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TRIBUNA

Más pobres y menos honrados

Juan José Vijuesca
miércoles 31 de agosto de 2022, 19:43h
Actualizado el: 31/08/2022 20:01h

Lo de ser pobre, pero honrado, era una de esas máximas traídas al consenso de la moralidad existencial. Hoy en día, y por culpa de este gobierno tan impropio en ejercicio, resulta que la ecuación se invierte. Mientras Copérnico revolucionó el cosmos, no en vano descubrió que la Tierra giraba alrededor del Sol y no al revés, pues el inadecuado de Pedro Sánchez nos ha traído el principio de como rotar en torno a la pobreza estelar.

Digo lo de estelar por aquello de los cuerpos celestes que se apagan por imposibilidad de mantenerlos encendidos (léase pequeñas y medianas empresas, autónomos y fijos discontinuos, entre otros) Hasta ahora, y como antes dije, la pobreza y la honradez han ido de la mano por voluntad intrínseca, es decir, una cuestión de mala suerte traída del nacer en la indigencia o en la escasez. De manera que esta realidad nos lleva a deducir que la pobreza se retroalimenta a sí misma y como sea que el Estado es el que debe preocuparse de erradicar las penurias ajenas o cuanto menos facilitar la integración social para sobrevivir y producir, pues resulta que estos políticos de nuevo cuño, se enrocan en la gestión inversa. Cuantos más pobres más dóciles y hacer de la pobreza virtud.

No era mi intención despedir agosto con un anticipo de lo que se nos viene encima. Es de mal gusto interferir en las cuestiones personales de cada cual, ya saben, dispendio de tarjetas de crédito, gastos propios e impropios o sobrevenidos, por no hablar de los flecos escolares y la vuelta a ese mal vicio de llegar a final de mes. Ahora nos anuncian tiempos duros, muy duros, para ser exactos. Todos a una, como en Fuenteovejuna, los miembros de este gobierno monclovita se encargan de darnos el soniquete de la consigna de don Pedro. Antes ellos se quitaron la corbata. En ellas desconozco cuál fue su prenda más vulnerable para estar a la altura climática. Y con ello estos “iluminados” han demostrado al mundo que el fin de las calamidades terrenales y la desigualdad social del planeta consistía en algo tan trivial como prescindir de la famosa corbata. Tan frescos ellos y ellas.

Lo cierto es que para el 2030 no tendremos nada y seremos felices. Ese es el objetivo que se persigue: empobrecer a la población y establecer la miseria y la escasez. Lo anunció el Fondo Monetario Internacional, claro está que hay gobiernos que se están dando demasiada prisa en conseguirlo. Por ejemplo, el de Pedro Sánchez está henchido de gozo y va primero en el turf hípico europeo. De esta guisa no cabe atribuir solo a la casualidad que muchas de las maldades sean originadas por la mano del hombre al servicio de oscuros intereses para cargarse nuestro modelo de bienestar, eso sí, todo ello confabulado para hacernos sentir culpables de comer carne en vez de lombrices, de utilizar el aire acondicionado en lugar del abanico, y el no aplaudir las constantes subidas de impuestos que nos crujen por decisión de don Pedro y sus acólitos.

Con estos mimbres será más difícil conseguir que el esfuerzo de hoy esté destinado a conseguir una vida mejor el día de mañana, de tal manera que serán unos pocos afortunados los que consigan llegar a la orilla de fin de mes con las constantes vitales en buen estado. Así las cosas, el ahorro de los hogares españoles se irá disolviendo al gastar más que lo que se ingresa. Llegados a este punto, sean ustedes bienvenidos a la escalada de pobreza, merced a la orquestada maniobra diseñada por ese 1% que teje la tela de araña para doblegar a la humanidad a fuerza de grandes calamidades, temores y pesimismos. Es la obra perfecta para acabar con la capacidad de un bienestar más o menos estable para dar paso a la escasez controlada por el Estado.

Siento decirles que no hay solución proverbial ni siquiera bíblica para tantos males terrenales como nos invaden. Llámenle guerra, pandemia, crisis energética o cambio climático, pero la realidad es que no todo viene por capricho de la mano de estos elementos, la muestra es que la cesta de la compra ha entrado en una espiral del “todo sube” y el plácet de nuestros esquilmados bolsillos soportan el pagar a precio del mejor ibérico los 100 gramos de judías verdes. Pero ya les digo que no todo es debido al encarecimiento de los precios de la energía.

En fin, ya verán como al final de toda esta previsible y programada desgracia existencial aún saldrá alguien diciendo que somos pobres por encima de nuestras posibilidades, mientras el despilfarro del dinero público florecerá en otoño como lo hace el abedul.

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