, la búsqueda de un trabajo y la espera repleta de esperanza, sustentada en vecinos y ángeles custodios varios de La Línea de la Concepción, Cádiz. “Estoy viviendo en la calle porque no me queda otra”, cerraba el aludido por las televisiones intermitentes, voz rota y punto.

Estimado Joaquín Prat: permíteme el tuteo, porque no andamos en época de gola ni cuello duro de porcelana, los guantes de cabritilla pesan y la capa mejor dejarla en el carruaje. “Todo lo que no se da se pierde”, dijo una santa en Calcuta, entre leprosos y amaneceres turbios. La lucha por Federico, tu hermano, es mucho más que la puesta en claro de la familia: la vida entera. Cuántas veces te has enfrentado, en directo, al albañal de Jorge Javier, a muchas otras fosas sépticas de la cadena comercial, en un periodismo serio, ciudadano, humano y comprometido. Te recuerdo emocionado con desahucios, enervado con apuros de otros, triste por injusticias callejeras, airado por el vuelo de sapos y las carreras de buitres entre el fango.

La lucha por Federico Prat, tu hermano, lo es por todos nosotros.Recuerdo ahora las lágrimas como melones de Sánchez Dragó por Torrente Malvido y su súplica a los cielos de que volviera, que todo estaba perdonado, y el deseo de verlo aquí y ahora, aún con el boceto de nuevas putadas en el horizonte físico. El bosque de las adicciones va y viene, la sombra aciaga no es eterna. Cuando Berceo visita el monasterio de Silos lo dice riendo con todo los dientes, al modo caballuno: “A estos monjes les basta al día una libra de pan y una hemina de bon vino”. Que no falte la hemina, Joaquín, ni el sable tampoco, porque todo atraco (también en lo físico) es un lifting. Somos lastre, peso, todo gran proyecto espiritual es solo dieta.

La lucha por Federico, calvo de ayuno y raso, gafas de sueños empañados, delgadez y martirio, es más importante que todo ranking televisivo. Que no falte la hemina, Joaquín, la hemina es todo. Envuelto en vaho, vapor y agua hervida por los telediarios, Federico es ya santo. Dice Raúl del Pozo: “En otros tiempos, a los héroes en sus primeras secuencias los amamantaban las lobas; ahora se hacen en los platós y los jóvenes esnifan sus cenizas”. La hipocondría de Woody Allen es una forma de talento y lo tuyo puede ser lo contrario. Los personajes de MilanKundera son hipótesis, ninguna certeza, pero los universales existen: el hambre, el amor, un mendigo en la Línea de la Concepción que es tu sangre, hermano.

Existe y existirá la juventud echada a perder, cuyas arrobas son la vitalidad y los sueños, a veces un simple abrazo como armadura y curato frente a uno mismo. Sigue el albergue de mendigos, donde se intercambian gonococos y cubatas, globo pinchado, pero también la búsqueda de la supervivencia, diminuta burbuja de magia e infancia entre el lodo pestífero. Las drogas son fantasías: no falta quien orina y cree inundar el mundo. Un padre, una madre y un hermano son generosidad y comprensión. Desde la altura de tu humanidad, Joaquín, no eres de los que pasa la cuenta, coño. La calle es muy mala: putas cotorreras y zurrapas, alquitaras de pijas y carajos, tusonas que culean en varios mapas, con más quinquenios que nadie y sin renunciar al contagio. Sacar al hombre de la ciénaga es lo prioritario para su medro. Fuera del zoco no existe el quileo ni la pelea con abanico por la esquinas (Raúl lo sabe).

Mientras hay vida, hay esperanza. Talló tu hermana Andrea a navaja en el árbol blanco de Instagram: “Mi hermano Federico es un ser maravilloso con un corazón de oro. Es y ha sido siempre querido en casa, educado, cariñoso, sensible y es, desgraciadamente, también un adicto”. Quien no tiene familia no tiene límites, advirtió la Winterson. Lo fundamental en el rosal es ahora el trasplante. Puedes salvar a tu mejor televidente con solo descolgar el teléfono, algo así como tirar un bulevar entero con el meñique. Las mejores palabras brotan como agua fresca al natural, sin envase, al saberse ellas mismas donde un día estuvieron, porque el lenguaje tiene memoria y las heridas cierran en el hogar cautivo.

“La vida es más dura que la madera de los bancos donde he dormido”, dijo Torrente Malvido en naufragios próximos a Federico, donde el agua quema y sitia como correajes sin espacio para llave ni cerradura. Federico, aún con techo, merece otra oportunidad. La mayor pureza es perder hoy la memoria para abrazar a tu hermano. No hay épica mayor que la del arrepentimiento. Puede, muchos lo dijeron, que la confianza sea un virus, sí, no exista volver a fiarse tras la cruzar la línea roja, pero hay algo mucho más importante: lo que nosotros somos en los demás. Llueve, llueve, llueve y Federico solo tiene un hogar caliente, que es su pasado junto al fuego con todos vosotros. Igual el náufrago también eres tú, porque la vida gasta mucho estas bromas, y te toca meter un mensaje en la botella vacía con destino a ti mismo. Mi admiración es rendida, Joaquín Prat, no veas en estas líneas el menor oportunismo. La mejor melancolía es la del callejón de los milagros, donde los ciegos cantan jácaras y los acordeonistas duermen la aurora de los bulevares en familia.

Diego Medrano

Escritor

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (12)    No(11)

+
0 comentarios