La presidencia negó la Puerta Grande a Leo Valadez. ¿Para qué sirven 25 años calentando el asiento del palco? Para repartir las orejas según su buena voluntad. Los criterios son volátiles o sea no son. Se da y se quita sin razón. Esta penúltima tarde de la Feria, el ruedo queda a disposición de los diestros Antonio Ferrera, José Garrido y Leo Valadez y del ganado de Santiago Domecq. Los toros, con cinco o seis años acuestas fueron exigentes, dos de ellos (4º, 6ºbis) carecían de fondo.
Antonio Ferrera hizo lances limpios al toro levantado, abrochados con una verónica de gran vuelo y exquisito trazo. Prosigue con delantales para poner a Despierto (1º) en suerte. José Garrido veroniquea al astado al hacer el quite. José Chacón bregó con suavidad, pero al recibir los pares de Javier Valdeoro y Alberto Carretero el astado se resbalaba. La faena seria. Un gran despliegue de sabiduría. Unos pases de ajuste no fueron argumentos de peso para que el bicho permaneciese en los medios. Éste, poco a poco, desplaza la faena hacia las tablas. Se levantan molestas rachas de viento. El toro, falto de fuerza, sigue sumando resbalones. La serie soberbia con la derecha de pies juntos es seguida por otra de tres pases al natural prodigiosos. Muleta al hombro, comienza la otra. Se intercalan unos pases artísticos por la espalda para cambiar al toro de terreno. ¿Tendrán un nombre? No lo conozco, pero una solución estéticamente impecable. Igual que unos circulares que pararon las agujas del reloj. La estocada arrancando, entera y algo delantera, nada censurable en esta suerte. Un fuerte golpe de pitón en el brazo. Pero la petición no fue atendida. La faena lograda y llena de matices se queda sin premio. Aplaudido el astado en el arrastre. Una vuelta al ruedo.
Puntero (4º), como diría Rafael el Gallo, tenía “mucha química”. El ojo perdiz se plantó en los medios para escarbar. Al tercer lance se paró. La cuadrilla se destacó en el tercio de banderillas. Javier Valdeoro se vio en peligro y José Chacón hizo un quite a cuerpo limpio para sacarlo del aprieto. Antonio Ferrera se dispone a muletear. Complicado el bicho, de embestida quebrada, anda sin son, cabecea y protesta. A la defensiva. Pierde las manos y clava los pitones. Frente al repertorio de tarascadas, el diestro se impuso, ordenó las embestidas y dejó series logradas por ambos pitones. Un volapié al toro aplomado. La estocada entera.
José Garrido lanceó muy bien a Peleador (2º). El chorreado tomó las varas de Aitor Sánchez voluntarioso, subiendo hasta el estribo al caballo en el primer encuentro. Ovación para el varilarguero. El quite de Valadez de chicuelinas y revolera de remate, luciendo el vuelo de la capa. La faena se planteó en los tercios, pero el toro acusa el cansancio, posiblemente por su desgaste en varas, pero colabora para sacar la segunda serie redonda. Se desperdicia el ligazón con el cambio de mano. Remata por abajo con mucho arte. Dominador, de pies firmes, exigiendo al morlaco. Muy buena obra con la muleta, ceñida, variada, no se completó con el acertado manejo del acero. Una ovación.
Contento (5º) veloz, se estrella contra el burladero. Ovacionados los lances por verónica de José Garrido y el quite entre las varas por chicuelinas, respondido por Leo Valadez. Javier Ambel saludó por parear. Garrido hinca la rodilla para torear con pases altos. Discutida eficacia, pero mucho lucimiento. Las series salen largas y templadas, alargando los pases hasta los redondos. El astado sigue con fijeza el engaño. Rematada la obra con pases a pies juntos y un hondo pinchazo. Un aviso. El diestro evita el uso del descabello. Una ovación.
Cotorrito (3º) de seis años cumplidos, fue recibido por unas caleserinas, citando con el oro del capote, y rematado con una larga. De misma manera, pone al toro en suerte y hace el quite por zapopinas que dejaron helados al público: el toro pasaba veloz rozando con los pitones al diestro. Los pases genuflexos embarcan la embestida. Las series se acoplan, compuestas de pases largos y de destacada traza. El toro tiene las mejores condiciones de la tarde. Fuerte el toro, sigue la muleta de Valadez prendido de sus vuelos. Una faena completa, que revela al joven torero como un torero clásico, capaz de adornarse también: las manoletinas de rodillas levantaron al público de los asientos. Una estocada de precisión geométrica. Petición. Una oreja. El presidente no considera oportuno abrir la Puerta Grande a Leo Valadez. Esperemos que las razones hayan sido de peso.
Silbaclaro (6º) no pudo seguir la lidia por sus mermadas facultades. Salió el sobrero Imaginario (6ºbis). Si lo hubieran guardado para Madrid levantaría furor en una plaza que sueña con el uro. El toro de cincuenta arrobas no se empleó con el jaco y optó por la vía más prudente: aquerenciarse en las tablas. Leo Valadez no se amilanó e intentó buscar la embestida, donde sólo encontró los ademanes de defensa. El marrajo, enconado de sangres y corneador, concedía cada pases a regañadientes. El volapié de ley ejecutado al toro aplomado, hundiendo el acero entre las agujas.